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Friday, July 22, 2011

SI TE GUSTA NO ME GUSTA





Canadá tiene una significación especial en la vida de Hemingway. De hecho el inicio de su carrera periodística está ligada con ese país. Pero como en todas las cosas de Ernest y sobre su aventurado trajinar, uno va descubriendo el juego de las comparaciones y el placer por ciertos gustos que el norteamericano fue adquiriendo de manera informal , cotidiana y doméstica. Hemingway nunca fue poeta. Acaso sus composiciones tengan una relación tardía con algunos de sus admirados maestros. Ernest, sin embargo, unió palabras y dejó plasmado sobre el papel algunos textos discutibles que prefiero sean analizados por expertos conocedores.

El poeta y traductor argentino Gerardo Gambolini, ha llevado al castellano dos esclarecedores poemas de Hemingway que particularmente a los investigadores nos permiten echar una mirada sumamente interesante sobre la personalidad del novelista. Me gustan los canadienses y Me gustan los americanos tienen un clima particular, son pinceladas llenas de vivencias que aparecen como una crónica detallada. Uno va armando el rompecabezas literario y descubre al Hemingway callejero, amante del boxeo y las carreras de cabellos, al que se burla de las costumbres y al que critica el sistema. Un Hemingway a la medida y al mejor precio.
Ustedes me dirán si estoy en lo cierto.



Me gustan los canadienses

Me gustan los canadienses.


Son tan distintos de los americanos.


Se van a casa a la noche.


Sus cigarrillos no huelen mal.


Sus sombreros les quedan bien.


Creen de verdad que ganaron la guerra.


No creen en la Literatura.


Piensan que el Arte se ha exagerado.


Pero son geniales con los patines.


Alguno son muy ricos.


Pero cuando son ricos compran más caballos


que automóviles.


Chicago llama a Toronto una ciudad puritana.


Pero el boxeo y las carreras de caballos


son ilegales en Chicago.


Nadie trabaja los domingos.


Nadie.


Eso a mí no me enoja.


Hay sólo un Woodbine,


¿pero han estado alguna vez en Blue Bonnets? *


Si uno mata a alguien con un coche en Ontario


es probable que vaya preso.


Así que nadie lo hace.


Han habido más de 500 personas


muertas por coches en Chicago.


En lo que va del año.


Es difícil hacerse rico en Canadá.


Pero es fácil hacer dinero.


Hay demasiados salones de té.


Pero, claro, no hay cabarets.


Si uno le da a un mozo 25 centavos de propina


él dice “Gracias”.


En lugar de llamar al gorila.


Dejan que las mujeres viajen paradas en los tranvías.


Incluso si son bonitas.


Todos se apuran por llegar a casa a cenar


y a escuchar sus radios.


Son buena gente.


Me gustan.

* Woodbine Race Course, hipódromo de Toronto; Blue Bonnets Raceway, hipódromo de Montreal.






I like Canadians


I like Canadians.


They are so unlike Americans.


They go home at night.


Their cigarets don’t smell bad.


Their hats fit.


They really believe that they won the war.


They don’t believe in Literature.


They think Art has been exaggerated.


But they are wonderful on ice skates.


A few of them are very rich.


But when they are rich they buy more horses


Than motor cars.


Chicago calls Toronto a puritan town.


But both boxing and horse-racing are illegal


In Chicago.


Nobody works on Sunday.


Nobody.


That doesn’t make me mad.


There is only one Woodbine.


But were you ever at Blue Bonnets?


If you kill somebody with a motor car in Ontario


You are liable to go to jail.


So it isn’t done.


There have been over 500 people killed by motor cars


In Chicago


So far this year.


It is hard to get rich in Canada.


But it is easy to make money.


There are too many tea rooms.


But, then, there are no cabarets.


If you tip a waiter a quarter


He says “Thank you.”


Instead of calling the bouncer.


They let women stand up in the street cars.


Even if they are good-looknig.


They are all in a hurry to get home to supper


And their radio sets.


They are a fine people.


I like them.






Me gustan los americanos




Me gustan los americanos.


Son tan distintos de los canadienses.


No se toman en serio a sus policías.


Van a Montreal a beber. (1)


No a criticar.


Sostienen que ganaron la guerra.


Pero en el fondo saben que no.


Tienen mucho respeto por los ingleses.


Les gusta vivir en el exterior.


No se jactan de la forma en que se bañan.


Pero se bañan.


Tienen muy buena dentadura.


Y usan B.V.D’s todo el año. (2)


Me gustaría que no se jactaran de eso.


Tienen la segunda mejor marina del mundo.


Pero nunca lo mencionan.


Les gustaría tener de presidente a Henry Ford.


Pero no van a votarlo.


Le vieron el juego a Bill Bryan. (3)


Se cansaron de Billy Sunday. (4)


Los hombres usan cortes de pelo muy graciosos.


Son difíciles de engañar en Europa.


Han estado allí una vez.


Crearon a Barney Google, Mutt y Jeff.


y Jiggs. (5)


No cuelgan a las mujeres asesinas.


Las ponen en vodevils.


Leen el Saturday Evening Post


y creen en Santa Claus.


Cuando hacen dinero


hacen mucho dinero.


Son buena gente.


(1) “Québec rechazó [la prohibición] ya en 1919 y pasó a conocerse como el ‘sumidero’de América del Norte, pero acudían turistas en tropel a la ‘vieja Québec histórica’ y el gobierno provincial cosechó enormes ganancias de la venta de alcohol” (Canadian Encyclopedia, 2nd edn. [Edmonton: Hurtig, 1988]: 1765). Tomado de http://rpo.library.utoronto.ca/poem/942.html
(2) B.V.D’s: marca de calzoncillos.
(3) William Jennings Bryan (1860-1925), abogado y político norteamericamo que se postuló sin éxito a la presidencia de EE.UU.
(4) William Ashley Sunday (1862-1935), atleta y beisbolista norteamericano convertido en el más famoso e influyente evangelista estadounidense de las dos primeras décadas del siglo XX.
(5) personajes de tiras cómicas norteamericanas.



I like Americans


I like Americans.


They are so unlike Canadians.


They do not take their policemen seriously.


They come to Montreal to drink.


Not to criticize.


They claim they won the war.


But they know at heart that they didn’t.


