Search This Blog

Monday, June 28, 2021

EL DÍA FINAL

 


El 2 de julio se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Ernest Hemingway. El tiempo va dejando su huella y la vida misma nos enseña que, a veces, los hombres son tan frágiles como una copa de cristal. El texto que sigue es un fragmento de mi libro El muertito de Hemingway, publicado en 2019 y que lleva, al día de hoy, 3 ediciones agotadas. El pasaje que publico refiere al momento que Ernest toma la triste decisión de suicidarse. 


El presidente norteamericano ya tenía en marcha su plan de invasión a Cuba, con la

ayuda de las Unidades Cubanas reclutadas en Miami, para ser enviadas a Fort Knox, en

Kentucky. La estrategia consistía en destruir las bases militares de la Isla y el

desembarco de tropas. Castro sumaba lo suyo para defenderse, le había pedido a

Kruschev que no le temblara el pulso y que probara las “armas atómicas”.

      —Hoy es un buen día para festejar, ¿no te parece George?

      —Es cierto, Mary, los invito a cenar en el Christiana Bar.

      —Oyes, Papa, George nos invita.

      —Un culo, nada que festejar, él invita y pago yo.

      —Deja de ladrar, yo invito. 

      —Tú me invitas para emborracharme y después llevarte a la cama a Mary.

      —Tonterías.

      —¿Tonterías? Ella sabe que mi polla está muerta y quiere otro pene.

      —¡Basta Ernest, no quiero oír más sandeces!

      —¡Qué más quieren de mí! ¿Quieren que firme mi testamento, que les regale mis

bienes? Antes muerto…me escuchan, muerto.



        A regañadientes, Papa subió al auto de George y no habló en todo el trayecto. Ese

sábado 1 de julio, la temperatura era bajo cero y Papa, ni bien se sentó a la mesa, le

pidió a la camarera una botella de vino. Cuando la mesera descorchó el vino, Ernest

preguntó:

      —¿Esos quiénes son?

      —Dos vecinos, Mister Hemingway.

      —¡Mentira, son hienas!

      —Papa, la camarera tiene razón, son vendedores.

      —¡Cállate, inútil!

      Aquella noche Papa comenzó a cantar una canción que había aprendido de los

gondoleros de Venecia. Tutti mi chiamano bionda…ma bionda io non sono! Porta i

capelli neri!

      Mary, sorprendida, le habla desde su cuarto.

     —¡Papa ti ricordi di Venezia!

     —Eravamo giovani e forte.

     —¿Anioni di Venezia?

     —Non posso tornare indietro.

     —¿Qué haremos mañana, Papa?

     —Tal vez, salir a cazar patos o codornices. 

     —A descansar, entonces. Hasta mañana.

     —Arrivederci, amore mio.

      Mary apoyó su cabeza sobre la almohada y por un instante creyó que Papa había

comenzado a soñar. Era cierto que su bipolaridad la desorientaba, pero tenía esperanza

en reorganizar este nuevo período de Ernest.


      El doctor Cattell había sido muy preciso: “Ernest no volverá nunca a ser el que fue,

y ni él mismo sabrá quién es”. Trató en vano de dormirse y se levantó para encender un

cigarrillo. Toda la casa gozaba de silencio y el viento, algunas veces, se hacía notar con

un silbido tenue y parejo.

      Volvió a la cama y se arropó. Se quedó dormida hasta que el ruido “como un cajón

cerrándose de golpe”, la despertó. Se levantó y fue hasta la habitación de Papa. Ernest

no estaba descansando. Bajó la escalera sigilosamente y fue hasta el estudio. Nunca

pensó que se encontraría con un escenario tan dramático: Papa se había volado la tapa

de los sesos. 





      Se desplomó y comenzó a temblar. No podía ni quería incorporarse. La cabeza le

daba vueltas, el corazón le saltaba del pecho, sintió el cuello dormido y sus brazos sin

fuerza. Cerró los ojos, pero esa imagen terrible no se le borraba.

      —George, atiéndeme, es urgente.

      —¿Qué pasa, Mary?

      —Papa tuvo un accidente limpiando el arma…

      —¿Está…?

      —Fue un accidente, ven pronto.

