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Monday, May 03, 2021

HEMINGWAY INFINITO



El mundo  Ernest Hemingway es infinito. Cada día se suma una nueva publicación, una fotografía, un amigo desconocido, un investigador, un proyecto televisivo, una serie, una aventura. El sello Hemingway no se termina nunca, crece con los años, todos creen saber algo. Por eso este espacio tiene siempre más seguidores y debo agradecer la confianza.

Les quiero dejar en esta oportunidad un par de novedades que suman al conjunto de La pipa. Allá voy.

 

Sin Torneo



 En Cuba, por la pandemia, se aplazó el tradicional torneo de pesca “Ernest Hemingway” . Lamentablemente, la edición número 70, que estaba prevista desde el 31 de mayo al 5 de junio, quedó sin efecto. Este torneo, por sus características, es presencial. Debido al cuidado sanitario, la decisión fue un hecho. Hemingway ideó la competencia en 1950, desde entonces, siempre se llevo a cabo. El encuentro premia las mejores capturas de especies de pico, entre ellas, el castero (merlín azul), pez vela, aguja del pacífico, wahoo dorado y túnidos.

 

De mi abuelo

 



Según Seán Hemingway, los despachos de guerra de su abuelo “se escribieron con un nuevo estilo de reportaje que informaba al público sobre cada faceta de la guerra, especialmente, y lo más importante, sus efectos sobre el hombre, la mujer y el niño común”. Este estilo narrativo trajo a toda la sociedad norteamericana, historias de vida individuales en la guerra y ganó amplio número de lectores. Antes de la llegada de las noticias de televisión y cable, Hemingway dio presencia a los conflictos mundiales para su público lector.

Seán Hemingway, acaba de editar Hemingway on War, donde expone documentos y fotografías de la Colección Hemingway, también resalta las declaraciones de Thomas Wolff, quien expresa: “El gran trabajo de Hemingway se refiere a las secuelas de la guerra. Trata sobre lo que le sucede al alma de la guerra y cómo las personas viven esas consecuencias. El problema es que Hemingway se propuso enfrentar en historias como Soldier’s Home  la dificultad de decir la verdad sobre el pasado. El conocía su dificultad en todo eso”.

En Soldier’s Home, Howard Krebs regresa a su casa después que muchos de sus compañeros ya lo habían hecho. Estuvo ausente durante los desfiles de la victoria y no logra conectarse con su vida anterior, tampoco con su madre, quien no entiende cómo la guerra cambió a su hijo.

Nadine Gordimer también se expresa sobre Hemingway: “Hemingway en verdad nunca volvió a su casa, su exilio fue más bien por los comienzos de una conciencia humana, e hizo una elección de una de las causas en particular - de la justicia que estaba amenazada en la meca cultural de Europa”.

 

Un trabajador hemingwayano

 


Es amigo, colega, compartimos festivales del género negro y además un escritor de la ostia. Me gusta su reflexión y la comparto con ustedes.

“Me defino como una suerte de Hemingway sudamericano, no tanto por mi imagen, sino por el esfuerzo. Trabajé en una panadería, fui fletero, electricista, taxista, vendí seguros, celulares. A mí no me gusta laburar pero lo vivo con absoluta naturalidad. Es lo que hay que hacer para vivir y estaría buenísimo que los trabajos tengan más relación con lo que a uno le interesa, o un valor social, porque a nadie le gusta levantar basura. Hay que trabajar para vivir y yo trabajo de cualquier cosa, porque no me preparé mucho y porque la realidad de nuestro país es esa”.

Kike Ferrari (1972), trabaja actualmente en la estación Pasteur-Amia del Subterráneo de Buenos Aires, como personal de limpieza. Su novela Que de lejos parecen moscas (2011), fue elegida como la mejor opera prima en la Semana de Gijón y editada en Francia, México, Italia, además de Argentina.

 

El muertito de Hemingway

 



Con la tercera edición de esta novela, mi sueño estaba cumplido. Cuando los editores apostaron a un viaje por Latinoamérica para difundir la obra, la pandemia cerró las puertas del mundo y el libro quedó guardado hasta nuevo aviso. Todo hacía pensar que El muertito de Hemingway terminaría en una mesa de saldos. No fue así, un amigo hemingwayano, que sigue este blog y apuesta a la cultura, compró la mitad de edición para regalarla a sus amigos. Suena raro, pero gracias a él, la novela llegó a varios lectores que poco conocían sobre la vida de Ernest.

