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Tuesday, June 23, 2026

CAT IN THE REIN


Hoy llueve. Desde mi ventana miro el paisaje y enseguida viene a mi memoria uno de los cuentos más célebres de Hemingway, publicado en 1925, dentro de la colección In Our Time. La historia transcurre en un hotel italiano donde una joven pareja estadounidense pasa sus vacaciones bajo una lluvia persistente. La mujer observa un gato refugiado bajo una mesa y siente un fuerte deseo de rescatarlo. Sin embargo el gato es más que un gato. La protagonista expresa una serie de deseos insatisfechos: quiere dejar crecer su cabello, tener una casa propia, una vida más estable, objetos personales y afecto. Su marido George, permanece distante y absorto en la lectura. El pequeño animal se convierte así en símbolo de una necesidad más profunda de cariño, identidad y pertenencia.




La historia  tiene su base en la soledad dentro de la pareja, la necesidad de afecto y protección, la incomunicación de los protagonistas, la construcción de un hogar, el deseo de pertenencia, la búsqueda de una identidad propia.

La incomunicación en la pareja es el verdadero tema del cuento. El gato es apenas el disparador simbólico. Hay una frase de Hemingway que parece iluminar este relato: "Lo más difícil del mundo es decir verdaderamente lo que uno siente". Por eso el cuento sigue siendo actual, no habla solamente del matrimonio, habla de una experiencia universal: la sensación de que la persona que tenemos más cerca no siempre alcanza a comprender lo que necesitamos decir.

Sigue la lluvia y todo parece quedarse detenido.

Si tuviera que ubicarlo dentro de su producción diría que probablemente está entre sus diez mejores cuentos y, sin duda, entre los más elegantes y representativos en la historia de su producción  temprana.




Hoy podríamos decir que nunca fue tan fácil comunicarse y tan difícil encontrarse. La soledad esencial del ser humano y las necesidades por comunicarse son un correlato de contactos breves, imágenes instantáneas. La paradoja es que nunca hablamos estando tan conectados y sin embargo, la sensación de aislamiento parece crecer. Porque podría decirse que estamos en presencia de la industrialización de la soledad, así todo se convierte en un fenómeno masivo y repetible: millones de personas interactúan al mismo tiempo, pero no necesariamente se encuentran. Las parejas se relacionan por la cantidades de seguidores en las redes, la conversación queda simplificada a comentarios y al reconocimiento del "me gusta". El resultado puede ser una compañía aparente que no siempre satisface la necesidad humana de intimidad, escucha y presencia real. Como expresa Byng-Chul Han, la hipercomunicación digital no elimina la soledad, sino que puede profundizarla al sustituir el  encuentro profundo por la exposición constante.

Paró la lluvia. El gato sigue esperando.


Sunday, April 26, 2026

EL ÚLTIMO ADIÓS

 En 1961, Hemingway


dedicó una copia de ‘El viejo y el mar’ a una enfermera que lo había atendido. Durante más de 60 años, unas hermanas franciscanas guardaron el ejemplar que se exhibe en Suecia.

El hospital donde estuvo Ernest, fue fundado en 1889 por la Madre Alfred Moes, fundadora de los Franciscanos de Rochester. Estaba dirigido por las hermanas franciscanas y su personal estaba compuesto por enfermeras, mientras que los médicos de la familia Mayo —y posteriormente su personal— proporcionaban atención médica. Los franciscanos cedieron la administración del hospital a la Clínica Mayo en 1986, pero siguen participando en la supervisión de Saint Marys a través de dos puestos en el Consejo de Valores de la Clínica Mayo.

“A la Hermana Inmaculada: este libro. Me alegra escribir otro tan bueno para ella cuando mi suerte como escritor vuelva a ser buena. Y así será.” Así dice la dedicatoria.




Los líderes de la orden religiosa dijeron que ya era hora de que un público más amplio pudiera apreciar el libro. “Parecía una pena que estuviera guardado en una bóveda de la casa madre, donde nadie iba a verlo jamás”, dijo la hermana Marisa McDonald, OFM, miembro del consejo de liderazgo de la orden franciscana que tomó la decisión.

Aunque solo ha visto fotografías del libro y su inscripción, Larsson, del museo, afirmó no dudar de la autenticidad de la escritura. La firma y los tics de puntuación coinciden con las cartas que Hemingway escribió en aquella época. Larsson también señala que, dado que el libro es una donación sin dinero de por medio, no parece haber motivo de falsificación.

 Para 1960, la situación del novelista era difícil. Había estado trabajando en sus memorias de París —que se publicarían póstumamente como París era una fiesta—, Hemingway se sentía frustrado por su incapacidad para escribir bien. En noviembre, ingresó en la unidad psiquiátrica del Hospital Saint Marys, afiliado a la Clínica Mayo, y permaneció allí casi hasta finales de enero de 1961. Recibió terapia de electroshock y regresó al centro en abril de 1961 para recibir atención adicional.