      Colgó el auricular del teléfono y reventó en llanto. 

      —Chuck, ¡Papa se accidentó!

      —Mary, son las siete, estoy dormido.

      —Chuck Atkinson, eres mi amigo, te necesito.

      —Mary, dime…

      —Papa se disparó un tiro con la escopeta.

      —Ya voy.

      El informe policial fue poco efectivo: “Herida de bala en la cabeza producida por el

fallecido”. El sheriff dijo que la herida era “de la boca hacia arriba” y que los cañones

de la escopeta habían sido disparados por el occiso.

      La noticia no se hizo esperar: El señor Hemingway se mató accidentalmente

mientras limpiaba su arma esta mañana a las 7.30. No se ha fijado el día de los

servicios fúnebres, que serán privados. Así dijo Mary a la prensa y no habló más, pero

los cables de las distintas agencias golpeaban de otro modo.

“Sun Valley, 2 (Reuters) “Hemingway se mató accidentalmente, con su pistola”.

“Sun Valley, 2 (AP) “Hemingway se mató mientras limpiaba una escopeta, según

declaró su esposa”.

“Sun Valley, 2 (Reuters) “El jefe de policía practicará una investigación sobre la muerte

de Hemingway”.

“Sun Valley, 2 (AFP) “Las autoridades informaron que no hay duda de que fue un

accidente. No habrá investigación”.

“Sun Valley, 2 (AP) El escritor Ernest Miller Hemingway, a poco de cumplir 62 años,

se suicidó descerrajándose un tiro en la cabeza”.

      ¿Cómo comenzar de nuevo y cerrar la herida? ¿Acaso ese infierno tan temido no era

un delirio anunciado? Y otra vez la imagen de la muerte sacudiendo su memoria y

astillando el corazón. 

      Sola ante la desgracia, tratando de convencer al mundo de que Papa no se había

suicidado. 

      Cómo explicarlo si la noche anterior Ernest alegremente cantó mientras cepillaba

sus dientes. 


    


Wednesday, June 02, 2021

EL INMORAL DE HEMINGWAY

 



La pandemia vino a cambiarlo todo. No hace falta que lo remarque. Uno esperaba que la crisis no golpeara tanto, creíamos en algo momentáneo, circunstancial;  pero no, la fórmula despiadada de presentarse el virus, modificó los hábitos, las costumbres, los proyectos, las ilusiones, las vanidades, las pulsiones del éxito y la manera de decir las cosas. En determinados ambientes, la resistencia a tomar conciencia en donde estamos parados, aún hoy, después de pasar por litros de alcohol y barbijos descartables, parece un cuento de ficción. Claro, la negación es notable, actúa como un mecanismo defensivo que cubre y envuelve al temor, al fracaso, a la frase hecha: “esto pasa y volvemos a lo de antes”. Ahora… qué es lo de antes. El antes es un pasado que no regresa, es un ciclo cumplido. Sin embargo, la construcción de un leguaje empático siempre trata de bajar el dramatismo a las cosas. “Esto no es una guerra”. “Salimos con fe, esperanza y valores”. Lo escucho en la calle, en la tienda, en el café, en el banco.  En todas estas expresiones está presente la palabra “moral”. Me detengo, no sea cosa que pise mierda y se arruinen mis zapatillas blancas. Trato de no pensar, pero este caprichoso señor Hemingway me saca de la línea de conducta. Para decirlo sin tapujos: “Hemingway era un inmoral”. Ya está, parte hipócrita de la sociedad feliz y contenta con esta reflexión.





Criado en el seno de una familia victoriana y sometido al castigo de un tutor maltratador, este patotero, pedante, gruñón, misógino, golpeador, bebedor, bisexual y tantas cosas más, fue, por sobre todo, un inmoral. Acaso huyó de esa madre que manoseaba a sus alumnas cuando le impartía clases de piano, o se escapaba de ese padre que lo arrastraba a ver enfermos al borde de la muerte para que se “haga hombre”.  Tal vez lo censuraron cuando transportaba desde Cuba hacia Estados Unidos, grandes cantidades de bebidas compradas en el almacén Ripoll, cerca del Hotel Ambos Mundos de La Habana, durante la Ley Seca.  Y aquello que mataba palomas en la plaza de París, las escondía en el cochecito de su bebé y luego las cocinaba para el almuerzo. No menos cierto son sus travesuras para conseguir gasolina y lanzarse al mar buscando submarinos alemanes. Este hombre fue un inmoral con todas las letras.