Hace un par de semanas, uno de  esos lectores me mandó un extenso mail, lo resumo: “Este cabrón que aparece en su novela, es un personaje despreciable. Su libro tiene agilidad, de fácil lectura, atrapa. No soy afecto a este tipo de literatura. Por mi profesión, leo todo lo relacionado con la economía. En este caso, lo leí porque mi amigo me insistió. Le quiero decir que voy a buscar libros de Hemingway para ver si cambio de opinión. Algo supe de su fama de mujeriego y golpeador, además de bebedor y amante de los toros.”

Ahora quedan algo más de treinta libros, si alguno de ustedes quiere conocer esta historia que vivió Hemingway en Cabo Blanco (Perú), en los años cincuenta, mande un correo a mi mail: josemariagatti1@gmail.com Hemingway delira.

 

La pipa de Hemingway

 


En julio de 2008, aparecía la versión física de La pipa de Hemingway. Recuerdo que muchos amigos no acostumbrados a la lectura en pantalla, me pedían “el libro como tiene que ser”. La respuesta fue una edición que reunió los primeros 237 posteos del blog. La bitácora ya había recibido el reconocimiento de Technorati, el principal buscador de blogs, por estar entre las 10 mejores de su género.

La historia comenzó el 26 de junio de 2006 y desde entonces está en pantalla. A punto de cumplir 15 años, nuevamente aparecerá una edición física que reunirá los posteos que recibieron más visitas. Por las limitaciones que impone la pandemia no puedo precisar una fecha cierta de presentación, pero será entre octubre y diciembre. El libro tendrá por título: La pipa de Hemingway. Más de lo mismo. Un desafío más.


Un recuerdo




El 4 de mayo de 1953 Ernest Hemingway obtiene el Premio Pulitzer por su novela El viejo y el mar. Al año siguiente también sería reconocido con el Premio Nobel de Literatura.

 


Wednesday, February 24, 2021

LA LEYENDA DE RUFINO TUME

 


Hace algo más de cuarenta días, el pescador miró por última vez el horizonte marino y se despidió del mundo terrenal. Atrás quedaban las aventuras, los desafíos y esa manía caprichosa de perseguir merlines en las aguas de Cabo Blanco.

Los 84 años de Rufino Tume tuvieron señales de vida que la ficción no podrá igualar. Quienes lo conocimos, supimos de su humildad, de esa forma amena de contar las cosas. Se reía de todo lo que podía ser un problema y fue una leyenda en aquella caleta donde conoció a Ernest Hemingway.

Esto es un ejemplo de cómo se puede ser feliz con tan poco. Rufino fue simplemente un pescador y ese mérito lo llevó a estar al lado de Hemingway. No hablaban de libros, editores, contratos, presentaciones, tampoco de batallas, guerras, muertes. Hablaban de cómo vivir y soñar tratando de pescar el merlín gigante.

Rufino era un hombre grande cuando lo conocí, dialogaba pausadamente, tenía una media sonrisa que le llenaba el rostro quemado por el sol y la sal marina. Cuando le pregunté sobre Ernest, fue extremadamente cauteloso, ni una palabra de más. No esperaba otra cosa, la sabiduría llega con los años y Rufino fue un sabio. Recordé aquel temor de Ernest y entendí a Tume: “Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día”.



Son todos recuerdos, algunos casi con la fragilidad de la memoria. Rufino era  muy joven cuando se subió a la embarcación “Miss Texas”, en Cabo Blanco para dirigir la travesía que Hemingway había decidido. 33 días de lucha en el mar. Ahí estaba Ernest, su esposa Mary, los colaboradores cubanos y el equipo que filmaría escenas para la película “El viejo y el mar”.

En mi libro El muertito de Hemingway, relato todo esto en detalle. Pero Rufino ahora no está. Su nieta tuvo la amabilidad de mandarme unas palabras de despedida que con gusto comparto:

“A mi abuelo le agradezco, sobre todo, los recuerdos que mi padre me cuenta y que parecen interminables. Le agradezco que haya despertado en mí la inquietud de aventurarnos al paisaje, a esas experiencias que cada vez son más inusuales. Le agradezco la familia que me dio y la imagen tan bonita de su pueblo Cabo Blanco”

Grace Tume Rojas  

No hay despedidas, solo adioses que se acercan al reencuentro. El gremio de Pescadores Artesanales de Cabo Blanco lo recuerda como el “ultimo pescador de aquella generación de los años dorados”.

Rufino se fue silenciosamente, ya no despierta a las 3 de la mañana para mirar desde el porche de su casa, como otros pescadores se adentran en el mar. Tume mantiene su mirada mientras en la mente giran escenas de batallas marinas y peces voladores.