They have such respect for Englishmen.


They like to live abroad.


They do not brag about how they take baths.


But they take them.


Their teeth are so good.


And they wear B.V.D.’s all the year round.


I wish they didn’t brag about it.


They have the second best navy in the world.


But they never mention it.


They would like to have Henry Ford for president.


But they will not elect him.


They saw through Bill Bryan.


They have gotten tired of Billy Sunday.


Their men have such funny hair cuts.


They are hard to suck in on Europe.


They have been there once.


They produced Barney Google, Mutt and Jeff.


And Jiggs.


They do not hang lady murderers.


They put them in vaudeville.


They read the Saturday Evening Post


And believe in Santa Claus.


When they make money


They make a lot of money.


They are fine people.

Tuesday, July 12, 2011

HEMINGWAY MURIÓ POR NEGLIGENCIA MÉDICA




Ernest Hemingway fue un gran bebedor y sufría trastorno bipolar pero, ¿podría haberse evitado su suicidio? Se cumplen 50 años de la muerte del escritor norteamericano y para recordarle, José Zepeda, periodista de Radio Nederland, habló con José María Gatti, biógrafo de Hemingway.


Señor Gatti, usted sabe que a propósito del suicidio de Hemingway se han ido creando, al igual que en otras ocasiones y con otras personalidades, una serie de leyendas que empiezan a hacer difícil saber cuál es la verdad.


Hay muchas conjeturas. En realidad el hecho consumado lo conocemos todos pero tenemos que plantearnos los hechos que se fueron dando para que Hemingway terminara tan trágicamente. Hay varios investigadores que sostenemos que, en realidad, el suicidio sólo es un dato terminal de un proceso. Consideramos que en rigor hay muchas faltas anteriores. Por ejemplo, Hemingway fue internado en la clínica Mayo, y después de aplicarle una traumática sesión de electroshock, todavía 50 años después de su muerte, la clínica Mayo no ha revelado exactamente si el tratamiento fue justificado o no. La segunda cuestión que tenemos que plantearnos es que Hemingway era un enfermo bipolar desde los 15 años. Tenemos que pensar que en aquella época un enfermo bipolar no era tratado como hoy en día. Se creía que era un síntoma muy especial de los creadores, estar deprimidos y estar eufóricos, que era algo consustancial al artista, pero en rigor era su bipolaridad. Esto atraviesa toda su vida, su obra y su amor. En estos momentos estoy trabajando en un proceso sobre el desamor de Hemingway y me voy encontrando con datos que efectivamente confirman esto. La gran carencia de Hemingway fue su falta de afecto y él suplanta su personalidad prepotente, bravucona, en una situación mucho más severa que yo la determino como el abandono de persona. Si leemos la historia de Hemingway desde su origen vemos que hay valores que están prácticamente descartados, como por ejemplo la muerte. Desde niño él está acostumbrado a la muerte pues desde muy pequeño el padre lo confronta con la muerte como un hecho natural. Cuando Hemingway tenía 9 años, su padre, que era médico, le obligó a acompañarlo a un parto y practicó una cesárea a una mujer, sin anestésico, delante del niño. Algo que no es muy bello para un chiquillo.


Usted dice algo que a mí me gustaría rescatar porque me parece fundamental. Desamor, lo cual es una constatación terrible. Es decir, justamente la ausencia de amor puede desembocar en esta situación. Pobrecitos aquellos que nunca han tenido amor.


También tenemos que pensar en la educación victoriana que él tuvo. El matrimonio de sus padres fue construido en base a intereses, propio de la hipocresía de la época, y no fue una situación fácil para Hemingway. De hecho él abandona el seno familiar porque tiene dos opciones: o terminar muy mal o ser él mismo. Por eso el enfrentamiento con su familia desde muy joven y la mala relación con su madre, pues incluso cuando ésta muere Hemingway no fue al velatorio. A partir de los años 50, ocurren una serie de hechos que se van sumando y marcando su vida. Un hecho clave es cuando él denota su declinación por el alcohol, se da cuenta de que no trabaja bien y después se produce su internación. Las personas que lo rodean, en realidad, no son de lo mejor, salvo el médico Herrera Sotolongo, que es el que lo sostiene permanentemente. Además existe una situación política que no debemos descartar. Estados Unidos no ve con buenos ojos que Hemingway esté en Cuba. De hecho, el embajador americano almuerza todos los miércoles con él en la residencia y le dice que tiene que abandonar la isla por orden de Eisenhower. Luego vendría el silencio que mantiene su secretaria y posterior nuera Valerie Danby-Smith, que después sería Valerie Hemingway. En sus libros, dice que ella y Mary Welsh, su cuarta y última esposa, no se dieron cuenta de que él estaba enfermo aunque lo veían mal y amenazaba permanentemente con suicidarse.




Entonces todos estos elementos, el desamor, la bipolaridad, el alcoholismo y esa relación especial con la muerte, van a juntarse para desembocar en lo que uno podría considerar un final natural.


Y lógico. Yo no soy quien para culpar a nadie pero Mary tiene una situación muy conflictiva porque la dejan prácticamente sola con él. La familia, que nunca se preocupó mucho por él, no lo acompaña en su etapa final y Mary tiene que lidiar con esa situación tan gravosa, que es la de sacarlo de la clínica e intentar buscar caminos que lo llevaran a algún proceso, pero no puede. En sus memorias es significativo cuando ella dice que una persona no le puede prohibir al dueño de la casa tener acceso a sus lugares. Esto lo dice porque Hemingway, esa madrugada fatal, tiene acceso a las llaves de la vitrina en donde se encuentran las armas y con total libertad la abre, toma su escopeta Boss y se suicida. Si hay una situación donde uno tiene que estar atento es, precisamente, en ese tipo de cuidado y yo observo que no se tomó.


¿Hubo negligencia con un enfermo?


Para mí hubo negligencia y en la clínica hubo una omisión, es decir, la clínica no hizo las cosas que tenía que hacer. Un enfermo de las características de Hemingway, lo menos que tenía que haber tenido era una vigilancia y no se observa eso. Cuando él fallece lo primero que hacen es negar la situación de suicidio y decir que fue un accidente. Los primeros cables en Sun Valley decían que el escritor había tenido un accidente y no es hasta pasadas 48 horas cuando dicen que fue un suicidio.