Durante años, el libro con la dedicatoria de Hemingway había estado en las estanterías de la biblioteca del Hospital Saint Marys, donde podía consultarlo cualquiera de las aproximadamente 100 hermanas franciscanas que vivían allí.DeBerg dijo que las palabras de la dedicatoria le resultaban inquietantes.

“¿Se estaba engañando a sí mismo, pensando que iba a poder volver a escribir después de todos esos tratamientos de electroshock?”, dijo DeBerg. “¿O pensaba en el fondo de su mente: ‘Nunca volveré a escribir un libro como este’?”.

DeBerg se pregunta si el tono optimista de la nota tenía también por objeto convencer a los médicos de Mayo de que estaba listo para salir. Howard Rome, jefe de psiquiatría de Mayo, dio el alta a Hemingway el 26 de junio de 1961, seis días antes de que Hemingway se suicidara, y concluyó que su paciente “se había recuperado suficientemente de su depresión”.


La Hermana Immaculata, enfermera psiquiátrica de formación, ayudó a fundar la unidad psiquiátrica de la Clínica Mayo y posteriormente se convirtió en capellana. Falleció en 1992.



Las hermanas que la conocieron la describen como amable, cariñosa y compasiva, rasgos que Hemingway sin duda observó en primera persona. «El hecho de que pasara de la enfermería a la capellanía dice mucho de su carácter: su cariño, su ternura y su compasión», dijo la hermana Tierney Trueman, ministra congregacional de las Franciscanas de Rochester.

La hermana Immaculata, cuyo verdadero nombre era Helen Hayes, tenía 37 años cuando conoció al famoso autor. Para entonces, este ya se había ganado la reputación de fanfarrón y matón, pero ella pareció sacar a relucir su lado más amable, al menos en la inscripción.



“Creo que fue muy amable y considerado de su parte decirle algo positivo a una persona que lo había apreciado”, dijo Sandra Spanier, profesora de inglés en la Universidad Estatal de Pensilvania y editora del Proyecto Cartas de Hemingway. “Obviamente, tenía una conexión personal con ella, la apreciaba y se preocupaba lo suficiente como para escribir algo muy personal. Esto da una idea de la calidez de su carácter, que no siempre es característico de él”.

El amor de Hemingway por las enfermeras parece ser un rasgo notable. No debemos olvidar al gran amor de su vida, aquella enfermera que lo atendió en Italia.





Wednesday, April 22, 2026

VOLVER A EMPEZAR



Perdón por la demora. Estuve trabajando con la corrección de dos libros muy importantes para mí y me olvidé de esta página. Ahora liberado del compromiso les quiero contar que "El muertito de Hemingway" está de fiesta. Es muy probable que el libro sea llevado a la pantalla en forma de serie, gracias a InkaTerra de Perú y FreeFilms de Estados Unidos. Por ahora es un proyecto pero marcha de manera sostenida. La idea son 6 capítulos y podría a darse a conocer en setiembre de 2027. En el mientras tanto, FreeFilms tomó la decisión de publicar el libro en Miami como una forma de lanzamiento previo. Aún no conozco los resultados. Los mantendré informados. Un gran abrazo.




Sunday, January 11, 2026

LA MALDICIÓN DE TENER MENTE BRILLANTE


“La felicidad en la gente inteligente es la cosa más rara que conozco”, dijo alguna vez Ernest Hemingway.

Esto es muy claro en el pensamiento de Ernest porque en la ignorancia se vive mejor, reconoció en una entrevista al final de sus días. Su teoría contrastaba con la de Karl Poper: “la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos”.

Mucho tiene que ver esto con el debate filosófico, el sufrimiento emocional y la introspección profunda.

La reflexión no es una observación cínica del autor, sino un problema emocional que atraviesa la vida de Hemingway, dilema que se ve claramente en su novela póstuma “El jardín del Edén”, tristemente desacreditada.

Ernest fue un insatisfecho, una personalidad que decoraba sus vínculos y su deseo de encontrar la felicidad.


Hemingway puso en juego la ignorancia y el conocimiento para no sufrir. La ignorancia era un refugio para la paz que le daba cierta tranquilidad.

Hemingway sabía que el hombre inteligente estaba expuesto a verdades crudas, a situaciones críticas que molestaban y que agotaban. Desde el plano de lo desconocido la ignorancia calmaba los nervios y el alcohol hacía su trabajo. Ser feliz para Ernest era algo inalcanzable porque generaba un esfuerzo y un agotamiento espiritual. Como resultado todo lo llevaba a una frustración  crónica y al camino diario de su tristeza.

El gran dilema de Hemingway fue enfrentarse a la verdad, lo cual era incompatible con la paz mental.

La paz mental del norteamericano fue como un instante frágil. Sus personajes como el mismo, no vivían la serenidad continua. Para Hemingway, la paz no surgía del pensamiento, sino de la acción concreta. Pensar demasiado lo llevaba al vacío y el actuar con destreza lo conducía al orden, algo que detestaba.

En síntesis, la paz mental no era felicidad, no era descanso, no era ausencia de dolor, sino: lucidez, control y dignidad en medio del sufrimiento.