Decía Hemingway: “Las mejores personas poseen sensibilidad para la belleza, valor para enfrentar los riesgos, disciplina para decir la verdad, capacidad para sacrificarse. Irónicamente, estas virtudes los hacen vulnerables, frecuentemente se les lastima, a veces se les destruye”.

Adiós, Rufino, los hombres sencillos son los héroes.


EL MUERTITO DE HEMINGWAY, el libro que cuenta la historia de  Ernest Hemingway en Cabo Blanco, ya lleva 3 ediciones.Está disponible en Amazon para todo el mundo. En Argentina, en cadena de librerías Cúspide. También en digital. Si tu idea es contactar conmigo, puedes hacerlo a josemariagatti1@gmail.com Hemingway delira.



Friday, January 22, 2021

LA CASA ABANDONADA DE LOS GATOS FELICES


De repente el olvido, la desolación, la tristeza de haber sido habitada por personajes de leyenda. Todo se cierra y se rinde ante un virus que logra instalarse y sacudir hasta los cimientos. La historia no cesa, no quiere ser parte de un almanaque sin pasado. Pero la realidad es una gota de saliva y la peste se esconde detrás de un tapaboca. Triste es el destino, cruel y perverso, ácido y amargo, cargado de un aire que huele a muerte y a batalla perdida. La casa está vacía. Solo los gatos sobreviven gracias a los voluntarios que le acercan la ración diaria. Así de simple y temerario.

Nadie hubiera imaginado que la mansión de Key West dejaría de ser pasión y mística. Aunque basta con mirar los números de muertos y el frío por la espalda paraliza: los fallecidos por coronavirus supera en Estados Unidos a los caídos en la Segunda Guerra Mundial.

Sin turistas de todo el mundo y con menos de la mitad de los empleados, la casa de Hemingway se cae día a día

El cierre de fronteras internacionales y la prohibición de llegada de cruceros, desde marzo, hace que todo sea un recuerdo.

 

El director de la casa-museo, Andrew Morawski, se lamenta: “Tenía diez guías, ahora tengo cuatro”. Desolado, agrega: “Pensamos seguir abiertos y nuestros gatos seguirán recibiendo todos los cuidados”. 

Los residentes extrañan el movimiento, a esos visitantes acalorados que consumían bebidas a raudales. Uno de ellos, Jack Reichenback, de 67 años, reflexiona: “Esto solía estar lleno de gente que apenas podía caminar entre la multitud y ahora no hay nadie”.


Una amiga, Martha Berman, quien me suministra estos datos, hace dos semanas estuvo en la ciudad, acompañando a dos turistas locales. “Lloré -me dice-, visité esa casa más de 20 veces, en distintos momentos y épocas, pero nunca me enfrenté con esta situación. Es muy triste ver todo paralizado”.


Los gatos mutantes caminan por toda la casa y saben que la tranquilidad es prestada. Los escasos turistas los acarician y algunos le vierten agua en lo cuencos diseminados por toda la mansión.

La casa de Hemingway no morirá, no dejará de ser ese imperio de emociones, fracasos, peleas y fiestas. Tarde o temprano llegará la nueva vida.

Es de esperar que sea pronto, antes que la leyenda se termine, aunque las cifras sean alarmantes: Florida sobrepasa el 1.6 millones de contagios desde que comenzó la pandemia.

 

"Si ganamos aquí ganamos en todas partes. El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar y odio mucho dejarlo". Ernest Hemingway



Monday, November 30, 2020

DIEGO ARMANDO HEMINGWAY Y ERNEST MILLER MARADONA




Dos genios. Dos gladiadores. Dos perfectos imperfectos. Dos únicos e irrepetibles. Con corona o sin ella. Con la estrella en la frente y estrellados. De lo humano a la leyenda. Del insulto al elogio. De las voces al grito sagrado. De la multitud a la soledad.

 

La muerte los envolvió a las seis décadas de vida. Los dos eligieron marcharse, cada uno a su manera. El nombre les pesaba demasiado. La historia ya los había guardado en la caja de cristal, tan frágil y sensible. Tenían vicios comunes y enfermedades paralelas: el alcohol, la droga, los sedantes, las mujeres, los celos, las peleas, los líderes políticos, Cuba, Italia, España, los autos, el deporte, las prostitutas, los pobres, los enfermos, la crítica al poder, la censura al Imperio, el miedo a la derrota, el desafío a la muerte.