Señor Gatti, usted está diciendo que el suicidio de Hemingway era perfectamente evitable si se hubiesen tomado las medidas médicas que correspondían a la gravedad del caso.




Totalmente. Por eso hablo de una situación de abandono de persona que se complica con una mala resolución del informe médico. Dentro de su entorno, Valerie dice que él necesitaba ayuda médica pero que no se dio cuenta, ni ella, ni Mary, ni nadie, de que estuviera perdiendo la cabeza.


Es una situación muy paradójica que todos estos elementos negativos que se dieron a lo largo de su vida van a influir positivamente en su literatura.


Hemingway dijo que uno sólo escribe de lo que conoce y todo lo que él padece, revelado de otra manera, es lo que le ha dado la característica. Si uno relee El viejo y el mar, quizás el libro más emblemático de todos, ese es el Hemingway. Ese es el hombre que permanentemente está en la lucha por su vida y por tener una trascendencia, porque tiene que seguir persistiendo con una obra. Es la historia del destruido y el derrotado. El hombre puede ser destruido pero no derrotado, esa es una de las esencias. Y después esa gran nostalgia que él tiene con París era una fiesta, donde él dice que los mejores momentos los ha pasado en París. Y a lo largo de todo este tiempo uno se da cuenta de que como escritor de aquella generación perdida, hoy por hoy, tal vez toda esta historia de lo público y lo privado que él se encargó casi rigurosamente de mantener, ha hecho que la literatura de Hemingway, por lo menos en ciertos círculos, siga manteniéndose vigente. Para la generación de John Dos Passos y Faulkner son autores de culto y sin embargo el más popular de todos sigue siendo Ernest Hemingway.

La emisora internacional Radio Nederland de Holanda llega a más de un millón de personas de habla hispana en todo el mundo.

Friday, July 01, 2011

EL EXTRAÑO MUNDO DEL DIRECTOR DE CINE ITALIANO QUE QUERÍA SUICIDARSE COMO HEMINGWAY

                                              "Il faut (d’abord)durer"
                                          
Hace cuatro años conocí a Giuliano Rezzia. Tres meses antes había dejado la cárcel de Regina Coeli de Roma, después de cumplir una condena de 12 años por estafa reiterada. Durante su permanencia en el centro penitenciario se dedicó a leer la obra de Ernest Hemingway y a contactarse con personas que conocieran la vida del escritor. Así fue como nos vinculamos, por correo electrónico.

Rezzia es un mentiroso patológico sumamente inteligente, habla hasta por los codos y nunca escucha a su interlocutor. Mide un metro sesenta y cinco centímetros, lleva una barba descuidada y luce una cabellera canosa desprolija. Viste generalmente de negro y vale darse cuenta de su falta de aseo porque sobre los hombros de su saco siempre persiste una llovizna de caspa. Giuliano tiene un aliento alcohólico tan pesado que si uno encienda una cerilla puede llegar a volar por el aire. Debido a su inconducta higiénica, cualquiera advierte que no se ducha con regularidad. Seguramente este hábito lo carga desde su paso por la vida oscura sufrida en la reclusión carcelaria.


Rezzia dice ser periodista, redactor publicitario, guionista, escritor y cineasta. Se jacta de haber hablado en Italia con Jorge Luis Borges y relacionarse con Alberto Moravia, Italo Calvino y Jean Paul Sartre. Asegura que su mejor amigo, Gianni Vattimo, lo estimuló sinceramente cuando leyó algunas crónicas realizadas en aquellos tristes días de encierro. Giuliano me aseguró que Bernardo Bertolucci, también quedó impactado cuando conoció a través de sus escritos, la historia de su violación cometida por un grupo de internos. Rezzia relata en esos textos desgarradores, que fue sometido reiteradas veces con todo tipo de objetos y recuerda que un sublevado mientras se desarrollaba el aberrante acto, gritaba: “¿Por quién doblan las campanas?”.

Nos encontramos en la cafetería del Centro Cultural MALBA, en Buenos Aires. Él estaba en tránsito hacía Uruguay. Me llenó de elogios. Quedé sorprendido porque no era necesaria tanta estima. En el transcurso de la conversación me dijo que en dos semanas comenzaba a filmar una película sobre Hemingway y que quería incorporarme a su equipo de guionistas. Me mostró contratos, fotos de artistas, lugares donde transcurrirían las escenas principales y una lista de auspiciantes. Entre sus estrellas estaba la argentina Lola Ponce, quien cantaría el tema principal en el film. Me habló de una retribución en euros y de ser su invitado en España, Italia y Francia.

No salía de mi asombro y debo reconocer mi ingenuidad. Giuliano es un psicópata y yo un vanidoso. Combinación perfecta para un final deplorable.



Con la estrategia armada por este embaucador, me fui enredando paulatinamente en su banal proyecto. El programa de actividades que se proponía, revelaba que Rezzia estaba dispuesto a realizar una película que sería la envidia del propio Woody Allen. En el terreno de su locura llegó a solicitar la exhumación de los restos de Hemingway del Cementario de Sun Valley para trasladarlos al de Tarragona. Hasta hizo levantar una lápida con su nombre y recrear un funeral patético. Pero la historia no terminaba allí. Al elenco le dijo que su obra estaba seleccionada para participar en el Festival Internacional de Cannes y que todos estaban escogidos para asistir a la gala. Durante 3 días junto a una investigadora peruana y a un grupo de técnicos, Rezzia nos hizo vivir una aventura adolescente. Sin darnos cuenta estábamos saltando de una ciudad a otra, almorzando en restoranes famosos, hablando con editores de libros y cantando tangos hasta la madrugada. Desperté. Giuliano Rezzia es un farsante, un típico vendedor de sueños, un ladrón audaz y sin escrúpulos que había jugado con las emociones, el tiempo y el dinero de todos nosotros. Giuliano Rezzia es un film mal titulado, una porción de celuloide, un video espantoso, un láser en una mesa de saldos. Cuando la verdad tomó cuerpo ya era demasiado tarde para las lágrimas. Los bolsillos nuestros estaban vacíos y las promesas de reintegro formaban parte del guión inacabado.



