Hoy llueve. Desde mi ventana miro el paisaje y enseguida viene a mi memoria uno de los cuentos más célebres de Hemingway, publicado en 1925, dentro de la colección In Our Time. La historia transcurre en un hotel italiano donde una joven pareja estadounidense pasa sus vacaciones bajo una lluvia persistente. La mujer observa un gato refugiado bajo una mesa y siente un fuerte deseo de rescatarlo. Sin embargo el gato es más que un gato. La protagonista expresa una serie de deseos insatisfechos: quiere dejar crecer su cabello, tener una casa propia, una vida más estable, objetos personales y afecto. Su marido George, permanece distante y absorto en la lectura. El pequeño animal se convierte así en símbolo de una necesidad más profunda de cariño, identidad y pertenencia.
La historia tiene su base en la soledad dentro de la pareja, la necesidad de afecto y protección, la incomunicación de los protagonistas, la construcción de un hogar, el deseo de pertenencia, la búsqueda de una identidad propia.
La incomunicación en la pareja es el verdadero tema del cuento. El gato es apenas el disparador simbólico. Hay una frase de Hemingway que parece iluminar este relato: "Lo más difícil del mundo es decir verdaderamente lo que uno siente". Por eso el cuento sigue siendo actual, no habla solamente del matrimonio, habla de una experiencia universal: la sensación de que la persona que tenemos más cerca no siempre alcanza a comprender lo que necesitamos decir.
Sigue la lluvia y todo parece quedarse detenido.
Si tuviera que ubicarlo dentro de su producción diría que probablemente está entre sus diez mejores cuentos y, sin duda, entre los más elegantes y representativos en la historia de su producción temprana.
Hoy podríamos decir que nunca fue tan fácil comunicarse y tan difícil encontrarse. La soledad esencial del ser humano y las necesidades por comunicarse son un correlato de contactos breves, imágenes instantáneas. La paradoja es que nunca hablamos estando tan conectados y sin embargo, la sensación de aislamiento parece crecer. Porque podría decirse que estamos en presencia de la industrialización de la soledad, así todo se convierte en un fenómeno masivo y repetible: millones de personas interactúan al mismo tiempo, pero no necesariamente se encuentran. Las parejas se relacionan por la cantidades de seguidores en las redes, la conversación queda simplificada a comentarios y al reconocimiento del "me gusta". El resultado puede ser una compañía aparente que no siempre satisface la necesidad humana de intimidad, escucha y presencia real. Como expresa Byng-Chul Han, la hipercomunicación digital no elimina la soledad, sino que puede profundizarla al sustituir el encuentro profundo por la exposición constante.
Paró la lluvia. El gato sigue esperando.


