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Tuesday, March 17, 2015

MINIRRELATOS HEMINGWAYANOS



  Para recordar a Hemingway no se necesita un mamotreto de 5000 páginas.  Si nos atenemos al código de la frase corta y directa, nada mejor que incursionar en el microrrelato. En rigor, hoy la literatura que cada vez más avanza hacia esos insoportables 140 caracteres, nos obliga al desafío de ser expertos en pocas palabras. David Lagmanovich sostiene: “La noción de brevedad ronda siempre las consideraciones sobre minificción. Aunque la brevedad no sea, no con mucho, el único rasgo que es necesario observar en estas brillantes construcciones verbales, resulta lógico que para el lector común, e inclusive en cierta medida para el escritor, resalte de manera especial. Fue, en efecto, la primera característica que llamó la atención de lectores y críticos de esta forma literaria: la que primero produjo desconcierto y, a partir de allí, admiración.”
 
  “Ocurre, sin embargo, que tal noción es eminentemente subjetiva. Se puede considerar “breve” un relato de ocho o diez páginas, pero también lo será uno de un par de páginas, e igualmente –y con mayor razón- algún texto de extensión aun menor, que podremos describir en función de un determinado número máximo de líneas o de palabras, y no de páginas ni de párrafos.”



  Desde esta perspectiva, la idea de homenajear a Hemingway a través del microtexto, es una idea sumamente valorable y, en ese aspecto, reunir 150 relatos hiperbreves una aventura que a los hemingwayanos nos llena de placer. Recibir entonces la expresión de 150 microrrelatos, agrupados en el Concurso de Narrativa. Homenaje a Ernest Hemingway, con motivo del 75 aniversario de la publicación “Por quién doblan las campanas”, organizado por www.artgerust.com, es una pincelada de felicidad emocional que deseamos compartir con todos nuestros amigos. El libro saldrá a la venta en los próximos días y nada mejor que contactarse con la editora a través de su página web. Como adelanto y para no quebrar el hechizo damos a conocer los ganadores del certamen y la nómina de todos los participantes.




Primer puesto: microrrelato ganador, premiado con 1 ejemplar de “Por quién doblan las campanas”, 1 ejemplar de la antología del propio certamen y un lector de libros electrónicos de última generación.

ESA TARDE


En el bar había únicamente una persona sentada en un rincón, con una botella de vino. Tom mencionó a Faulkner y a Steinbeck, y 
yo le hablé de Hemingway y su relato “Los asesinos”.
—El mejor —dije.
Al escucharlo, el hombre se acercó tambaleándose.
—¡Pero 
si es Andreson!, ¡Olé, Andreson! —exclamó Tom.
—¡Shhhhiiiiiii! ¡Callaos! ¡Qué sabréis vosotros!
—Hace mucho que no te vemos en 
el ring —continuó John.
—¡Shhhiiiiiiiii! Silennnnnciiiiiiiio. Ahora me llamo Joe. ¡Shhhiiiii! ¡Solo Joe! Me persiguen. Lo supe antes de 
que Nick me avisase. Y todo por ese asunto del combate amañado. Conocía a esos tipos. Su forma de vestir, su mirada. Los 
estuve observando antes de entrar. ¡Hip! ¡Valientes matones! Vi también cómo trataban a George y al negro. Eran unos estúpidos. 
Estaban allí hablando y hablando. Como fanfarrones. ¡Malditos! —dijo.
Después, hizo un gesto con la mano y lo vimos desaparecer 
en la oscuridad de la calle mal iluminada.

Autoría: alejandroseneca




Segundo puesto: premiado con 5 libros del propio certamen.

HEMINGWAY CLÓNICO. ESTANCIA EN EL MADRID DE FINALES DEL SIGLO XXI.

