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Tuesday, December 01, 2009

LA MENOR DE LAS MUJERES RUBIAS

Brian Fuster la sorprendió a la pequeña del clan Hemingway y sin ningún protocolo la bombardeó a preguntas. La modelo que no tiene la belleza de Margaux ni la presencia de su madre, no es hipócrita. Cuando le preguntan sobre su bisabuelo no se calla. Como diría Borges: "eso la salva, en parte".

DREE HEMINGWAY

«De Ernest me gusta todo menos su lado oscuro»
«Mi tía Margaux fue la mujer más bella que he visto jamás», dice la bisnieta de Hemingway


Alta, delgada y pálida, pero con ese aire común a los Hemingway de haberse criado en el campo, Dree, de casi 22 años, bisnieta del escritor y Premio Nobel e hija de Mariel Hemingway. Cuenta que le encantaría llegar a conocer todos los rincones por donde piso Ernest, como ella llama a su bisabuelo. Dree no tiene el menor reparo en hablar de su familia, incluida de su tía Margaux, que se suicidó a los 41 años; pero hay algo que no está dispuesta a compartir con ellos: «su lado depresivo».


- Lo cierto es que tiene un nombre muy curioso.


- ¿Dree? Mis padres se lo inventaron. Mi madre dice que lo oyó en un sueño. Y mi padre cuenta que ése fue el primer sonido que pronunció de niño. A mí me gusta mucho mi nombre, pero no sé si me creo del todo la historia...


- ¿Dónde creció?


- En Idaho. Y un poquito en California, que es donde ahora vive mi madre. Pero desde que me mudé a Nueva York, me siento completamente neoyorquina. Es mi ciudad.


- ¿Lleva mucho tiempo en esto de la moda?


- A tiempo completo más o menos un año, pero empecé cuando era más jovencita. Luego paré para terminar mis estudios de Interpretación.


- ¿Ha hecho ya alguna película?


- Hace un año y medio participé en un filme independiente y pequeño. Fue una buena experiencia.


- Y ha elegido como nombre artístico su apellido materno, Hemingway.


- Es un apellido increíble, ¿verdad? Además, alguien tiene que llevarlo, porque no hay varones en la familia.


- ¿No le pesa un poco?


- La gente tiende a pensar que es una carga difícil de llevar, pero para mí sólo es un apellido. Por supuesto, brillante, y del que me siento orgullosa.


- ¿Hay algo que define a los Hemingway?


- No sabría decirle... No conocí a Ernest, ni creo que yo me vaya a dedicar a escribir. Sólo la idea ya me intimida. No era mala en Lengua y Literatura en el colegio pero, bueno, eso no tiene importancia. Ernest suspendió en Lengua y luego fue un gran escritor. Alguna vez he escrito un diario, pero nada serio. Creo que para escribir novela hay que tener experiencia en la vida.


- Veo que a su bisabuelo le llama Ernest...


- Así es. Me sale natural. Le admiro mucho, creo que hizo el retrato de una época, pero también que su trabajo puede resultar muy depresivo y oscuro. Ese lado no me gusta tanto. Mi obra favorita es París era una fiesta. Hace un año viví en París y fue genial haberlo leído antes.


- Así que prefiere la parte alegre.


- Exacto. Creo que si te centras en lo negativo acabas teniendo un estado de ánimo sombrío. Prefiero las novelas románticas y positivas, porque me gusta más pensar en el amor y en las cosas bonitas de la vida


-Usted ha dicho que los libros de Ernest no se los recomendaría a nadie y que incluso si tuviera que definirse por un escritor de la generación perdida su voto estaría puesto en Scott Fitzgerald.


- Es verdad. A mí Ernest no me gusta.


- ¿Como se lleva con el resto de la familia?


- Los veo poco y por lo general cada uno está en sus cosas.


- Su madre, Mariel Hemingway, ha escrito un libro sobre comida sana, yoga... ¿Le sigue la pista?