El director de cine cayó en una aguda depresión. Fue repentino, inmediato. Hasta diría que Rezzia le robó a Hemingway la bipolaridad. De la euforia a la angustia en un instante. Todo se había derrumbado como la torre de naipes sobre la mesa. Nuevamente el fantasma de la estafa giraba a su alrededor. Sin dinero, solo y desesperado, quiso tomar una decisión heroica: suicidarse. Fracasó. El miedo y la cobardía le borraron la trascendencia. La que sería su última jugada terminó en estupidez. Ni la muerte voluntaria lo acompañó. La mano que apretaba el arma que dispararía el tiro final, se desvió repentinamente. La bala, en lugar de ingresar por su boca, le perforó un ojo. A Giuliano los paramédicos lo encontraron tirado en el piso, boca abajo, en medio de un mar de sangre, cuarenta minutos después que una voz desesperada había llamado a la urgencia médica.


 


Reconozco que la noticia nos impactó. El héroe maquillador de historias hasta nos había resultado simpático y seductor. Inmediatamente los participantes de esta locura cinematográfica comenzamos a comunicarnos por mail. A todos nos había herido. No perdonó a nadie. Con su charlatanería y las promesas que nunca cumpliría nos vació la cuenta bancaria. Pero ahora estaba en juego su vida. El dinero sólo sirve para cosas pequeñas. Yo recordé en medio de la tragedia, aquella historia entre Dos Passos y Hemingway, cuando por un accidente automovilístico el autor de Manhattan Transfer perdió un ojo. Ernest al conocer el drama, espetó: “Dos Passos es un bastardo y tuerto portugués con sangre negra en las venas”.

Los convidados a este juego desleal -entre los cuales me incluyo- comenzarmos a pensar si estábamos en presencia de una nueva situación armada, en el estreno de un excelente manejo emocional que Rezzia ponía en pantalla. La victimización suele ser una característica en este tipo de enfermos y los beneficios que a la larga obtienen superan cualquier cálculo especulativo. Giuliano estaba en su peor momento y ni el agua bendita lo redimía. Rezzia, como era de esperar, salvó su frustración con un parche en el ojo. Mi amiga peruana fue sumamente aguda al definirlo: “Rezzia quiere parecerse a John Ford”. Excelente mirada, aplastante conclusión. Giuliano ahora había pasado de la cobardía a la heroicidad sin medalla al mérito.

La última vez que supe de Rezzia fue en Roma, cuando visité la Comunidad de Sant’Egidio. Allí Giuliano estaba internado. El psiquiatra que lo atiende me había citado para certificar algunos datos imprecisos de su paciente. Al doctor Margot le llamaba la atención que Rezzia siempre cantara una canción que decía: Tutti mi chiamano bionda, ma bionda io non soro: porto i capella neri. Le expliqué que ese tema lo corearon Mary Welsh y Ernest Hemingway la noche anterior al suicidio del novelista. Margot también me consultó sobre una tal Adriana y Valerie. Le dije que se trataba de dos mujeres que en la vida de Hemingway tuvieron enorme importancia. También quiso saber algo más sobre eso de derrotado y destruido. Le sugerí que leyera El viejo y el mar.


No pude verlo. El psiquiatra me persuadió. No era oportuno en este momento. Le pregunté si otros lo visitaban y me dijo que dos actores españoles estuvieron la última semana y que una señora austriaca venía regularmente. Hablamos bastante, caminando por el pasillo principal de la Comunidad, el doctor Margot se permitió reflexionar: “Estos pacientes siempre tratan de echarle la culpa de su frustración a los demás, depositan todo afuera de su persona. Es como la bolsa de residuos que usted saca a la calle. Siempre lo niegan o lo subliman. Es la forma práctica de ver su pequeño mundo. La vida es un rompecabezas y uno debe aceptar las cosas como son. Rezzia termina siendo una víctima y su única salida es escaparse. En esa fuga puede estar la muerte que nos enseña que nada nos pertenece, porque las cosas, a pesar de nosotros mismos, seguirán. No hay otra alternativa que aceptar, que reconocer…”

Antes de despedirme del doctor Margot, me acerqué hasta el ventanal desde donde se veía todo el jardín. El parque solitario, rigurosamente cuidado, estaba lleno de bancos blancos vacíos. De repente me sorprendió un sonido irritante y latoso, un chirrido molesto y agudo que imponía respeto. Miré hacia el amplio pasillo y observé a un enfermero quien trasladaba en silla de ruedas a un paciente. A medida que los protagonistas avanzaban la imagen de sus cuerpos resultaba reveladora. Ya cercanos a mí, me enfrenté con la cruda realidad, con la escena que cualquier director desea filmar. Doblado, casi hecho un nudo humano, una suerte de despojo con un parche en el ojo, pasó a mi lado como una ráfaga de viento delincuente. Era el final de un relato de suspenso, el fin de un fracaso. Margot me tomó del brazo. Nuestras miradas se cruzaron. Un interminable silencio nos cortó el aliento.

Caminé pausadamente hasta la salida. En el trayecto una voluntaria se acercó con una alcancía. Me pidió ayuda para estas pobres almas. Colaboré con 50 euros.

Afuera la tarde comenzaba a despedirse como la foto instantánea de una película sin terminar.





Wednesday, June 15, 2011

HADLEY: HISTORIA DEL GRAN AMOR


Paula McLain vive en Cleveland, es profesora en el New England Collage y en la Universidad John Carroll. Tiene a su cargo la cátedra de Maestría en Poesía.

Su vida está ligada a la docencia y a la investigación. Esencialmente es una académica, aunque su pasión sea la poesía. Hace poco tiempo llegó a mis manos una obra suya que me deslumbró. Se trata de La esposa de París, un relato que recibiera las mejores críticas y el elogio del New York Observer al describir a la novela como una “historia de amor desgarradora”.
La esposa de París trata sobre el período que vivieron Ernest Hemingway y Hadley Richardson en París, cuando eran todavía unos jóvenes llenos de aventura y amantes de la vida sin mayores compromisos.
Paula va revelando la suma de afectos que marcará por siempre a Hemingway. No es fácil encontrar el lado tierno de Ernest y mucho de lo que este libro desata es precisamente la realidad de una pareja que se enfrenta a todo.
La entrevista que sigue fue realizada por Allie Baker, quien maneja uno de los mejores blog sobre el escritor norteamericano. Su bitácora El proyecto Hemingway es sumamente rica en notas y reportajes. Allie tuvo oportunidad de dialogar con Paula McLain y logró dejarnos esas ganas de meternos en la relación explosiva de Hadley y Ernest. Gracias por esta entrevista. 