“Es moral lo que hace que uno se sienta bien, inmoral lo que hace que uno se sienta mal.

Juzgadas según estos criterios morales que no trato de defender, las corridas de toros son muy morales para mí”. Hablen los que tengan ganas, dicho así parece difícil meterse en la cabeza del escritor. Voy un poco más adelante, Friedrich Nietzsche, golpea: “No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos”. Isaac Asimov, tira de la piola: “Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien”. Podría seguir y llenar páginas con frases hechas, pero la idea de esta síntesis viene a cuento porque los grandes grupos editoriales estadounidenses han comenzado a implementar “cláusulas morales” en los contratos de algunos autores y en algún caso, tomar la decisión de quitar la obra de la venta de un escritor por su conducta moral.




Hace unas semanas la editorial W.W.Norton & Company, sacó del mercado la biografía de Philip Roth, debido a las acusaciones sobre su autor, Blake Bailey, quien habría acosado y agredido a una veintena de mujeres.

La biografía del autor “Pastoral americana” será publicada nuevamente por la editorial Skyhouse que llegará a la Argentina con el sello Debate. La pregunta  y la polémica está instalada ¿Es lícito que las grandes editoriales como HarpenCollins, Penguin Random House o Simon & Schuster, le impongan a los escritores una condición contractual por la cual si llegara a surgir una conducta dudosa que no concuerde con la reputación del autor en el momento en que se firma el contrato, se habilite a extinguir el acuerdo e incluso a pedir la devolución del pago anticipado al escritor?.

Esta modalidad contractual cambia drásticamente el pacto tácito entre un editor y un autor, amparado tradicionalmente en el contenido de la obra prometida y no en el comportamiento anterior o posterior a la publicación.

¿Se imaginan esto  con la obra de Hemingway?

Los tiempos cambian, la sociedad se renueva, las normas caducan. Las cláusulas de moralidad son antiguas y otorgan un poder de censura a las editoriales; claro, no violan el derecho constitucional, pero tienen  un rasgo perverso.

Un autor crea una obra, no escribe un libro. Esa obra puede transformarse en libro,  en guión, en libro físico o digital, puede terminar en un audiolibro, en ebook y hasta ser leído en streaming. El  alcance es impensado e infinito.




¡Qué hubiera sido de Nabokov, D.H. Lawrence, Flaubert, Miller, el Marqué de Sade!, para dar solo un par de autores.

Deja tu respuesta. De nada.




 Si aún no lo leíste, todavía te queda un tiempo más de cuarentena para encontrarte con un policial bien escrito.

 Lo podés comprar por Amazon, solicitarlo a Gogol Ediciones y si te interesa autografiado, déjame un mensaje en cualquiera de las plataformas.

 Es un buen momento. No te vas a arrepentir.


Monday, May 03, 2021

HEMINGWAY INFINITO



El mundo  Ernest Hemingway es infinito. Cada día se suma una nueva publicación, una fotografía, un amigo desconocido, un investigador, un proyecto televisivo, una serie, una aventura. El sello Hemingway no se termina nunca, crece con los años, todos creen saber algo. Por eso este espacio tiene siempre más seguidores y debo agradecer la confianza.

Les quiero dejar en esta oportunidad un par de novedades que suman al conjunto de La pipa. Allá voy.

 

Sin Torneo



 En Cuba, por la pandemia, se aplazó el tradicional torneo de pesca “Ernest Hemingway” . Lamentablemente, la edición número 70, que estaba prevista desde el 31 de mayo al 5 de junio, quedó sin efecto. Este torneo, por sus características, es presencial. Debido al cuidado sanitario, la decisión fue un hecho. Hemingway ideó la competencia en 1950, desde entonces, siempre se llevo a cabo. El encuentro premia las mejores capturas de especies de pico, entre ellas, el castero (merlín azul), pez vela, aguja del pacífico, wahoo dorado y túnidos.