- He hecho yoga, pero confieso que no lo practico con regularidad. Creo que es muy importante cuidarse y llevar una vida sana, pero también pienso que hay muchas formas de hacerlo. Mi madre es muy inteligente al defender el yoga y la comida sana. Pero yo no soy, digamos, tan sana como ella. A mí me gusta el azúcar, je, je. Por suerte, ahora soy joven y no engordo por mucho que coma, pero ya me pasará factura algún día.


- Su madre está tan bella como siempre…


- Claro… pero no tan hermosa como yo.

Friday, November 27, 2009

PHOTOHEMINGWAY 14


                                         
Al fin y al cabo éste es Ernest Miller. Al fin y al cabo el deseo de Grace Hall no fue una fantasía. El sueño de la madre protectora terminó en fotografía y ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras.
Esta cuidadora severa debió haber sido más mala que la peste. Esta ¿mujer? tuvo que haber sido capaz de asustar con su mirada y golpear con sus nudillos las cabecitas infantiles de niños temerosos.
Les pido prudencia,ustedes sabrán entender. Ernest no fue una nurse, pero...¿ y esto?

Thursday, November 19, 2009

HEMINGWAY DESPUÉS DE HEMINGWAY




La vida de Ernest Miller Hemingway fue apasionante. De toda su generación es el único escritor que se conservó en la memoria colectiva. Paradójicamente no fue un intelectual ligado a su tierra. Aventurero audaz como pocos, vivió fuera de los Estados Unidos la mayoría de sus años. Esta forma de despegarse fue una elección que le permitió crecer de golpe y tutearse con los exiliados voluntarios de París. Criticado hasta el cansancio, aprovechó su condición de víctima para levantar su propio monumento y reírse así de todos. Ernest sabía de sobra que su tarea era “cambiar” un estilo de narrativa cerrada sin modificar la idiosincrasia histórica del norteamericano. Debía para ello recurrir a un lenguaje directo, al impacto y a la atmósfera de un tiempo nuevo. Si Hemingway tiene un mérito, es el de haberse dado cuenta de esta posibilidad antes que ninguno de sus contemporáneos. Su gran obsesión fue modificar un estilo, armar su propio mercado, conquistar al público, mantenerlo atrapado y, por sobre todo, perdurar en el tiempo. Necesariamente para ello hacía falta tener una comprensión cabal del pueblo estadounidense, y Hemingway advirtió que era posible componer el personaje triunfante: traje de safari, piel curtida al sol, cartucheras, fusiles, gorros de visera, barcos, tabaco, alcohol, mujeres, escándalos, accidentes, amigos famosos, peleas con sus pares. Una cuota de pedantería, una pizca de morbosidad, un toque de atrevimiento popular, todo puesto en bandeja de oro con seducción y violencia. Así plasmó al personaje sobrador, bravucón, descalificador, sensiblero, melancólico, paranoico. Por ser un enfermo bipolar todo esto quedó como liberado y enmascarado en una “sensación artística”. Nadie iba a suponer que los desequilibrios emocionales eran propios de un paciente de cuidado; por el contrario, se lo festejaba como una locura creativa nacida de un genio. Es que no podemos negar que Hemingway haya dado en la tecla en el sentido de una sociedad exitista, y que a pesar de la marcha y contramarcha ése fuera el prototipo al que el ensayista Irving Home se refería cuando hablaba de “un prototipo cuya reputación era honrada pero inestable”.