AB: ¿De dónde nace tu interés por Hadley?


PM: En París era una fiesta. Al final de sus memorias, Hemingway escribe sobre Hadley: "antes hubiera querido haberme muerto que haberme enamorado de ella". Esa línea y la interpretación de su matrimonio en sus memorias, tan conmovedora y llena de pesar, me inspiró para leer las biografías sobre ella, y luego a escribir mi novela, La mujer de París, que cuenta la totalidad de su trágica historia y finalmente el amor romántico y violento desde su punto de vista. Todos los biógrafos coinciden en que Hemingway, de las cuatro esposas y las numerosas conquistas, Hadley fue quien mejor lo conoció.
Cuando los dos se encuentran en un lugar tranquilo, Hadley tiene veintiocho años de edad y es casi una solterona.
Su vida ha sido difícil, tensa por la enfermedad y la muerte. Para ella Ernest fue todo y por amor se entregó. A pesar de que no pudo dejar de estar preocupada por su atractivo para los demás, ella asumió el riesgo y se unió a él. Hemingway representó la vida y ella quiso eso.
AB: ¿Qué tipo de investigación hiciste para tu libro? (Entrevistas, documentos de archivo, consultas con biógrafos) ¿Cuál era tu tema favorito o la fuente de información para hacer esta investigación?


PM: He leído varias biografías de Hadley y Ernest Hemingway y también leí sus primeros relatos y novelas. Y obviamente París era una fiesta.
También realicé investigaciones sobre la habitación de Hemingway en la Biblioteca John F. Kennedy. Es como la iglesia de Hemingway, allí vi una pequeña habitación preciosa con algunos de sus muebles, una alfombra de piel de animal, un poco de obras de arte y efectos personales. Y, por supuesto, todo su material en forma de manuscrito, así como gran parte de su correspondencia. Fui allí expresamente para leer las cartas de Hadley a él durante su noviazgo, y escuchar su voz. Su voz es increíble - encantadora, sincera, divertida, romántica-. Ella es también abierta y creativa. Eso fue una sorpresa para mí ¿Qué es ser un buen escritor? Sus cartas son fascinantes, como era de esperar, y su voz más aún. Una de las primeras cosas que leí en el archivo fue su carta a Bill Horne (un buen amigo) diciendo que Agnes von Kurowsky había cancelado su compromiso. La carta es devastadora porque no hay ironía ni artificio, no trata de ocultar sus sentimientos. La lectura de su correspondencia íntima y ver los proyectos a mano de The Sun Also Rises, cambió mi percepción sobre Hemingway. No podía dejar de sentir compasión por él, por su complejidad y humanidad, y es entonces cuando supe que quería incluir pasajes en el libro desde su punto de vista, que los lectores pudieran identificar y comprender a él también, no sólo a Hadley. Es un retrato más complejo y, creo, más verdadero.


AB: ¿Has usado "Las Cintas Hadley", grabado por Alice Sokoloff para tu investigación? ¿Qué sentiste al escuchar la voz de Hadley?
PM: Yo no pude escuchar las cintas, por desgracia. Eso hubiera sido algo maravilloso. Pero su voz - los ritmos del habla, giros, idiosincrasias - vienen a través de la claridad excepcional en sus cartas. En su primera carta, por ejemplo, escribe, "¿Quiero fumar en la cocina? ¿Debería decir que lo hago!" Me encanta eso.
AB: ¿Tuviste que viajar para hacer la investigación? ¿A dónde fuiste?
PM: Yo estaba tan absorta en el proceso de la escritura y redacté tan rápidamente todo (alrededor de siete meses para el primer proyecto) que no podía imaginar tomarme un tiempo libre para viajar. Pero después de enviar el primer borrador a mi agente, me fui a Key West - porque realmente quería ver su casa allí y estar en un espacio que había sido suyo. Este verano voy a París y a la Rivera Francesa – voy a pasar un tiempo en Antibes, el sitio de la desintegración del matrimonio-. También voy a ir a San Sebastián y Pamplona. ¡No puedo esperar más para eso! Debido a que el libro está terminado, este viaje no será para la investigación, en sí, sino una oportunidad de conectarme más con su historia, sus experiencias, sus lugares.
AB: Yo creo que el pasar un tiempo investigando la vida de otra persona para una biografía, ya sea ficción o no ficción, hace que uno realmente viva con esa persona todo el tiempo. ¿Cómo piensas y sientes acerca de Hadley, tal como la has escrito? ¿Sientes que la conocían?
PM: Yo me sentía muy íntimamente relacionada con Hadley cuando estaba escribiendo el libro – ella estaba en mi cabeza después de todo, o en la cabeza del personaje que había construido e imaginado-. Pero la verdadera Hadley, la que conocí en las cartas y en la biografía, era muy familiar para mí. Realmente me enamoré de ella y llegué a admirar su franqueza. Ella me parece una chica muy americana - sin pretensiones, lúcida, terrenal y directa-. Ella sabe quién es, incluso cuando las cosas se vuelven emocionalmente difíciles.
La vida de Hadley transcurre a horcajadas entre dos épocas para las mujeres - el final de la era victoriana y el comienzo de la era del jazz. Esto tuvo influencias inusuales en su vida -, su madre y hermana fueron feministas ardientes y sin embargo ella optó por Ernest, un hombre de personalidad muy fuerte. Mucho se escribió sobre el maltrato de EH, la ropa raída, la forma de manejar su carrera, su ego. A veces en París estaban demasiado solos. Y, sin embargo, siento que Hadley mantuvo la calma y su propia fuerza a lo largo de relación con Ernest y después también.
AB: ¿De dónde crees tu que Hadley sacó esta fuerza?
PM: Creo que Hadley no fue una representante victoriana. Fue una mujer moderna. No era una trampa, no fue Zelda, para dar un ejemplo, o sofisticada y culta como Duff Twysden o Sara Murphy, o astuta y segura de sí misma como Pauline Pfeiffer. Ella tenía su propio tipo de fuerza y ella se las arregló para sostener su posición en su matrimonio con Hemingway, aunque no siempre se la ve de esa manera desde la distancia.
Ella tuvo su carrera y se asoció con él para promover sus ambiciones, porque lo amaba y creía que eran un equipo. Ella no quería ser el tipo de esposa madre y hermana que conocía - exigente, manteniendo el control de todo, llena de amargura, infeliz-. Ella escogió ser flexible y favorable, ya que se beneficiaba con esa elección. Con Ernest, encuentra la felicidad profunda, así como el entusiasmo por la vida, la resistencia física y la capacidad de recuperación emocional que ella no creía fuera posible.
Incluso en el desastroso final de su matrimonio, cuando Ernest se ha enamorado de Pauline y los tres se lanzan en un estancamiento emocional, Hadley nunca pierde la fe en su totalidad. Irónicamente, ella cede a sus demandas para una salida de divorcio decoroso y lo hace por devoción a él. Después de todo lo que habían pasado juntos era hermoso, ella todavía tenía fe en poder salvar el amor definitivo. Conocerlo y aprender a vivir más cerca del borde de la vida la hacía lo suficientemente fuerte para sobrevivir y ella lo hace.