 

De mi abuelo

 



Según Seán Hemingway, los despachos de guerra de su abuelo “se escribieron con un nuevo estilo de reportaje que informaba al público sobre cada faceta de la guerra, especialmente, y lo más importante, sus efectos sobre el hombre, la mujer y el niño común”. Este estilo narrativo trajo a toda la sociedad norteamericana, historias de vida individuales en la guerra y ganó amplio número de lectores. Antes de la llegada de las noticias de televisión y cable, Hemingway dio presencia a los conflictos mundiales para su público lector.

Seán Hemingway, acaba de editar Hemingway on War, donde expone documentos y fotografías de la Colección Hemingway, también resalta las declaraciones de Thomas Wolff, quien expresa: “El gran trabajo de Hemingway se refiere a las secuelas de la guerra. Trata sobre lo que le sucede al alma de la guerra y cómo las personas viven esas consecuencias. El problema es que Hemingway se propuso enfrentar en historias como Soldier’s Home  la dificultad de decir la verdad sobre el pasado. El conocía su dificultad en todo eso”.

En Soldier’s Home, Howard Krebs regresa a su casa después que muchos de sus compañeros ya lo habían hecho. Estuvo ausente durante los desfiles de la victoria y no logra conectarse con su vida anterior, tampoco con su madre, quien no entiende cómo la guerra cambió a su hijo.

Nadine Gordimer también se expresa sobre Hemingway: “Hemingway en verdad nunca volvió a su casa, su exilio fue más bien por los comienzos de una conciencia humana, e hizo una elección de una de las causas en particular - de la justicia que estaba amenazada en la meca cultural de Europa”.

 

Un trabajador hemingwayano

 


Es amigo, colega, compartimos festivales del género negro y además un escritor de la ostia. Me gusta su reflexión y la comparto con ustedes.

“Me defino como una suerte de Hemingway sudamericano, no tanto por mi imagen, sino por el esfuerzo. Trabajé en una panadería, fui fletero, electricista, taxista, vendí seguros, celulares. A mí no me gusta laburar pero lo vivo con absoluta naturalidad. Es lo que hay que hacer para vivir y estaría buenísimo que los trabajos tengan más relación con lo que a uno le interesa, o un valor social, porque a nadie le gusta levantar basura. Hay que trabajar para vivir y yo trabajo de cualquier cosa, porque no me preparé mucho y porque la realidad de nuestro país es esa”.

Kike Ferrari (1972), trabaja actualmente en la estación Pasteur-Amia del Subterráneo de Buenos Aires, como personal de limpieza. Su novela Que de lejos parecen moscas (2011), fue elegida como la mejor opera prima en la Semana de Gijón y editada en Francia, México, Italia, además de Argentina.

 

El muertito de Hemingway

 



Con la tercera edición de esta novela, mi sueño estaba cumplido. Cuando los editores apostaron a un viaje por Latinoamérica para difundir la obra, la pandemia cerró las puertas del mundo y el libro quedó guardado hasta nuevo aviso. Todo hacía pensar que El muertito de Hemingway terminaría en una mesa de saldos. No fue así, un amigo hemingwayano, que sigue este blog y apuesta a la cultura, compró la mitad de edición para regalarla a sus amigos. Suena raro, pero gracias a él, la novela llegó a varios lectores que poco conocían sobre la vida de Ernest.

Hace un par de semanas, uno de  esos lectores me mandó un extenso mail, lo resumo: “Este cabrón que aparece en su novela, es un personaje despreciable. Su libro tiene agilidad, de fácil lectura, atrapa. No soy afecto a este tipo de literatura. Por mi profesión, leo todo lo relacionado con la economía. En este caso, lo leí porque mi amigo me insistió. Le quiero decir que voy a buscar libros de Hemingway para ver si cambio de opinión. Algo supe de su fama de mujeriego y golpeador, además de bebedor y amante de los toros.”

Ahora quedan algo más de treinta libros, si alguno de ustedes quiere conocer esta historia que vivió Hemingway en Cabo Blanco (Perú), en los años cincuenta, mande un correo a mi mail: josemariagatti1@gmail.com Hemingway delira.