Hemingway no quiso separar la vida privada de la pública y en su frágil juego hizo posible que siempre un titular del diario se ocupara de él. Cuando cayó en desgracia por su enfermedad, todos siguieron esperando una bravuconada más y así como el suicidio quedó como accidente, su depresión pasó como desánimo pasajero. Finalmente la historia se cerró pero inmediatamente comenzó la mística del mito. Su obra continuó leyéndose y antes que el hombre pasara al recuerdo, sus familiares se encargaron de mantenerlo vivo en la memoria. No siempre lograron el objetivo. Mary Welsh, su cuarta esposa, se encargaría de compilar un libro que se transformaría en la “marca Hemingway”: París era una fiesta. Millones de personas conocerían al norteamericano gracias a estos recuerdos de un escritor romántico en la París que nunca olvidó. Claro que también Hemingway es “El viejo y el mar”, “Adiós a las armas”, entre otras. Sin embargo, con “París era una fiesta”, la imagen seductora del americano ya muerto quedaría lacrada para siempre.




En estos días a contrapelo de la leyenda, un nieto del autor -Sean, cuyo abuela era Pauline Pfeiffer - enojado con el texto seleccionado por Mary, desafió al público hemingwayano con una nueva versión de las memorias. Mary había echado mano al texto a pesar de una carta que su esposo le había mandado al editor Charles Scribner donde le decía que “esas memorias de los años 20 no podían salir tal como estaban escritas porque no tienen final”. Para la Welsh todo estaba dicho y sin mucho pudor cortó a su gusto la historia.




Las miserias familiares no le ayudaron a Ernest. El empeñado suicidio que persiguió a su progenie, la indiferencia del propio autor, la homosexualidad de su hijo Greg, el desorganizado destino de su herencia - Mary recibió un millón de dólares y donó la cuarta parte del total para la creación del premio PEN/Hemingway Award -, los silencios de Valerie Danby-Smith - secretaria de Ernest y después de su muerte esposa de uno de sus hijos -, despertaron nuevas fantasías y traiciones. Sean Hemingway reescribe “París era una fiesta” para salvar el honor de Pauline -segunda esposa de “Hem”-, lo hace en el marco de una interna familiar porque en rigor el retoque no agrega mucho a lo publicado. En esa misma prole que no es mejor ni peor que cualquier otra están los otros nietos: Margaux, la modelo que terminaría sus días quitándose la vida como su abuelo; Mariel, dedicada a la vida sana y empeñada en filmar “París era una fiesta”; John, paseando por Pamplona y recordando las travesuras de Ernest; Lorian, comprometida con la promoción de escritores emergentes y la coordinación de Lorian Hemingway Short Story Competition; finalmente Dree, la bisnieta modelo que no se cansa de decir que leyó todo la obra de su antepasado pero que no le gusta ninguno de sus libros. Y más allá de todo esto, el peregrinar por los lugares donde Hemingway marcó su terreno: Key West, Venecia, Florencia, Chicago, Idaho, Cabo Blanco, Madrid, Biminí, Pamplona, Cuba, China, Suiza. Solamente algunos de los muchos que conoció.





Hemingway no dejó de ser Hemingway. Como los grandes escritores se multiplicó ya que ante tanta literatura chatarra sus novelas y cuentos perduran.




Ernest siempre estuvo parado al filo del abismo. En su existencia jugó repetidas veces con la muerte y no quiso que su vida terminara en calvario. Se fue para acabar su novela más querida. Dejó sus manuscritos para que muchos sigan pensando que Ernest Hemingway no ha muerto.

Thursday, November 05, 2009






PHOTOHEMINGWAY 13
Era la hija de un leñador de Minnesota. Rebelde y alocada se entrecruzó en los caminos de un tal Hemingway y un 14 de marzo de 1946, en una ceremonia civil, se casó con el escritor en Cuba.
En el libro "Papa Hemingway" de Hotchner, Ernest confiesa: "Ojalá pudiera librarme de ella pero estoy demasiado viejo para pagar un cuarto divorcio".
Esa Mary que recibió un millón de dólares después de la muerte del norteamericano, es la misma que destina la cuarta parte de la herencia para crear el Premio PEN/Hemingway Award, al mejor libro de ficción. Es la misma que un 26 de noviembre de 1986, en el Hospital St. Luke's de New York, muere en total soledad.
Atrás quedaba la bella pepinito, la Mary Welsh de París y la amante ardiente del Hotel Ritz.