La paz en Hemingway era algo que se defendía, no algo que se poseía.

La ignorancia en Hemingway no era simple falta de conocimiento: era una posición ética, estética y existencial. En su obra, ignorar pudo ser una forma de protección, de sabiduría práctica o de violencia moral. Muchos personajes del autor no querían saber. no porque no podían, sino porque saber implica sufrir.



El código masculino en Ernest exigía: no explicar, no analizar las emociones, no pedir ayuda. Esta forma de ignorancia emocional producía silencio, aislamiento y daño. Hemingway no explica: omite causas, deja traumas fuera de escena, obliga al lector a intuir. La ignorancia en Hemingway es una estrategia de supervivencia, un límite ético, una poética del silencio. No es una ignorancia ingenua, sino una elección trágica.

Saber lo justo para vivir, ignorar lo necesario para resistir.

Hemingway quería salir de su infierno, de su hoguera y no tuvo la valentía de gritar a los vientos su desesperación. Así vivió atormentado, a pesar de su mente brillante.

Thursday, June 19, 2025

EL MIEDO EN HEMINGWAY

 


"El valor no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar a pesar de él".

Esta frase de Ernest fue siempre un desafío en su vida. La verdadera valentía no se trata de la ausencia de miedo, sino la capacidad de avanzar y actuar, incluso cuando el miedo está presente. En el contexto de sus obras, este concepto es central, ya que sus personajes siempre están al límite entre el miedo y la determinación, entre la desesperación y la lucha por mantenerse firmes. En Por quién doblan las campanas, por ejemplo, Robert Jordán, se ve obligado a confrontar su propio miedo y duda mientras cumple su misión. En El viejo y el mar, Santiago representa la valentía silenciosa. A pesar de estar solo y agotado,, sigue adelante, enfrentando su propio miedo.

Hemingway mostró que la valentía no se limita a momentos de acción heroica, sino que se extiende a las decisiones cotidianas que tomamos al enfrentar dificultades y miedos personales. En su vida como en su obra la valentía era un acto continuo de resistencia, de integridad y aceptación de la fragilidad humana.



La fragilidad humana siempre va acompañada por el miedo. El miedo es transitorio e inconsciente, mientras que el temor, requiere de tiempo y llega a ser consciente. El miedo suele ser una emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro o amenaza, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

"Todos tenemos miedo, todos temblamos de miedo ante nuestro destino: matar un león, cambiar de trabajo, cambiar de residencia, cambiar de ciudad, enfrentar una pertinaz enfermedad, enfrentar un problema económico...¿Lo nota?. Todos somos Macomber"

El miedo a la desilusión romántica es un tema que le preocupaba a Ernest. En su obra es un tema recurrente, a menudo entrelazo con la experiencia de la guerra y la pérdida. Sus personajes, especialmente los hombres, muestran una dificultad para establecer relaciones duraderas y satisfactorias con mujeres, a menudo manifestando un profundo desencanto con el amor y el matrimonio. Esta desilusión se refleja en la manera que Hemingway describe las relaciones amorosas, marcadas por la incomunicación, la frialdad y la imposibilidad de conexión profunda.



Tomemos como referencia en la obra de Hemingway, especialmente en Fiesta, donde Ernest captura la desilusión de la Generación Perdida, tras la Primera Guerra Mundial, allí los personajes, a menudo expatriados en Europa, muestras profundo escepticismo y falta de fe en las relaciones formales tradicionales. Las relaciones en las novelas, a menudo se describen como frías, distanciadas y basadas en la incomunicación. Jake  Barnes, en Fiesta, a menudo se muestra incapaz de establecer una conexión emocional profunda con las mujeres, o una incapacidad de consumar sus deseos.



En resumen, el miedo en Hemingway, llega a transformarse en una carga difícil de superar y de hecho se presenta como amor tóxico, locura y finalmente suicidio.

Saturday, May 17, 2025

MARIEL HEMINGWAY Y LOS FANTASMAS


Mariel Hemingway carga una historia familiar que felizmente logró despejar a fuerza de voluntad y enorme sacrificio emocional. "El suicidio puede ser un episodio decidido en 20 minutos de un mal día o algo planeado durante 20 años. La gente necesita hablar de esas cosas para poder salir de sus oscuridades". Así decía la nieta de Hemingway en una conferencia dada en Madrid sobre salud mental en la CIS University. Mariel habló de los siete suicidios que rodean su vida, una infancia marcada por el alcoholismo, el caos familiar, de cómo el Dalai Lama, con sus palabras, cambió su vida para siempre. 

Desde pequeña desarrolló una obsesión por tener control de su vida. Buscó solución entre gurúes, médicos holísticos, yamanes, videntes, hasta encontrar "una revelación fuera de mí" que diera solución a sus problemas. Después de mucho andar, superar la depresión y la terrible "maldición familiar" pudo ver su camino. Nada fue gratuito, su madre  y su ex marido murieron de cáncer. Trataba de escapar a la locura, de estar literalmente en una situación de lucha o huida durante la mayor parte del día. Pensaba en cosas horribles, fantasmas que la seguían y pensamientos negros. 