Mediodía. Intento editar un vídeo en la habitación del hotel. No cesan los gemidos de mujer procedentes de la estancia contigua.
Incapaz de terminar mi tarea, salgo al balcón. Afuera tiene lugar la enésima manifestación. Otras muchas se suceden. Las 
temáticas son variadas y diversas.
Enciendo el holovisor, asumiendo que hoy no subiré nada a mi Cuenta Social. El Presidente de la República da un discurso. 
Carente de ideas y vacío de contenido, como siempre. La comparecencia de la oposición no es más halagadora. Prosigue el 
noticiario con las declaraciones de un actor venido a menos. Duda de la veracidad de las imágenes del atentado yihadista de ayer 
y acusa al Real Madrid de estar detrás del montaje.
Apago en cuanto se produce el acalorado debate de “Generación Viceversa”. No estoy de humor para escuchar estupideces sobre 
tangas.
Sinceramente, no sé qué le vio mi antecesor a este país.
Nación cainita donde las haya, siempre abocada a la autodestrucción.

Autoría: 
javierzamora






Tercer puesto: premiado con 3 libros del propio certamen.

BALAS

—¿No os dan miedo las balas? —preguntó el periodista ruso.
—Qué va —contestó tomando una bala entre sus dedos y golpeándola contra su pecho varias veces—, nos da miedo la velocidad a 
la que vienen las balas.
Las risas resonaron en la cueva donde estaban apostados. Uno de los brigadistas tuvo que levantarse para aliviar la tos hasta la 
boca de entrada, aspiró una calada de su cigarrillo y lo arrojó entre los árboles, que permanecían húmedos después de la llovizna. 
Desde allí pudo contemplar el puesto fascista junto al puente.
—Es cierto, me han dicho que lo que da miedo es el sonido de las balas cuanto llegan —dijo el periodista, tal vez para demostrar 
que no se había enfadado.
—Si oyes el silbido de una bala es que ha pasado de largo y sigues vivo. Procura escuchar las balas.
Los rostros de los brigadistas tomaron un aire solemne. Quedaron en silencio contemplando el suelo.