AB: Tanto Hadley y Ernest se transformaron profundamente en Europa - que comenzó como una aventura de jóvenes enamorados y realmente se convirtió en experiencia juntos a través de los viajes, el arte, la sexualidad y las amistades con gente fascinante-. Algunas de las escenas de su vida en común son notables. Hadley teje ropa de bebé en una corrida de toros en Pamplona, aprenden a esquiar juntos en Shruns, ganando una vaca por el consumo de cerveza en un concurso en Alemania, apostando a un caballo, haciendo senderismo y practicando pesca, en realidad eran socios por un rato. Al mismo tiempo, se reunían con algunos de los artistas más influyentes del siglo 20. ¿Cuánto de este telón de fondo romántico es parte de tu historia?
PM: Estoy de acuerdo que el telón de fondo de su historia de amor es muy romántico y utilizo todo esto en mi libro con escenas ambientadas en Schruns, Chamby, Rapallo, Milán, Pamplona, Antibes, San Sebastián, viajando tanto así que, sin duda, se convirtió en parte de la estructura del matrimonio, pero también lo hizo la gente que los rodeaba -Stein, Pound, Dos Passos, Fitzgerald, el Murphys- para bien o para mal.
AB: En el fondo Hadley era tan notablemente similar a Ernest - sus madres fueron una fuerza dominante en el hogar y mucho fue el prurito de una vida alejada de sus familias-. En muchos sentidos se nutren mutuamente en el inicio del matrimonio. ¿Cuánto crees tú que ayudó Hadley en la carrera de Ernest?
PM: Hadley fue totalmente crucial para el aprendizaje de Ernest como escritor. Ella entiende lo profundo de él y debido a esto, podía Ernest confiar en ella. Handley lo ancla, le apuntala. Eran el uno para el otro.
En París, trabajó con su trabajo, hizo posible su vida, tanto económica como emocionalmente. Con la absoluta seguridad de que siempre fue libre de perseguir su genio, y con ella, al igual que con ninguna de sus esposas más tarde, estuvo a punto de hacer realidad su anhelo de una mujer que le gustara tanto que podía matar a su soledad.
AB: Cada vez que leo sobre el fin de su matrimonio estoy devastada, no tanto porque ella se quedó sin Ernest, sino porque fue muy sincera con él y su traición fue más profunda que la simplemente traición sexual. Una de las razones por la que admiro tanto a Hadley es porque parecía ser fiel a sí misma, a su propia feminidad y a sus valores, sobre todo después que Bumby nació. Gertrude Stein como Ezra Pound condenaron abiertamente la maternidad, incluso Murphy, se volvió contra ella. Tengo la sensación de que Hadley realmente se mantuvo fiel a sí misma (en parte debido a Bumby), mientras que Ernest, en cierto modo, sucumbió a "los ricos", a pesar de todas sus críticas hacia ellos. ¿Alguna vez hablaste de la traición de muchos amigos así?


PM: Ella fue relegada a la "esquina de las esposas" con Alice B. Toklas, con quien no tenía absolutamente nada en común. En el París bohemio se celebraba al artista y había muy poca paciencia por los valores burgueses como la monogamia, por ejemplo. Ese debió haber sido un ambiente difícil para Hadley desde el principio, pero más aún después de que ella se convirtió en madre. EH era cada vez más ambicioso y obsesionado con sus objetivos creativos y a pesar de echar una mirada perdida, sus intenciones originales no lo mantenían conectado a la tierra. Tenía la cabeza dada vuelta por "los ricos", como él dice en la final de París era una fiesta.
Pauline Pfeiffer, en cambio, fue más astuta y más consciente de las exigencias de la época. Es sólo de esta manera, que establece una mejor comunicación con Hemingway y este le vuelve la espalda a Hadley. Más tarde cuando ya hace otra reflexión, cuando fue entrevistada por Carlos Baker y otros biógrafos, parecía resignada y sin embargo, en ese momento, debió haber sido muy difícil y doloroso para ella. Ella no había hecho nada "malo", ella no era más que un modelo de sí misma.
AB: ¿Cómo la sientes a Pauline Pfeiffer después de escribir esta historia?
PM: Es muy difícil tener mucha compasión por Pauline. Ella estaba muy enamorada de EH, y supongo que la intensidad del sentimiento marcó su comportamiento. Tal vez creía que lo podía ayudar, pero el hecho es que traicionó a Hadley. Ella se congració con Hemingway, se convirtió en un accesorio de confianza en su vida, y luego se aprovechó de esa posición. Incluso cuando ella dormía con EH fantaseaba acerca de ser su esposa, pero nunca renunció a su pretensión de ser amiga de Hadley. Si se leen sus cartas a Hadley, en un momento son francamente patológicas. Parece necesitar del afecto y aprobación de Hadley, incluso mientras se está tratando de desentrañar el matrimonio de Hemingway. Eso es muy difícil de entender, ¿no te parece?