Una de las cosas que siempre tuvo presente fue la frase de su abuelo: "La mayoría de gente nunca escucha".

Mariel hoy tiene una pareja estupenda de la que está enamorada locamente, ya llevan casi 16 años juntos. Su vida la regula con ejercicios, buen descanso, dinámica de respiración y contacto con la naturaleza.

Atrás dejó los golpes y fracasos. Lee locamente y recorre a diario su huerta. Habla mucho y escucho por demás.

Mariel Hemingway le ganó la batalla al deterioro emocional y cada amanecer medita y agradece vivir rodeada de sus perros. Un ejemplo de como vencer al recuerdo funerario.




Tuesday, April 29, 2025

ADIÓS, HEMINGWAY. LEONARDO PADURA.

 


-Adiós  Jeminwey - gritó y recibió como respuesta la sonrisa del hombre.

Algunos años después cuando descubrió la dolorosa necesidad de escribir y comenzó a escoger sus ídolos literarios, Mario Conde supo que aquella había sido la última navegación de Ernest Hemingway por un pedazo de mar que había armado como pocos lugares en el mundo, y comprendió que el escritor norteamericano no se podía estar despidiendo de él, un minúsculo insecto posado sobre el malecón de Cojímar, sino que ese momento le estaba diciendo adiós a varias de las cosas más importantes de su vida.




... Ocho años fuera de la policía pueden ser muchos años y nunca había imaginado que resultara fácil volver al redil. En los últimos tiempos, mientras dedicaba algunas horas a escribir, o cuando menos trataba de escribir, el resto del día lo empleaba en buscar y comprar libros viejos por toda la ciudad para surtir el quiosco de un vendedor amigo del cual recibía el cincuenta por ciento de las ganancias. Aunque el dinero producido por el negocio siempre era poco, el Conde disfrutaba aquella ocupación de traficante de libros viejos por varias ventajas: desde las historias personales y familiares agazapadas tras la decisión de deshacerse de una biblioteca, quizás formada durante tres o cuatro generaciones, hasta la flexibilidad del tiempo existente entre la compra y la venta, que él podía manejar para leer todo lo interesante que pasaba por sus manos antes de ser llevados al mercado. La falla esencial de la operación comercial, sin embargo, surgía cuando el Conde sufría como si fuera heridas en la piel al encontrar viejos y buenos libros maltratados por desidia y la ignorancia, a veces irrecuperables, o cuando, en lugar de llevar ciertos ejemplares tentadores al puesto de su amigo, decidía retenerlos en su propio librero, como reacción incurable de la terrible enfermedad de la bibliofilia.




* Fragmento del libro Adiós, Hemingway de Leonardo Padura.



Saturday, April 19, 2025

SPENCER TRACY Y ERNEST HEMINGWAY

 


Spencer Tracy era bajo, robusto, de rasgos duros, gesto torpe y poco seductor. Bebedor, fumador empedernido y mujeriego. Cuando Hemingway se enteró de que era el actor elegido para protagonizar El viejo y el mar, preguntó cuantas películas había filmado y con quién. Le dijeron que entre otras había trabajado en Capitanes intrépidos y Con los brazos abiertos y que se había consagrado con Mar de hierba, dirigida en 1947 por Elia Kazan. 




Spencer Tracy supo de la ignorancia cinematográfica de Hemingway y la interpretó como una humorada. Cuando se conocieron durante la filmación, Tracy le dijo: "¿Usted es Hemingway?, no lo hubiera reconocido si no me lo presentaran". Para Hemingway, el protagonista debía ser Errol Flynn, pero el realizador optó por Tracy. Hemingway le respondió: "Tracy, usted está un poco gordo para hacer de pescador, el director lo eligió por su trayectoria, no por su belleza. Además me han dicho que es un cagón y le teme a los tiburones y que les escapa a las mujeres; Tracy, si fuera por mí lo pondría de extra".




Spencer Tracy fue ganador de dos premios Oscar y un Globo de Oro. Apareció en 75 películas. En 1999, el American Film Institute lo clasificó como la novena estrella masculina más importante del cine clásico de Hollywood. A pesar de estar casado con Louise Ten Broeck, el amor de su vida fue Katharine Hepburn. Hacia el final de sus días, Tracy trabajó casi exclusivamente para el director Stanley Kramer. Tracy hizo su última película con Kramer, Adivina quién viene a cenar esta noche (1967), cuyo rodaje finalizó tan solo 17 días antes de su muerte.

Tracy abandonó a su familia en 1933, primero tuvo un romance con Loretta Young, su compañera en Fueron humanos, también con Joan Crawford e Ingrid Bergman.

Hemingway nunca lo reconoció como actor y menos como protagonista de la película, a pesar del éxito que tuvo.