 

La pipa de Hemingway

 


En julio de 2008, aparecía la versión física de La pipa de Hemingway. Recuerdo que muchos amigos no acostumbrados a la lectura en pantalla, me pedían “el libro como tiene que ser”. La respuesta fue una edición que reunió los primeros 237 posteos del blog. La bitácora ya había recibido el reconocimiento de Technorati, el principal buscador de blogs, por estar entre las 10 mejores de su género.

La historia comenzó el 26 de junio de 2006 y desde entonces está en pantalla. A punto de cumplir 15 años, nuevamente aparecerá una edición física que reunirá los posteos que recibieron más visitas. Por las limitaciones que impone la pandemia no puedo precisar una fecha cierta de presentación, pero será entre octubre y diciembre. El libro tendrá por título: La pipa de Hemingway. Más de lo mismo. Un desafío más.


Un recuerdo




El 4 de mayo de 1953 Ernest Hemingway obtiene el Premio Pulitzer por su novela El viejo y el mar. Al año siguiente también sería reconocido con el Premio Nobel de Literatura.

 


Wednesday, February 24, 2021

LA LEYENDA DE RUFINO TUME

 


Hace algo más de cuarenta días, el pescador miró por última vez el horizonte marino y se despidió del mundo terrenal. Atrás quedaban las aventuras, los desafíos y esa manía caprichosa de perseguir merlines en las aguas de Cabo Blanco.

Los 84 años de Rufino Tume tuvieron señales de vida que la ficción no podrá igualar. Quienes lo conocimos, supimos de su humildad, de esa forma amena de contar las cosas. Se reía de todo lo que podía ser un problema y fue una leyenda en aquella caleta donde conoció a Ernest Hemingway.

Esto es un ejemplo de cómo se puede ser feliz con tan poco. Rufino fue simplemente un pescador y ese mérito lo llevó a estar al lado de Hemingway. No hablaban de libros, editores, contratos, presentaciones, tampoco de batallas, guerras, muertes. Hablaban de cómo vivir y soñar tratando de pescar el merlín gigante.

Rufino era un hombre grande cuando lo conocí, dialogaba pausadamente, tenía una media sonrisa que le llenaba el rostro quemado por el sol y la sal marina. Cuando le pregunté sobre Ernest, fue extremadamente cauteloso, ni una palabra de más. No esperaba otra cosa, la sabiduría llega con los años y Rufino fue un sabio. Recordé aquel temor de Ernest y entendí a Tume: “Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día”.



Son todos recuerdos, algunos casi con la fragilidad de la memoria. Rufino era  muy joven cuando se subió a la embarcación “Miss Texas”, en Cabo Blanco para dirigir la travesía que Hemingway había decidido. 33 días de lucha en el mar. Ahí estaba Ernest, su esposa Mary, los colaboradores cubanos y el equipo que filmaría escenas para la película “El viejo y el mar”.

En mi libro El muertito de Hemingway, relato todo esto en detalle. Pero Rufino ahora no está. Su nieta tuvo la amabilidad de mandarme unas palabras de despedida que con gusto comparto:

“A mi abuelo le agradezco, sobre todo, los recuerdos que mi padre me cuenta y que parecen interminables. Le agradezco que haya despertado en mí la inquietud de aventurarnos al paisaje, a esas experiencias que cada vez son más inusuales. Le agradezco la familia que me dio y la imagen tan bonita de su pueblo Cabo Blanco”

Grace Tume Rojas  

No hay despedidas, solo adioses que se acercan al reencuentro. El gremio de Pescadores Artesanales de Cabo Blanco lo recuerda como el “ultimo pescador de aquella generación de los años dorados”.

Rufino se fue silenciosamente, ya no despierta a las 3 de la mañana para mirar desde el porche de su casa, como otros pescadores se adentran en el mar. Tume mantiene su mirada mientras en la mente giran escenas de batallas marinas y peces voladores.




Decía Hemingway: “Las mejores personas poseen sensibilidad para la belleza, valor para enfrentar los riesgos, disciplina para decir la verdad, capacidad para sacrificarse. Irónicamente, estas virtudes los hacen vulnerables, frecuentemente se les lastima, a veces se les destruye”.