Autoría: juanillo




acajigas, Un daiquirí y unas láminas fritas de plátano
adolfomarchena, Cuba era una fiesta
aguajilva, El sacristán y el señor Hemingway
akashavalentine, Café des Amateurs / Nota al pie de página
albym19232426, Doblan por ti
alejandroseneca, Esa tarde
alfredo, Hemingway con los chicos del barrio
alvparalv, El repicar de la trucha arcoiris de Lewiston
anagavila, El pescador
annadarvulia, El tablao flamenco / El sueño
antonioverne, Cierto día… alguien llamado Ernest
antorgar, A REBATO
aquarius, Armas fugaces
araarceo, De oficio: escritor
arnauld, Viejo Perdedor
asfare, Perdón
aw1s, El joven y el mar
barata, En aquel Gran Hotel
beatrizmenendez, En blanco
beatrizvillar, Que las campanas doblen por el amor
bluebell, En las trincheras
brempa, Colinas como el infeliz Francis Macomber
bsfernandobarba, San Fermines
caramela, Sin retorno
carma, El viejo y el mal
carorpar, Bebimos a la salud del difunto Ernie
ccharly, Duelo de vasos / No es cuestión de suerte
cefe, Pesadilla
cesaralberto, El pescador de estrellas
chamulano, Nieve de metralla
chencho, Hemingway
ciomerco, Tarde de toros
cloudandstar, Hadley, Poulin, Martha… y Mary
cobalto, La mar de viejo
consai, Recuerdos
coraza, «Absentoso» relato
damaris, Mi compañero de sueños
danzante, Ahora vuelvo
deividdigiel, El viejo
demayorescritora, La tormenta
druso, Ojos azules
elentedelpreventorio, ¡ ¡ E l E p i c e n t r o E n H e m i n g w a y ! ! / M o z o ” H ”
elorivelentopretende, Pugilato Del Señor
fausto, Delación
fernandogmaroto, Víspera
figurante, Por la Place Jules Joffrin
franja, Aguas primaverales en el jardín del Edén
franjavi, Últimas campanas
franlove, El final que antecede a la eternidad
florgreen, Paris ya no es una fiesta
gabycrow, En un bar
gabyvaz, Me hubieras avisado antes de enamorarme del océano breve de tu prosa…
gatonegrodepoe, El día que soñé con Hemingway
georgina, Evocando el recuerdo
germanvalle, El puente
hamleto, Por ti
heartshapedcoffin, Corridas que nadie lo sepa
hagiasophia, Aerostación privada
helen, Luces y sombras, así pasa la vida…
herdagrio, Viajes de nostalgia
horizonte, El juego sin miedo
iossiffvanvalens, No mires atrás
jacobovalcas, Demonios
javierzamora, Hemingway clónico. Estancia en el Madrid de finales del siglo XXI / Hemingway clónico. Cibertoros en la Pamplona de finales del siglo XXI
johnargano, La gran pesca
johnnycito, Receta
jorgetimana, Un oasis en la Habana
jtj-san, Guerra I
juanen66, Diálogo
juan-fran, Ven a tomar un vaso de vino
juanillo, Balas
juingo, El duelo
kakos, Un buffet limpio y bien iluminado
kingm, Un Ataúd de Hielo
karmelosierra, Celebración sin sermón
lamangadelmarmenor, Mobiliario
laniñadeespuma, Brigadista
leandrorq, Made in Universe
lelio, Contendientes
lindastar, En la contienda
lolamoreno, The song of Death
lorenzodiscreto, Serendipia
luciodecirene, Disparos
luisahg, El pescador
luisalessandro, Las campanas doblan por él
pardi, El hálito del coraje
peru2015, El sueño del pez
pikadili, El hijo pródigo
macalvagan, Verdes colinas
marcinyuk, Dúo de insomnios (Ahora me acuesto)
marianelaalegre, 10% de inspiración, 90% de transpiración
maritetilves, Personaje desconcertado
marquesdeserrano, Escopeta Boss calibre doce
maruselatalbe, El anuncio
majemaca, Nacido escritor
mateorio, Tras los pasos de Hemingway
matices, El grito
mbadi, Domingo
midnightrider, Comeremos juntos en Teruel
minguez70, Homenaje a Ernest
mobyma, El hombre parecido a Hemingway
moonifang, Doble lectura
nadialee, Iruña
nikoprzewalski, Ernest
noctivago, El llanto del Sacré Coeur
noentiendonada, Amor y muerte
nosoyviral, Ella no lo sabe
nuriadeespinosa, El replicar de las campanas
odmienny, Actúa una mujer
ohladybegood, Una mariposa arde en la llama de la bujía
olivetti, Dos herramientas de trabajo
orwell, La isla
oso2000, No es mi guerra
pepesanchis, Carta a María
pequecuentista, El viejo, el pez, el mar y yo
pipin, Recuerdos de un muchacho
ponce, Hoja en blanco
relmu, Un iceberg entre la vida y la muerte
rexluscus, Trofeos
rguillenalonso, Una divertida paradoja
rick, La imborrable memoria de toda una vida
r.j.dani, Adiós al fuego
robertomonzo, Fiesta
rodrigoalejandro, El sendero del fin
sanymg, Muerte en la tarde
saudade1, Un merecido premio
semuret69, Balanza
sheirezade, La pregunta de lúgubre tañido
simonpablo, Fulano
soligarvi, El viejo y la mar
sombradenadie, Trofeos de Guerra
soniabelen, Delírio histórico
stenzes, El último combate
sylirama, El generoso Neptuno
targarian, Infierno
tioandres, ¿Estuve muerto?
tomicar, Un bourbon más
trinitypriest, Conciencia de propiedad
trynyka, Recoger calabazas
uutopicaa, Se fue
vigia, Campanas silentes
voila, Penurias
xabierlaganzua, El barbero de don Ernesto
zacakess, Sin lugar para los débiles
zariguella, Mac-Paps




Las características del libro homenaje a Ernest Hemingway son:

Antología de Varios Autores
Ilustrador: www.artgerust.com
Corrector: www.artgerust.com
Editor: www.artgerust.com
Referencia: Artgerust
Género: Literatura
Temática: Narrativa hispanoamericana contemporánea
Idioma/s: Español
Formato e ISBN: Rústica con solapas // 9788416371976
Editorial: www.artgerust.com
Prólogo de Ana Belén F. Peña, Editora de ArtGerust












Wednesday, February 11, 2015

RICARDO KOON Y EL ÚLTIMO LEÓN







 Hace tiempo que Ricardo Koon viene luchando con la publicación de su libro. En más de una oportunidad hablamos de la dificultad para llevar a cabo esta tarea. Sin embargo, hoy podemos decir que tanto esfuerzo tuvo sus frutos y un volumen de mil páginas está a la consideración de todos nosotros. Es importante destacar que el sacrificio le llevó a Ricardo más de 40 años, toda una vida dedicada a Hemingway. A los hemingwayanos que seguramente estarán con ganas de conocer estas páginas los invito a contactarse con el autor.
  Lo que sigue es el prólogo de su obra que gentilmente Koon nos autoriza a publicar como adelanto.




 Vi el filme El viejo y el mar, protagonizado por Spencer Tracy cuando cumplí
diez años de edad, y mi padre me compró el libro tiempo después.

  Cuando fueron pasando los años sentí una deuda con ese viejo pescador de
cuya vida no sabía nada. Viajando un día a La Habana/Cuba, entré en el
mundo de Gregorio Fuentes, quien junto con el periodista Fernando González
Campoamor, me llevaron por ese hilo de historias de los momentos que
vivieron junto a Papa Hemingway.

  Aunque algunos hechos sean dolorosos, en este libro traté de contar la vida
de Ernest Miller Hemingway como si fuese él mismo el narrador; con tanta
exactitud y honestidad como fuese posible. Tomando referencias de sus
trabajos periodísticos y literarios; revisiones de cartas, apuntes y aportes
documentales de otros investigadores y testimonios circunstanciales,
puntuales o de momento, de aquellos que lo conocieron, cuyos nombres y
algunas obras figuran al final de este libro.

  Es un volver a recorrer los caminos por los que Hemingway peregrinó con esa
profunda disposición a la vida intensa. Esa vida que él vivió y terminó a su
manera. Esa vida que importa porque su obra importa y no tiene sentido
pretender que ambas cosas no estén relacionadas aunque no es mi interés,
en este volumen, el realizar un estudio minucioso y completo sobre sus
obras. La negativa de Hemingway a trazar una línea entre su vida y sus libros,
entre el actor y el espectador, fue el manantial de su fuerza, pero también
fue el motivo del ocaso de sus escritos en los últimos años.

  El carácter y la historia personal del escritor influyen sobre lo que escribió y
cómo lo escribió, y cuanto más se sepa sobre su vida, mejor podremos
comprender su obra. Y si de literatura se trata, siempre estará él. No por ser
el mejor, simplemente porque es ¨Él¨.

  Como mencionó James Joyce: Es un campesino grande y poderoso, tan fuerte
como un búfalo. Y listo para vivir la vida sobre la que escribe. Nunca la
hubiera escrito si su cuerpo no le hubiera permitido vivirla. Pero los gigantes
de esa clase son verdaderamente modestos: hay mucho más detrás de la forma
 de Hemingway que lo que la gente cree.





  Detrás de todas las máscaras -sus poses, sus arrebatos de agresividad, 
y sus cambios de personalidad por su bipolaridad-, existió un Hemingway que buscó
sobrevivir, y protegerse a través de su capacidad de creación literaria.

  Siempre fue un hombre abierto en sus expresiones, hayan sido o no
correctas; manteniéndose al margen de organizaciones políticas. Fue un
constante trabajador, y admiraba y respetaba todo trabajo bien hecho;
amaba la justicia y detestaba el abuso. Fue honesto en su profesión y -como
algunos de sus personajes-, estableció un código ético personal sobre la base
del honor, la verdad y la lealtad. Pero al final, el código le falló en estos tres
puntos, y más grave aún, sintió que le estaba fallando su arte. Aunque tuvo
algunas fallas como todo ser humano, hubo algo que nunca le faltó:
integridad artística.