Sunday, April 06, 2025

EL ROPERO DE HEMINGWAY



Ernest, además de inaugurar un estilo único de literatura, también  marcó una moda en la forma de vestir. Regularmente usaba suéteres Aran, chaquetas safari, chalecos de caza, botas altas y camisas de viyela. La característica de los abrigos Aran es que son impermeables y se pueden usar incluso mojados. Son codiciados por su calidad  y estilo. Hemingway los protegía envueltos en papel de seda y solo usaba uno por temporada de frío. 



La chaqueta safari o sahariana, se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando se adoptó como uniforme de verano del ejército británico para climas tropicales. Esta chaqueta hecha de algodón o lino, va ceñida a la cintura y tiene cuatro bolsillos, que suelen ser dos de fuelle y otros dos de parche. Su color original varía del beige al caqui. La chaqueta safari, también  conocida como "shacket" es una prenda diseñada originalmente para ir de safari a la sabana africana. Al combinarla con pantalones o shorts se convierte en un traje safari. De hecho Hemingway aparece en cientos de fotos con esta prenda. 

Las camisas de viyela y leñadoras son un clásico en su vestimenta. Este estilo también se lo llama lumberjack y se puso de moda en todo el mundo. En la actualidad se le incorporó la capucha,  un modo de actualizar la prenda.



Otro aspecto significativo son los mocasines que usaba Ernest al igual que las botas altas. Hemingway tenía un pie enorme y debía hacer su calzado a medida.



Finalmente no se puede dejar de nombrar al sombrero Oysterman tan apreciado por Ernest. Su característica es su visera extralarga que hace que la gorra de béisbol tradicional parezca completamente inadecuada.

En la actualidad muchos fanáticos adoptan este modelo de vestimenta bautizado "estilo Hemingway".

Thursday, March 06, 2025

LOST GENERATION




 Paul Benjamin Auster (1947/2024), ante la pregunta de una joven periodista norteamericano sobre qué pensaba de la Generación Perdida, respondió: "La diáspora de escritores que huyó a París sin ninguna razón y con el único objetivo de lograr fama, no nos representa. Si bien con el tiempo cada uno alcanzó su objetivo, no dejaron de ser un grupo de escritores en París. Por entonces, la literatura norteamericana los necesitaba en su tierra; pero los muchachos querían otra cosa. De esa cofradía me quedo con John Steinbeck y Ernest Hemingway".


En  los años fundacionales de la nación norteamericana no había una historia literaria propia realmente importante. Los escritores buscaban sus modelos fundamentalmente en Europa, y sobre todo en Inglaterra, Francia y Alemania. Sin embargo, a partir de la segunda década del siglo XIX, los norteamericanos comenzarían a tener presencia con autores de marcada tendencia cosmopolita y fuerte carácter nacional. Sin dejar de lado a Emerson, Menville y Hawthorme, aquí obligatoriamente debemos mencionar a Walt Whitman y Edgar Allan Poe, que son los que abrieron las ventanas y mostraron el paisaje que repetirían posteriormente Henry James y Mark Twain. De estos cuatro autores Hemingway tomaría referencia, y obviamente es con ellos que Estados Unidos catapultará al mundo el diseño del "prototipo americano"

A Hemingway todo este panorama no le representaba una novedad. El sabía de sobra que su tarea era "cambiar" un estilo sin modificar la idiosincrasia  histórica del norteamericano. Debía para ello recurrir a un lenguaje directo, al impacto y a la atmósfera de un tiempo nuevo. Si Hemingway tiene un mérito, es el de haberse dado cuenta de esa posibilidad antes que ninguno de su generación. Esa fue su estrella, y así construyó una bisagra en las letras norteamericanas. 

                  

Hemingway llegó a París con una mano atrás y otra delante. Tras un noviazgo de pocos meses, menos de un año, Ernest  se casó con Hadley  Richardson, en diciembre 1921, y sin mucho pensarlo llegaron a París y se dirigieron a la Rive Gauche: el Hotel Jacob et DAngleterre. Como la economía no daba para lujos, se instalaron más tarde, en un departamento muy precario en un segundo piso por escalera. En la planta había un aserradero. El polvo de aserrín entraba por la ventana y todo era irrespirable. La Navidad en París fue muy triste para la pareja, solos brindaron y lloraron por estar lejos de la familia. En enero de 1922 viajaron a Suiza y hacen una parada en la fonda de la estación de trenes de Montreux, después se subieron al MOB, tren que une a Montreux con Zweisimmen, para luego llegar al pequeño pueblo de Chamby, donde se hospedaron en la Pensión de la Forët, con vista a los Alpes franceses. La economía la manejaba Hadley.

El París de los años veinte fue para Ernest un lugar decisivo, un lugar hecho para vivir como un artista. Era su sueño, su enfermizo objetivo, donde pudo encontrarse con las escritores que admiraba y que se reunían en la librería Shakespeare y Company. Es allí donde ese grupo fue bautizado por Gertrude Stein como "la generación perdida". Gertrude Stein se estableció en Francia en 1903, era la primera expatriada, ella fue la que aglutinó a estos jóvenes perdidos.