Adiós, Rufino, los hombres sencillos son los héroes.


EL MUERTITO DE HEMINGWAY, el libro que cuenta la historia de  Ernest Hemingway en Cabo Blanco, ya lleva 3 ediciones.Está disponible en Amazon para todo el mundo. En Argentina, en cadena de librerías Cúspide. También en digital. Si tu idea es contactar conmigo, puedes hacerlo a josemariagatti1@gmail.com Hemingway delira.



Friday, January 22, 2021

LA CASA ABANDONADA DE LOS GATOS FELICES


De repente el olvido, la desolación, la tristeza de haber sido habitada por personajes de leyenda. Todo se cierra y se rinde ante un virus que logra instalarse y sacudir hasta los cimientos. La historia no cesa, no quiere ser parte de un almanaque sin pasado. Pero la realidad es una gota de saliva y la peste se esconde detrás de un tapaboca. Triste es el destino, cruel y perverso, ácido y amargo, cargado de un aire que huele a muerte y a batalla perdida. La casa está vacía. Solo los gatos sobreviven gracias a los voluntarios que le acercan la ración diaria. Así de simple y temerario.

Nadie hubiera imaginado que la mansión de Key West dejaría de ser pasión y mística. Aunque basta con mirar los números de muertos y el frío por la espalda paraliza: los fallecidos por coronavirus supera en Estados Unidos a los caídos en la Segunda Guerra Mundial.

Sin turistas de todo el mundo y con menos de la mitad de los empleados, la casa de Hemingway se cae día a día

El cierre de fronteras internacionales y la prohibición de llegada de cruceros, desde marzo, hace que todo sea un recuerdo.

 

El director de la casa-museo, Andrew Morawski, se lamenta: “Tenía diez guías, ahora tengo cuatro”. Desolado, agrega: “Pensamos seguir abiertos y nuestros gatos seguirán recibiendo todos los cuidados”. 

Los residentes extrañan el movimiento, a esos visitantes acalorados que consumían bebidas a raudales. Uno de ellos, Jack Reichenback, de 67 años, reflexiona: “Esto solía estar lleno de gente que apenas podía caminar entre la multitud y ahora no hay nadie”.


Una amiga, Martha Berman, quien me suministra estos datos, hace dos semanas estuvo en la ciudad, acompañando a dos turistas locales. “Lloré -me dice-, visité esa casa más de 20 veces, en distintos momentos y épocas, pero nunca me enfrenté con esta situación. Es muy triste ver todo paralizado”.


Los gatos mutantes caminan por toda la casa y saben que la tranquilidad es prestada. Los escasos turistas los acarician y algunos le vierten agua en lo cuencos diseminados por toda la mansión.

La casa de Hemingway no morirá, no dejará de ser ese imperio de emociones, fracasos, peleas y fiestas. Tarde o temprano llegará la nueva vida.

Es de esperar que sea pronto, antes que la leyenda se termine, aunque las cifras sean alarmantes: Florida sobrepasa el 1.6 millones de contagios desde que comenzó la pandemia.

 

"Si ganamos aquí ganamos en todas partes. El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar y odio mucho dejarlo". Ernest Hemingway



Monday, November 30, 2020

DIEGO ARMANDO HEMINGWAY Y ERNEST MILLER MARADONA




Dos genios. Dos gladiadores. Dos perfectos imperfectos. Dos únicos e irrepetibles. Con corona o sin ella. Con la estrella en la frente y estrellados. De lo humano a la leyenda. Del insulto al elogio. De las voces al grito sagrado. De la multitud a la soledad.

 

La muerte los envolvió a las seis décadas de vida. Los dos eligieron marcharse, cada uno a su manera. El nombre les pesaba demasiado. La historia ya los había guardado en la caja de cristal, tan frágil y sensible. Tenían vicios comunes y enfermedades paralelas: el alcohol, la droga, los sedantes, las mujeres, los celos, las peleas, los líderes políticos, Cuba, Italia, España, los autos, el deporte, las prostitutas, los pobres, los enfermos, la crítica al poder, la censura al Imperio, el miedo a la derrota, el desafío a la muerte.