 

No estoy delirando, no es una comparación fácil la mía. Más de un intelectual con aro de oro sobre su cabeza me va a criticar. No es posible decir tanta estupidez. Hemingway es demasiado grande al lado de ese muñequito que pateaba una pelota. Ernest era un tipo sencillo, renegaba de los “amigos del poder” y de aquellos que se le acercaban porque  buscaban un rédito. Compartía las charlas con pescadores, sus “amigos” no eran los escritores. Amaba a Joe DiMaggio, un jugador de béisbol, el más grande de la historia. Puedo seguir, pero no hace falta, cuando el apellido de uno es una voz que recorre todo el mundo, cuando en una camiseta aparece su imagen, una frase, una reflexión, esa persona deja de ser humana y se transforma en héroe, en mito, en leyenda.

 



Los dos fueron enfermos bipolares, lo digo sin miedo, una enfermedad atribuida a los genios. Del llanto a la risa, de la alegría a la depresión. Me queda una sola duda. En su final, ¿hubo abandono de persona? Hemingway estaba muerto cuando, obligado por el sistema autoritario del gobierno estadounidense, debió dejar su casa de Finca Vigía. Se mató en Idaho, porque ya no era Hemingway, sino un hombre acabado, demolido, maltratado y viviendo un mundo sin soles, sin lunas ni estrellas. Mary Welsh estaba cansada, agotada, no podía dominarlo, no sabía si un golpe la dejaría desmayada en el piso. Lo dejó en libertad y así el hombre cerró su destino.

 

Maradona había dicho que ya “no quería ser más Maradona”. Se fue despidiendo a su manera. Quería estar con sus padres. Ya las mujeres no eran una fruta madura. A sus amigos de gloria no los dejaban compartir una cerveza. El llamado “entorno” era más peligroso que toda la cocaína que había consumido. Se dejó morir. Se vistió de gitano y empezó a caminar para llegar a Fiorito, a la casa de la infancia.

 

Hay una diferencia: a Maradona lo lloró todo el mundo y sus fanáticos lo acompañaron hasta el cementerio, a Hemingway, lo despidieron muy pocas personas.

 

La vida continúa. Las emociones no se detienen. En cada uno de nosotros algo cambió. Eso pasa cuando los magos dejan de ser magos y los genios empiezan a perdurar toda la vida.

 


Monday, October 12, 2020

POSTAL DE CABO BLANCO



 La bibliografía hemingwayana no da respiro. Nada parece ensombrecer la figura de Ernest en el camino de la renovada literatura. Hemingway es un sello, una marca que tiene la vigencia y el resplandor que no decae a pesar del tiempo. Cada día nos sorprendemos con aventuras  y situaciones que nos dan la pauta que al norteamericano no se le escapaba nada. Por eso este espacio sigue teniendo vigencia, a pesar de haber transcurrido más de diez años de su inicio. 

Ahora volvamos a Cabo Blanco de la mano de un amigo.

Recuerdo que cuando me encontré con la historia de Papa en Perú, creí ser el único en lograr  una novela bio-histórica policial que levantara la aventura. Error. Ya la escritora peruana Irma del Águila, había publicado una hermosa novela (Moby Dick en Cabo Blanco/2009), donde nos contaba los entretelones de una travesía  inquietante. En ese mismo camino hoy le doy la bienvenida a una nueva obra que se presenta en sociedad. Wolfgang Stock sigue el rastro de la expedición, además de hallar numerosos indicios como documentos y fotografías. El periodista alemán entrevistó a octogenarios que todavía recuerdan a Ernest con tanta viveza como si lo hubieran visto ayer. Wolfgang Stock desempolvó algunos archivos, contactó con escritores, buscó información en artículos de periódicos y se metió de lleno en las arenas de la caleta peruana.


 
Toda esa información esta contenida en su libro Cabo Blanco Mit Ernest Hemingway in Perú, donde el autor reconstruye el viaje de un Hemingway envejecido, gobernado por sus sueños y esperanzas.

Le doy la bienvenida y espero que este esfuerzo se vea reflejado en las ventas.


YA está lista la tercera edición de EL MUERTITO DE HEMINGWAY edición latinoamericana. Disponible en Amazon.

 

Sunday, October 11, 2020

LA CUARENTENA

Después de un tiempo de receso o pausa temporal, vuelvo a encontrarme con todos los amigos hemingwayanos. Tengo muchas novedades para compartir con ustedes. Desde mañana mismo retomo esta hermosa costumbre de acercarles historias sobre el Hemingway que tanto queremos.




                 Hemingway delira.

Sunday, August 16, 2020

LOS AUTOS DE PAPA





Todos conocemos el gusto de Ernest por los toros, las armas, los safaris, la pesca, el boxeo, el  béisbol, la pelota vasca, el tiro al pichón, las riñas de gallos, el alpinismo, las carreras de caballos y las bicicletas. No escapa a esta lista su pasión por los autos, en especial, por la marca Lancia. Según los expertos, a Hemingway le gustaba el Lancia Flaminia, aunque en la mayoría de las fotos, puede vérselo arriba del B10 con el que viajó por toda Europa. Papa había comprado un Flaminia Sedan Convertible que utilizó en varias travesías por Italia.