Tuesday, October 27, 2009

HISTORIA DE UN ABANDONO


Giuseppe Recchia me había invitado a Italia para acompañarlo en la presentación de su libro HEMINGWAY FOR CUBA. Por un rollo familiar no pude viajar en ese recorrido que me llevaba por Torino, Venecia, Nápoles, Roma y Sicilia. La historia compartida significaba que LA PIPA DE HEMINGWAY, en soporte papel, se conociera en Europa traducida al italiano. Lamentablemente todo se frustró. Sin embargo y a pedido de Giuseppe, en tiempo record produje un video que se difundió en círculos hemingwayanos y ahora pasó al terreno médico. La producción es muy breve, no alcanza a los 5 minutos. El texto que oportunamente subí a este espacio habla sobre la última etapa de un Hemingway desconsolado. A partir de este ángulo, un grupo de facultativos holandeses trabajó con mayor profundidad la relación del enfermo y el abandono. Claro, este video les sirve como disparador porque precisamente HEMINGWAY: ABANDONO DE PERSONA intenta mostrar una serie de argumentos que bien pueden aplicarse a cualquier ser humano.



En un mail que me envía el doctor Helt Romüer, uno de los médicos que está a cargo del tema, me pregunta si conocí a Hemingway o a su esposa. Le respondí que era un niño cuando el norteamericano se suicidó y sobre Mary desgraciadamente cuando ella estuvo en Argentina yo andaba en otra cosa. Es interesante esta perspectiva porque la etapa oscura de las internaciones de Hemingway en la Clínica Mayo y la negativa a conocer el diagnóstico, más allá de tan mentado secreto médico profesional, nos permitiría resolver varios enigmas sobre el suicidio del novelista.


Romüer me cuenta que varios médicos jóvenes no conocían a Hemingway. Él mismo confiesa que ese video llegó a sus manos por casualidad, a través de un colega que escribe poesía y que comenzó a interesarse por la literatura norteamericana.


HEMINGWAY: ABANDONO DE PERSONA puede leerse en italiano en www.hemingwayforcuba.net o en castellano en esta bitácora.

Thursday, October 15, 2009

PORTADOR VIRUS “HEM” (POSITIVO)




Empiezo a creer que de tanto hablar, discutir, disertar y escribir sobre Hemingway entre los que me rodean y circulan, he generado a mi alrededor un clima que acabo de bautizar como síndrome portador virus “HEM” (positivo). Los principales síntomas de este mal son: excesiva lectura hemingwayana, abusivo consumo de ron cubano, desmedida euforia, marcada autosuficiencia y compulsivo deseo de hablar todo el tiempo del borracho norteamericano. Mi enfermedad -poco atendida- ha provocado entre todos lo que me conocen una suerte de dependencia que me genera enormes beneficios. En la última semana llegaron desde Europa tres familiares. Como todo está carísimo en el Viejo Mundo para el bolsillo que mira con nostalgia aquella época del “deme dos”, los viajeros al momento de traerme un regalito solamente pensaron en mi malestar. Por tal motivo recibí un pañuelo rojo sanfermino, dos reproducciones fotográficas de los Sanfermines de 1959 del fotógrafo Julio Ubiña, una caja de cerillas pamplonesas con el rostro de Hemingway, una agenda Moleskine italiana, un llavero con la cara del Ernest y el libro Café con Hemingway en portugués. Todas estas gratificaciones fueron acompañadas con los respectivos comentarios del caso de cómo fueron adquiridas, situación que me llevó a consumir varias copas de vino y una docena de cafés. Claro, no todo es alegría para este enfermo. Parece ser que mi último posteo El Hemingway de Zoé Valdés no le agradó a muchos de los seguidores de esta bitácora. No necesito aclarar ni justificar nada ante la escritora porque la crítica no tiene ningún ánimo de golpear a la cubana. Tampoco pretendo hacerme el sabiondo, el investigador, el especialista o demostrar ser un erudito en la vida del norteamericano. Más de una vez he dicho que soy un admirador del cuentista pero que no cuento con toda la capacidad profesional para declararme catedrático; pero permítanme dar una opinión al respecto: Zoé Valdés no necesita de mi discurso. La poeta – creo yo – escribió una crónica de un Hemingway interior. Yo hubiera preferido algo más completo. Eso es todo. El resto son especulaciones.