"Todos ustedes son un generación perdida, eso es lo que son. Todos ustedes están fundidos por la guerra y el vicio del alcohol. No representan nada, están quemados", les dijo Gertrude Stein.

La librería Shakespeare y Company, bajo la mirada de la escritora y dueña Sylvia Bleach, funcionó entre 1919 y 1941 con libros exclusivos de autores anglosajones, pero como ya se sabe, ése no fue su final, años después reabrió con otro dueño y se convirtió en un emblema y atracción turística para todos los amantes de la literatura universal. El motivo del cierre fue porque Bleach se negó a venderle a un oficial alemán el único ejemplar que tenía de Finnegans Walke de James Joyce. El castigo terminó con la clausura.

Walt Whitman  había abierto una librería, pasaron los años, hasta que Bleach lo convenciera a ser su socia o que dejara usar su nombre. El espacio físico consistía en tres habitaciones, pero luego compraron el departamento de arriba. En ese departamento falleció Whitman.

A pesar de la crítica, cada uno de los marginados logró abrirse camino. Hemingway fue excepcional. Creó un estilo propio, inconfundible, lacónico, directo, emocional. Un renovador, un genio, un iluminado. El resto hizo lo suyo. 

Paul Auster nunca cambió de idea.

Friday, January 17, 2025

EL AMOR TEMPRANO



El enamoradizo Hemingway no termina nunca de sorprendernos. Siempre tuvo fama de seductor y sus conquistas así lo demostraron. Nunca se quedó sin los abrazos de sus amantes y esa forma varonil de comportarse despertó suspiros y orgasmos que pasaron a la historia. La literatura fue la excusa para la conquista y  Ernest se aprovecho de esa condición. "Cuando la vi, estaba enamorado de ella. Todo se dio vuelta dentro de mí. Miró hacia la puerta, vio que no había nadie, entonces se sentó a un lado de la cama, se inclinó y me beso". Así lo escribe Hemingway en Adiós a las armas. El joven maltrecho y herido quedó pasmado, esa mujer hermosa, de mirada dulce y gatuna, capaz de despertar las fantasías eróticas más fuertes, lo había atrapado y nunca más lograría librarse de ella.




Las historias sobre esta relación son de todo tipo. Algunas mal intencionadas y otras demasiado edulcoradas. La realidad gira en un cóctel de verdaderas estupideces que inflan un globo preparado para las revistas del corazón. Esto fue un cruce de miradas, una asistencia médica y ese ida y vuelta entre paciente y acompañante terapéutico.

El joven Ernest no olvidó nada y su corazón herido quedó sangrando por siempre. Hemingway creyó que Agnes sería la mujer de su vida y nada de eso sucedió.

Catherine Barkley, el personaje de Adiós a las armas, fue modelado en dos mujeres, una seguramente Agnes y la otra, su primera esposa, la querida Handley.

Con mucho facilismo algunos hablan de amor platónico, nada real, Agnes finalmente le escribiría una carta a Ernest donde le dice que él es bastante joven para ella. En un párrafo  de la misiva, la enfermera le dice:

"Después de un par de meses lejos de ti, sé que sigo encariñada contigo, pero es un sentimiento mas de madre que de amante. Sería bonito decir soy una niña, pero no lo soy, y cada día que pasa lo soy menos"

"Así que, Niño (aún eres Niño para mí y siempre será así), ¿ podrás perdonarme algún día por haberte engañado sin querer? Ya sabes que en realidad no soy mala, y no es mi intención hacerte daño, y ahora me doy cuenta de que fue mi culpa que desde el principio cuidaras de mí, y lo siento con toda mi alma. Pero soy demasiado mayor, lo soy ahora y lo seguiré siendo siempre. Esa es toda la verdad, y no puedo eludir el hecho de que eres solo un chico...un niño".



 Esa carta rompió el corazón de Hemingway. Hay otras referencias. Agnes Von Kurowsky, antes de ser enfermera, fue bibliotecaria (catalogadora), en Washington. Agnes asistió al programa de formación de enfermeras Bellevue en Nueva York, donde se graduó en 1917. Otro apunte clave en esta historia, tiene que ver con la edad. Ernest tenía 19 años cuando fue hospitalizado y Aggie le llevaba 6 años. Para la época siempre el varón debía ser el mayor, esa fue una de las dificultades del vínculo.


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El joven reportero se quedó con la sangre en el ojo cuando se enteró que su amor se había marchado a Nápoles detrás del teniente italiano Dominico Caracciolo, un vínculo que duró un suspiro y que se entiende como una "huída". Consta que en 1919, la enfermera regresó a los Estados Unidos y que en 1926 se enroló de nuevo en la Cruz Roja para viajar a trabajar en Port-au-Prince (Haití), donde sería nombrada Directora de Enfermería. Allí se casó en 1928 con Howard Preston Garner y a los dos años se separó. En 1929 vuelve a Nueva York. Durante 10 años se queda en Estados Unidos y después de la Segunda Guerra Mundial, termina viviendo con su tercer marido William Stanfield en Cayo Hueso. El consorte era gerente de un hotel, viudo y con tres hijos. La pareja vivía a pocos kilómetros de la casa donde Hemingway compartía sus días junto a Pauline Pfeiffer.