 

No estoy delirando, no es una comparación fácil la mía. Más de un intelectual con aro de oro sobre su cabeza me va a criticar. No es posible decir tanta estupidez. Hemingway es demasiado grande al lado de ese muñequito que pateaba una pelota. Ernest era un tipo sencillo, renegaba de los “amigos del poder” y de aquellos que se le acercaban porque  buscaban un rédito. Compartía las charlas con pescadores, sus “amigos” no eran los escritores. Amaba a Joe DiMaggio, un jugador de béisbol, el más grande de la historia. Puedo seguir, pero no hace falta, cuando el apellido de uno es una voz que recorre todo el mundo, cuando en una camiseta aparece su imagen, una frase, una reflexión, esa persona deja de ser humana y se transforma en héroe, en mito, en leyenda.

 



Los dos fueron enfermos bipolares, lo digo sin miedo, una enfermedad atribuida a los genios. Del llanto a la risa, de la alegría a la depresión. Me queda una sola duda. En su final, ¿hubo abandono de persona? Hemingway estaba muerto cuando, obligado por el sistema autoritario del gobierno estadounidense, debió dejar su casa de Finca Vigía. Se mató en Idaho, porque ya no era Hemingway, sino un hombre acabado, demolido, maltratado y viviendo un mundo sin soles, sin lunas ni estrellas. Mary Welsh estaba cansada, agotada, no podía dominarlo, no sabía si un golpe la dejaría desmayada en el piso. Lo dejó en libertad y así el hombre cerró su destino.

 

Maradona había dicho que ya “no quería ser más Maradona”. Se fue despidiendo a su manera. Quería estar con sus padres. Ya las mujeres no eran una fruta madura. A sus amigos de gloria no los dejaban compartir una cerveza. El llamado “entorno” era más peligroso que toda la cocaína que había consumido. Se dejó morir. Se vistió de gitano y empezó a caminar para llegar a Fiorito, a la casa de la infancia.

 

Hay una diferencia: a Maradona lo lloró todo el mundo y sus fanáticos lo acompañaron hasta el cementerio, a Hemingway, lo despidieron muy pocas personas.

 

La vida continúa. Las emociones no se detienen. En cada uno de nosotros algo cambió. Eso pasa cuando los magos dejan de ser magos y los genios empiezan a perdurar toda la vida.

 


Monday, October 12, 2020

POSTAL DE CABO BLANCO



 La bibliografía hemingwayana no da respiro. Nada parece ensombrecer la figura de Ernest en el camino de la renovada literatura. Hemingway es un sello, una marca que tiene la vigencia y el resplandor que no decae a pesar del tiempo. Cada día nos sorprendemos con aventuras  y situaciones que nos dan la pauta que al norteamericano no se le escapaba nada. Por eso este espacio sigue teniendo vigencia, a pesar de haber transcurrido más de diez años de su inicio. 

Ahora volvamos a Cabo Blanco de la mano de un amigo.

Recuerdo que cuando me encontré con la historia de Papa en Perú, creí ser el único en lograr  una novela bio-histórica policial que levantara la aventura. Error. Ya la escritora peruana Irma del Águila, había publicado una hermosa novela (Moby Dick en Cabo Blanco/2009), donde nos contaba los entretelones de una travesía  inquietante. En ese mismo camino hoy le doy la bienvenida a una nueva obra que se presenta en sociedad. Wolfgang Stock sigue el rastro de la expedición, además de hallar numerosos indicios como documentos y fotografías. El periodista alemán entrevistó a octogenarios que todavía recuerdan a Ernest con tanta viveza como si lo hubieran visto ayer. Wolfgang Stock desempolvó algunos archivos, contactó con escritores, buscó información en artículos de periódicos y se metió de lleno en las arenas de la caleta peruana.


 
Toda esa información esta contenida en su libro Cabo Blanco Mit Ernest Hemingway in Perú, donde el autor reconstruye el viaje de un Hemingway envejecido, gobernado por sus sueños y esperanzas.

Le doy la bienvenida y espero que este esfuerzo se vea reflejado en las ventas.


YA está lista la tercera edición de EL MUERTITO DE HEMINGWAY edición latinoamericana. Disponible en Amazon.