Vuelvo a mi enfermedad. Todo lo recibido es una hermosa demostración del afecto de mis parientes y amigos que me soportan por ser un portador del virus “HEM” positivo. Gracias por la paciencia y a brindar con Gran Añejo Vigía.

Saturday, October 03, 2009

EL HEMINGWAY DE ZOÉ VALDÉS
La revista VIVA que acompaña la edición dominical del diario Clarín del día 27 de setiembre de 2009, publica en el marco de una serie sobre Las ciudades de los grandes escritores, una crónica de la escritora cubana Zoé Valdés titulada Regocijo del Mar. Claro, se trata de una visión de Ernest Hemingway en La Habana.
La poeta y narradora nos habla de “su” Hemingway. De un Ernest sublimado, internalizado, de un Papa construido a través de sus lecturas adolescentes. Valdés hace un análisis acotado con aportes de guía turística que si bien informa al lector, no muestra al verdadero escritor norteamericano. Es que la vida del cuentista en La Habana fue muy rica. No quedó como un hombre inadvertido. El “Mister Hemingway” es un sello para los cubanos y no hay persona que al sólo nombrárselo no diga algo sobre el estadounidense.


En todo el trabajo hay escasa referencia al verdadero motivo de porque Hemingway eligió la isla para quedarse a vivir. Muchos especialistas coinciden en que Ernest encontró en Cuba un lugar económico donde instalarse, sumando además el placer de poder pescar y deambular como aventurero. Un dato no menor es que el novelista pasó todo su período caribeño en la época pre-castrista. Situación que le permitió encontrarse con una Cuba muy diferente a la de Zoé Valdés.
La escritora nos relata sus lecturas hemingwayanas en los años setenta y también dice que: “confieso que amé la escritura de Hemingway, aunque también me fui desencantando de ella en la medida en que leí a otros escritores”. Zoé en su narración no habla de La Bodeguita del Medio, de El Ciro’s, de El Rancho’s, de La Casa Real del Palacio de la Cerveza Hatuey, del Hotel Sevilla; no nos dice nada de los hoteles de la mafia -El Nacional, El Deauville, El Comodoro, El Capri, El Habana Hilton-, de la relación de Hemingway con los intelectuales cubanos, de su mayordomo René Villarreal, de su chofer Juan Pastor, de su capitán Gregorio Fuentes, de su médico, José Luis Herrera Sotolongo, del Club de Cazadores del Cerro, del Vedado Tennis Club. Tampoco la autora expone mucho sobre Finca Vigía, el equipo de béisbol, las riñas de gallos, La Terraza en Cojímar, sus perros y gatos. En fin, muchos detalles que no se descubren y que lo mostrarían al auténtico Hemingway. Zoé advierte que “sus intereses estaban bien marcados y claros: la escritura, el mar, la naturaleza, la pesca, por último lo cubano, más que el cubano”.

A esta altura Regocijo del mar sobrevuela la confesión juvenil de la poeta y no deja otra cosa que la idea de un trabajo por encargo. Zoé, nacida en La Habana en 1959, abandonó la isla en 1995 para radicarse en Francia y hoy es una de las mayores disidentes del castrismo. Su mirada sobre Hemingway es muy lineal. Trata de hacernos entender y contagiar esa fascinación por los olores, el mar, la mística del puerto y las calles de su ciudad amada. Lo logra, pero queda pendiente el retrato de Hemingway del que poco dijo.