Como todas las historias de amor y  final de película, Ernest y Aggie se encontraron. Fue en el Sloppy Joe's. Ya había corrido demasiada agua por el río. Ernest era un consagrado, Aggie una formal señora en decadencia. Todo terminó como una bella aventura. Todo quedó como una fotografía en color sepia.



 












Monday, November 18, 2024

HEMINGWAY Y EL SEXO


 


Uno de los fantasmas que rodean a Ernest Hemingway es su relación con la sexualidad. De hecho, su huía del grupo familiar siendo un adolescente, tiene línea directa con la construcción de su vida amorosa.

Las constantes peleas con su padre, quien pretendía transformarlo en un pastor de iglesia y la conducta de su madre, bastante sínica con su figura de mujer, determinaron la decisión de marcharse del hogar tratando de cambiar un mundo tormentoso.

El psiquiatra francés Philippe Lacadée expresa que “el adolescente debe inventarse su propia aventura significante hacia la soledad a partir del punto desde donde ya no se ve como el niño que era capturando en el deseo del Otro, pero desde donde puede percibir, de manera contingente, una cierta visión del él mismo y del mundo”. Este es el panorama de Ernest cuando toma la iniciativa de ser cronista y más tarde ingresar como camillero en la Cruz Roja.

Para Freud, el esfuerzo del adolescente es el de “separarse de la autoridad de sus padres” y es dice, “uno de los efectos más necesarios, aunque a la vez más dolorosos de su desarrollo”.

Tras el corte con el modelo de familia victoriana, Hemingway se enfrenta con la muerte, su propia muerte y el rechazo del amor temprano que marcará siempre su fantasía de abandono. Esto quedará demostrado en las constantes idas y vueltas con sus mujeres y el fugarse antes que su pareja pusiera final al vínculo.


La sexualidad entonces ocupa un espacio considerable en su vida. Mucho se dijo sobre su bisexualidad, algo que para la época parecía tener carga de mochila de plomo.

Cuando Ernest llega a París y se tutea con los artistas y escritores en la mítica librería Shakespeare y Company, ese perfil sexual no era clasificable. Nadie se preocupaba por demostrar su heterosexualidad, la vida tenía un tiempo sin relojes de arena.

En aquellos años la figura del joven se asocia al del vagabundo y al falto proyectos, huidizo y errante, como un ser peligroso para la burguesía que pretendía disciplinarlo.

Rousseau  decía que  había que alargar la adolescencia: “Esta edad  no dura nunca lo suficiente para el uso que se debe hacer de ella, y su importancia exige una atención sin descanso; por eso insisto en el arte de prolongarla”.




¿Fue Hemingway un eterno adolescente? En cierta medida lo fue, su inestabilidad emocional era producto de la bipolaridad que lo hacía pasar de la alegría a la tristeza en un salto abrupto. Cuando en su vida aparece Elizabeth Hadley Richardson quien lo construye como persona, todo queda determinado, ella lo apoya económicamente y lo estimula. Por entonces publica su primer libro (1923) con 3 historias y 10 poemas, que ella financia, viven en un departamento donde el polvo del  aserrín del aserradero del fondo, que entraba en todo el ambiente, hacía imposible respirar. Escribe artículos para el Toronto Star como corresponsal europeo y visita por primera vez España para asistir a los sanfermines. La vida cambia cuando nace su primer hijo -John Hadley Nicanor-, en norteamérica, allí surge el otro Ernest, un padre ausente que no se acostumbra al nuevo rol. En medio de esta crisis emerge Pauline Pfeiffer, que juega de amiga y termina quedándose con el Hemingway triunfante. Ya para entonces Ernest sabía que su futuro estaba declarado y las mujeres caerían rendidas a sus pies.

La historia volverá a repetirse con Martha Gellhorn y Mary Welsh, quienes serán las víctimas de un Hemingway dominador. En el medio de las luchas en la cama estarían Jane Mason, Ava Gardner, Leopondina Rodríguez, Valerie Hemingway (de soltera Danby-Smith), Adriana Ivancich, Fernanda Pirovano, entre otras.




La pasión, el sexo, el éxito y la gloria dejaron a Hemingway en la cima de una carrera que seguirá vigente a lo largo del siglo XX, recordando cuando París era una fiesta.



Friday, October 25, 2024

LAS CORRIDAS DE JULIO EN PAMPLONA

 Decir Pamplona es hablar de Hemingway. Acaso Ernest inventó las corridas y los españoles no lo sabían. Tal vez él no se dio cuenta que la fiesta comenzaba cuando llegaba a la ciudad de los Sanfermines y nadie pensaba que eso era una locura.

Mariano Barragán, otra vez nos trae una crónica que la podemos leer en castellano, gracias a su voluntad. Los dejo con el relato.