AB: ¿Cómo se te ocurrió el título?
PM: El título de mi novela, The Good Great Place, proviene de un cuento de Henry James, que era el escritor favorito de Hadley. Ahora que el libro está listo, el título ha cambiado a La esposa de París, que los editores Ballantine y Random House prefieren. Desde la distancia, Hadley fue simplemente “la esposa de París”, “la esposa de…” Hadley fue fundamental para el resto de la vida y carrera de Hemingway. Él no podría haber hecho nada como escritor sin su influencia.
AB: Uno de los grandes problemas en el matrimonio de Hadley y Ernest fue la pérdida de sus manuscritos en un tren de París a Lausana. Gioia Diliberto lo describe como "el principio del fin" de su matrimonio porque era algo que realmente nunca Ernest le perdonó ¿Crees que esto es cierto?
PM: Yo creo que no la perdonó nunca realmente porque él no podía entender un tema crucial. La lealtad para Hemingway era más importante que cualquier otra cosa y cuando Hadley perdió los manuscritos, introdujo la idea de que tal vez no se podía confiar en ella. No es que él creía que fue de manera deliberada o con la intención de sabotear su carrera en una forma de represalia, como algunos críticos y biógrafos han sugerido, pero que al dejar la maleta con sus manuscritos sin vigilancia en el tren, mostró su incapacidad para comprender su valor. En un momento le repitió a ella lo que el pintor Mike Strater le dijo en respuesta a la pérdida: “nadie que hace algo con toda su alma puede dejar una la maleta en el tren. Porque sabe lo que significa”.
AB: ¿Cómo crees que el fin del matrimonio con Hadley afectó a Ernest a lo largo de su vida?
PM: Creo que él amó a Hadley por el resto de su vida. En París era una fiesta, su matrimonio lo representa con una ternura casi religiosa. Dice por qué persiste ella en su corazón y que su conciencia era su fuerza de carácter, que sigue siendo un tipo de mujer ideal para él. Más tarde llegó a odiar a Pauline por su manipulación con él y el resentimiento a sí mismo por ceder al manejo. Nunca sintió lo mismo de las mujeres después de este giro de los acontecimientos. Es como si él perdió su fe en ellas, pero con Hadley se mantuvo sin mancha.
AB: Ernest y Hadley siguieron siendo amigos por el resto de sus vidas, pero esto no fue así para Pauline y Marta. Hadley parecía en algunos aspectos que el fin de su matrimonio la aliviaba aunque Ernest describe todo como muy complicado. ¿Has encontrado algo en tu investigación para apoyar esto? ¿Qué aprendió Hadley sobre la vida con Paul Mowrer?
PM: Principalmente que era sencillo y bueno. Paul no parecía ser remotamente tan complicado como EH, y creo que Hadley había encontrado en esto un alivio. Ella le dijo una vez a Alicia Sokoloff que no estaba segura de que podría haber "mantenido" con Ernest su matrimonio de haber seguido con él. Todos los viajes y las pruebas de resistencia física eran estimulantes, pero difíciles de mantener una vez que Bumby llegó. También creo que se refería aquí a la resistencia emocional. EH no era una persona fácil de amar de manera inequívoca. Se requiere un gran acuerdo y las demandas aumentaban con sus ambiciones profesionales.
AB: ¿Crees que tu libro tendrá un impacto por el interés hacia Hemingway? Estoy segura que los lectores quieren saber mucho más acerca de Hadley, pero ¿cómo estimas que afectará tu libro a los lectores apasionados por Ernest?
PM: Espero que mi novela reviva el interés por Hemingway. Creo que el tiempo sin duda madura todo. Hubo mucha atención cuando Sean Hemingway publicó la edición restaurada de París era una fiesta el año pasado, lo que me hace creer que Ernest al público lector en general, le sigue siendo muy interesante. ¿Cómo no serlo? Me he tomado un tiempo de licencia creativa escribiendo varios capítulos desde el punto de vista de EH para tratar de llegar a su conciencia y responder a preguntas tales ¿Cómo pudo haber engañado a Hadley? ¿Qué estaba pensando? Él era una persona increíblemente compleja, pero llegó a tener mucha compasión por él mismo. Espero que los lectores lo adviertan. También espero que el libro genere interés real y la apreciación de Hadley. No me puedo imaginar que los lectores no se identifiquen con ella. Era simplemente una mujer increíble..


AB: Creo que la maternidad le dio Hadley mucha confianza en sí misma. ¿Cuál fue la vida de Bumby después de salir de París?
PM: Bumby dijo que cuando Hadley quedó embarazada había encontrado por fin lo que estaba destinada a ser. La maternidad le dio un propósito claro y una confianza en su papel en el matrimonio. Ella fue el corazón de esa familia. Nada funcionaba sin ella. Cuando su matrimonio estaba en crisis, Hadley se sintió muy deprimida por un tiempo y se preguntó si tendría el corazón y la fortaleza de seguir adelante sola con Bumby. Y, sin embargo, se encontró con mucha fuerza interior. Ella fue capaz de seguir y tuvo mucha más suerte en el amor y la felicidad que Ernest.
Después que EH la dejó por Pauline, Hadley y Bumby fueron a los EE.UU. durante algunos meses, y luego de vuelta a París, se convirtió íntimamente involucrada con el periodista Pablo Mowrer, con quien después se casó. En 1933, los dos se trasladaron con Bumby a Chicago, donde Pablo tuvo un trabajo en el Daily News. Pablo tenía hijos de un matrimonio anterior, pero parecía mucho más feliz con Bumby y dichoso de tenerlo en su lado. Después de varios años en Chicago, Bumby - ahora Jack - se fue a un internado en Nueva York y luego a Dartmouth. Antes de graduarse, sin embargo, se alistó en el ejército en 1942.
A pesar de todo Bumby vivía con su madre y Pablo. Sin embargo pasaba los veranos con su padre. Pablo y sus hermanos preferían Cayo Hueso y otros lugares. Con el tiempo se convirtió en escritor y pescador con mosca. Sin duda la influencia de su padre determinó mucho en su vida.
AB: Muchas gracias Paula.
 

Friday, June 03, 2011

ENTRE HEMINGWAY, BORGES, DESMOES Y GUTIÉRREZ ALEA

Gracias al comentario del amigo Oznes, respecto del antiguo post BORGES: DESCUBRISTE LA VIDA TARDE, me reencuentro con la obra de Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo y el recuerdo de la película que Tomás Gutiérrez Alea realizó en 1968.