Lancia pertenecía a la empresa matriz Fiat Group y el diseñador fue Pininfarina y Zagato. Era un auto tipo turismo. El nombre Flaminia fue tomado de la vía Flaminia que conduce de Roma a Rimini.
Como siempre, detrás del personaje aparecen relatos como aquel que Hemingway manejó un carro de bomberos, pero no dejan de ser anécdotas. Lo cierto es que Ernest se las arregló de una forma u otra para ser noticia.


Una historia real es la que protagonizó el actor y director norteamericano David Soul, en Cuba. El intérprete que se lució en la serie 70 Starsky y Hutch (1975/1979), personificando al detective Ken “Hutch” Hutchinson, quería recuperar el Chrysler New Yorker De Luxe convertible de 1955 que había pertenecido a Papa. Para gratificarse, Ernest compró la máquina fabricada a su pedido y pintada en tonos naranjo Orange y Desert Sand (Arena del desierto), que pago un precio de 4 mil dólares.



Nada es casual, David Soul amaba a Ernest desde que leyó a los 15 años El viejo y el mar. Desde entonces Cuba sería un sueño por cumplir. La primera dificultad que debió sortear el actor, fue el embargo económico con la isla, por este motivo, los ciudadanos norteamericanos no podían pisar el territorio. 




Es por eso que Soul se mudó al Reino Unido y obtuvo la ciudadanía británica. Recién entonces, con el pasaporte en la mano, viajó en 2005 a Cuba. Ya acostumbrado al ron y a las caminatas por el Malecón, el intérprete decidió volver en 2012 con un proyecto cinematográfico que lo envolvió en nuevas dificultades. Con muchas ganas perfiló una historia sobre el auto de Hemingway. Gracias al apoyo de la embajada británica y la norteamericana David, soportando las desmesuradas trabas burocráticas del sistema, decidió restaurar el vehículo.
Su buen intencionado deseo de ofrecer ayuda para conseguir los repuestos del auto, no disponibles en Cuba, terminarían en un fracaso lleno de multas.
El documental de una hora de duración, que Soul realizó, recorre el camino que seguirá el proceso de obtención de las piezas de repuesto enviadas a Cuba. Pero la historia del automóvil es rica por si sola. Cuando Hemingway ganó el Nobel decidió recompensarse comprando el auto de su sueño. 


Lo usaba en su travesía desde Finca Vigía hasta la capital. Muchas veces el escritor regresaba conduciendo borracho a la mansión. Cuando le prohibieron manejar, Ernest decidió regalarle el Chrysler a su amigo y médico José Luis Herrera Sotolongo -esto quedó registrado en su testamento-; Sotolongo se lo pasó a su hijo y éste a uno de sus primos, quien por necesidad económica se lo vendió al policía Agustín Núñez Gutiérrez. La cosa no termina ahí, Núñez Gutiérrez no estaba muy bien con la ley y repentinamente partió, en 1994, a Miami. Los rumores y leyendas urbanas dicen que el auto pasó a ser un “fantasma”: que el policía lo había enterrado, que lo había sacado secretamente de La Habana, que lo había desguazado. El misterio quedó latente por dos décadas.
La historia se aclaró cuando Eduardo Mesejo Maestre, el director del Depósito del Automóvil y del Museo del Automóvil de La Habana, confirmó que el auto estaba en el país. La entonces directora del Museo Hemingway, Ada Rosa Alfonso, ratificó la versión teniendo es su poder la documentación pertinente del vehículo: la placa VIN del Chrysler, la numeración del chasis y del motor y la póliza de seguros.
Ante la realidad, el auto fue retirado del garaje donde durmió entre sombras y goteras y fue llevado a Finca Vigía, donde vive su ocaso cerca de la piscina y del yate Pilar.




David Richard Solberg, conocido artísticamente como David Soul, después de su fracaso, comenzó a tener problemas de salud. Su adicción al alcohol lo fue minando y terminó siendo un golpeador que pagó en prisión su frustración. En enero de 2016 se lo veía en silla de ruedas, poco tiempo después debido a mala economía, debió cederle al banco su mansión de Bel Air por las deudas que no pudo soportar. A los 76 años, el rubio de Chicago, vive en una humilde casa en las afueras de Londres con su quinta esposa. Sus hijos poco lo visitan y ya nadie recuerda al espigado y seductor detective Hutch.