José María Gatti

LAS CORRIDAS DE JULIO EN PAMPLONA



Del Toronto Star Weekly, 27 de octubre de 1923

En Pamplona, ciudad asoleada de blancos muros, situada en las estribaciones de los Pirineos, se celebran todos los años durante la primera quincena de julio, las corridas de toros más importantes.

Allí concurren los aficionados a los toros de toda España. Los hoteles duplican sus precios y es difícil encontrar alojamiento. Los cafés tienen llenas de gente las mesas, puestas bajo los amplios portales que rodean la plaza de la Constitución, y en cada una de ellas se ven el típico sombrero cordobés, la oscura boina navarra y vasca y el sombrero de paja madrileño.




Jóvenes morenas de ojos negros, verdaderamente atractivas, lucen con gracia mantones y mantillas de encaje negro sobre sus hombros y se pasean con su acompañante por el angosto y siempre concurrido pasillo que forman las mesas que están bajo los portales y en la iluminada plaza. La gente baila durante las veinticuatro horas del día en las calles. Grupos de campesinos con camisa azul bailan detrás del tamboril, chistu, que es una especie de flauta, y toda suerte de instrumentos de viento que interpretan el riau riau, antiguo baile vasco. Y por la noche la gente baila al compás de la música de bandas militares en el amplio cuadrado que forma la plaza.

Llegamos de noche a Pamplona. Sus calles eran un hormiguero de parejas bailando. La música estallaba en todas partes. Fuegos artificiales se disparaban desde la plaza. Ningún carnaval de todos lo que he visto puede compararse con estas fiestas. Un cohete estalló sobre la plaza; su explosión produjo un gran resplandor, y su cola cayó silbando y dando vueltas. Las parejas de baile castañeteaban con sus dedos, hacían perfectas mudanzas con los pies y movían el cuerpo y los brazos al compás de la música. Algunas chocaban contra nosotros mientras esperábamos alcanzar nuestras maletas que estaban en la cubierta del autobús que nos llevó de la estación al hotel. Por fin no los entregaron y entramos en dicho establecimiento.




Con dos semanas de antelación habíamos pedido por telégrafo y por carta que nos reservasen dos habitaciones. Pero nos encontramos con que no las habían reservado. Nos ofrecieron un angosto cuarto con una cama que daba al patio de la cocina; teníamos que pagar siete dólares diarios por persona. Hubo la correspondiente discusión con la dueña, que, de pie ante el escritorio, apoyando las manos en sus caderas y sereno su aplanado rostro moreno, nos dijo en un lenguaje con más palabras vascas que francesas, que tenía que ganar dinero para todo el resto del año en aquellos diez días; que no le faltaba huéspedes y que pagarían lo que ella les pidiese. Nos ofreció una habitación mejor por diez dólares diarios por persona. Respondimos que era preferible dormir en una pocilga. Dijo que lo dudaba. Insistimos en que ello era preferible a hospedarse en su hotel.  Los ánimos se calmaron, La dueña estuvo meditando un rato, y nosotros nos mantuvimos firmes. Hadley estaba sentada sobre el equipaje.

-Bueno, les buscaré habitación en una casa particular, y pueden comer aquí si lo desean.

-¿Qué nos costará?

-Cinco dólares.

Selección y traducción Mariano Barragán.



Tuesday, September 17, 2024

DÍAS DE RADIO

 



Mi amigo Carlos me llama a las cuatro de la mañana. Nunca descansa como una persona normal. Tiene un reloj diferente y cree que todos funcionan como él. "Tengo una joyita para vos, se la compré a una vieja yanqui que vive en mi edificio. Está por volverse a Estados Unidos y liquida todo", me dice.

Nos encontramos en el Florida Garden, sobre la mesa hay una bolsa negra de consorcio. Pide dos cafés antes de empezar con el parlamento. "No tenés que pagarme nada, es un regalo por todo este tiempo que nos conocemos. Un amigo es un amigo", expresa con euforia. 




Abre la bolsa, me mira y dice: "Es igual a la que  usaba Hemingway en Cuba, tiene fecha de 1951, todo original, funciona perfecta, es una Zenith Transoceanic" .



 Le digo que Papa escuchaba todos los días, a las 6 de la tarde, el noticiero de Estados Unidos y el informe meteorológico, junto a Gregorio Fuentes y Juan Pastor. Le hablo de un cuento muy lindo de Hemingway: El jugador, la monja y la radio. La historia se desarrolla en un hospital que funciona en un convento. La trama se focaliza en un jugador mexicano llamado Cayetano, que recibió un disparo en un pequeño pueblo de Montana, una monja que aspira a ser santa y un escritor llamado Frazer que está enfermo y escucha la radio permanentemente.

La historia fue llevada a la televisión en 1960. La versión fue protagonizada por Eleanor Parker, Richard Conte y Charles Bickford.




Carlos me pregunta: ¿Te sorprendí con esto, no?. Totalmente, es un gran regalo, respondo.

Salimos del Florida Garden. La calle Florida está a pleno. Nos despedimos. Anochece en Buenos Aires.