Oznes señala: Días o meses después el fortachón Hemingway, famoso por escribir guiones (¿novelas?) terriblemente largos, sobre búfalos que segregan ríos de adrenalina, partisanos de una España fracasada en la Guerra civil y pescadores megalómanos, recibiría 7 shocks eléctricos por semana, para curar su depresión, hasta terminar dándose un tiro en la boca, con la misma infeliz mano que escribió "mierda", refiriéndose al oro de alquimia llamada Borges. Cito al gran escritor cubano Desnoes: “cuando Hemingway, se consiguió un esclavito cubano para que lo sirviera "...Cuba nunca le interesó nada, simplemente se consiguió su isla tropical en el Caribe, el explorador y cundalinga, el gran señor y su esclavo negro, Hemingway debió ser una persona insoportable”.


Me da la sensación que Oznes mezcla un poco las cosas. El promocionado entredicho entre Borges y Hemingway es una suerte de pelea barata que no pasa de la provocación casi adolescente entre dos grandes de la literatura. Hemingway siempre tuvo en claro que su estilo provocador le daba buen resultado. Esa forma degradadora de actuar formó parte de una arquitectura que le sirvió al escritor para que hablaran en todo momento sobre él. Para Borges la obra de Hemingway era una literatura de pistoleros y matones sin mayor crédito que la mirada de un centenar de señoras gordas que compraban sus libros pensado en el aventurero que sometía a sus mujeres con la mirada y las rendía de un cachetazo. Hasta se atrevió a decir el argentino que las historietas mal guionadas terminaban siempre en los baños públicos como papel sanitario.


El lenguaje periodístico de Ernest no le interesaba mucho a Borges, lo descalificaba y en cierta medida lo entendía como escritura menor, pero debe tenerse en cuenta que los dardos envenenados de Georgie siempre se dirigieron hacia sus novelas y no a los relatos cortos. Esto es significativo porque allí en donde Borges no lo golpea al norteamericano hasta dejarlo en al suelo.

Hemingway por su parte criticaba del argentino la forma de vida casi secreta que llevaba Borges. No se lo puede imaginar a Borges rodeado de borrachos o pescando merlines en el mar, como tampoco a Hemingway saludando respetuosamente a una dama de la sociedad. Eran el agua y el aceite. Por lo tanto, estamos en una ida y vuelta que se parece más a un sketch armado que a una crítica despiadada. Seguir insistiendo con la discusión es una tontería. En lo personal toda esta puesta en escena la tomo como un juego de vanidades que solo sirve para la anécdota. Ahora bien, Oznes nos lleva hasta Desnoes y al “esclavito cubano”. Desnoes dice en el prólogo de su novela: "De Baroja, y no de Hemingway, aprendí a escribir con desnudo cuchillo de dos filos. Y de Antonio Machado a rechazar el ampuloso barroco de lo real maravilloso". Me viene a la memoria el recuerdo de esta obra y las palabras del su autor: "Si la sombra de alguna novela está detrás de Memorias... es El extranjero, de Camus. El personaje es una suerte de extranjero en la Revolución. Como extranjeros somos todos en el mundo; todos estamos de paso", señaló en una ocasión. Traigo entonces a Albert Camus y un pasaje de la novela: “Nos acomodamos ambos en los sillones. Comenzó el interrogatorio. Me dijo en primer término que me describía como un carácter taciturno y reservado y quiso saber cuál era mi opinión. Respondí: 'Nunca tengo gran cosa que decir. Por eso me callo'”. Esta última expresión parece tener el mismo sentido que la acuñada por Hemingway: “Dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”. Y eso es tal vez lo que Desnoes no hace. El escritor pone en boca de Sergio un marcado resabio de resentimiento.


La obra del cubano comienza así: “Antes de desertar, de abandonar la isla y venir a vivir y morir en los United States yo había sido durante veinte años un verdadero creyente en la Revolución cubana, un marxista comprometido, estremecido de fervor revolucionario. ¿Cómo podía dedicarme ahora a enseñar si mi vida era un error? Creo en las devastadoras virtudes de un loser. La cultura anglosajona me ha penetrado, violado, revelado facetas de mi personalidad que hasta ahora desconocía. Soy un loser, un perdedor, y en realidad no me importa ganar, solo me interesa la intensidad de mis sentimientos. Me regodeo en la caída. La tragedia me asienta mucho mejor que el éxito. Don Quijote jamás deshizo un entuerto. Bolívar murió convencido de que había arado en el mar. Ahora y solo ahora –después de mi crueldad con las tiernas y hermosas mujeres, de mi desastrosa entrega al sueño encarnado del socialismo, de haber contribuido a la polución del ambiente, de haber escrito y hablado mierda hasta por los codos, y de contemplar en el espejo las devastaciones del tiempo en mi cuerpo ruinoso– comprendo y aprecio a fondo los humillantes pleasures of loserdom, aprecio los placeres de la perdedumbre.”

La obra de Edmundo Desnoes es una novela existencialista con un corte de monólogo interior lleno de recuerdos y frustraciones. Cuando Tomás Gutiérrez Alea decide llevarla a la pantalla sabe perfectamente que está adaptando la vida de un burgués en decadencia que subsiste con el lamento del conformista en un contexto social que ya está enrarecido por la Revolución.


Desnoes tiene en este marco un dilema sobre ese norteamericano que se adueñó de la isla: “Tengo sentimientos encontrados. Siento amor y odio hacia Hemingway; lo admiro y al mismo tiempo me humilla. Como mi gente; es lo mismo que siento cuando pienso en Fidel, en la revolución”.


Me parece poco feliz la triangulación entre Borges, Hemingway y Desnoes. Agregaría el innecesario aporte sobre la figura de René Villarreal, eso de “esclavito cubano” tiene mucho de terminología fascista. El mayordomo de Hemingway le quedará por siempre agradecido a Ernest el haberlo integrado a su círculo. Nunca fue un esclavo, ni un sometido, al contrario, llegó a ser su hombre de confianza.


Finalmente, la película que imaginó Gutiérrez Alea termina con la fotografía melancólica de una Habana que ya parece sitiada. Esa placa intelectualizada que tiene la fuerza de la historia es la síntesis de un libro que llora la desgracia.