  Este libro autobiográfico es una amplia investigación de hechos
documentados y no documentados (fechas, comprobación y verificación de
hechos), realizada durante los últimos cuarenta años; basada en la idea de
que éstos hablan por sí solos si se presentan con suficiente detalle,
concentrándonos en la ¨vida pública del biografiado¨ e intento transmitir una
idea del ser humano que hay tras esa máscara pública: ver el mundo a través
de los ojos de Ernest Hemingway y de transmitir esa experiencia al lector. Y
entender su vida, aunque más de una vez se encontrarán piezas o fechas que
no encajen.

  Siempre que me fuese posible, dejaré al escritor, a su familia o a sus amigos
contar sus propias historias, citando o parafraseando palabras.

  Hemingway luchó para imponer su ficción logrando convertirla en realidad,
pero no pudo superar su propia victoria y se derrotó a sí mismo. Cuando ya
no pudo escribir, producir alquimia y misterios en sus relatos; ¨sentía la
soledad de la muerte que viene al final de cada día perdido en la vida¨, la
única alternativa que le quedó fue el silencio.




  Aquella madrugada de verano, cuando puso fin a su existencia; Hemingway
no sólo se mató como correspondía a su vida y sus obras; sino de la única
muerte posible para él: su experiencia, sus escritos, su existencia y su esencia
se hicieron una. Se mató mucho, me dijo una vez mi amigo, el escritor
argentino Osvaldo Soriano, y la eterna puta -como Hemingway definía a la muerte-, ganó
finalmente la partida.

  Otro hemingwayano ¨frustrado aventurero que nunca se animó a largarse
por el mundo¨, el escritor Haroldo Conti, mi profesor de la Universidad en los
años setenta y desaparecido durante la dictadura militar argentina, con
quien discutí la teoría de Hemingway según la cual un relato debe ser como
un iceberg, con tres cuartas partes de él sumergida, me dijo que había hecho
suya una frase del escritor: El talento reside en cómo uno vive la vida. Así
pues, para hablar de su vida, inevitablemente debo comenzar con su muerte.

  Muchos periodistas crearon una imagen falsa de Hemingway y él los ignoró.
Fue un hombre sencillo que respetó la verdad, las cosas simples y la
honestidad. Un hombre que comía y bebía más a gusto en compañía de
pescadores, boxeadores, jugadores de béisbol y gente común, que con
escritores o intelectuales. No fue ninguna excepción, tuvo muchas fallas y
virtudes como cualquier otro ser humano. Se enfrentó permanentemente a
su imagen en el espejo, y cuando ya no pudo seguir haciendo las cosas que él
quería… cazó al último león.

  Hemingway dijo que para él no existía sino una manera de explicar las cosas:
decir toda la verdad acerca de ellas, sin callar nada; decir al lector la manera
en que todo sucedió realmente, el éxtasis, el dolor, el remordimiento y el
estado del tiempo, y con un poco de suerte, el lector logrará llegar al centro
mismo del asunto. Así pues, como mencionó Aarón E. Hotchner en su libro
Papa Hemingway, es lo que trataré de hacer, sin callar nada, y tratar de
acercarme al porqué.



  A cincuenta y cuatro años de su muerte, sigue siendo imposible separar la
vida de la obra de Hemingway sin tener presentes los hechos principales en
su biografía: el hombre se hizo inseparable de su leyenda.

  Habrá mucho material que tal vez no fue tenido en cuenta en biografías
anteriores, y con esto se justifica la redacción de una nueva; aunque una
montaña cargada de documentos no bastaría para hacer una buena biografía
si sirviera solo para enterrar el tema bajo montones de datos.


Ricardo A. Koon /  caeventur@gmail.com

Tuesday, January 20, 2015

EL CUENTO DE LOS SUBMARINOS



  La fama de mentiroso siempre acompañó a Hemingway. Estaba claro que a Ernest le gustaba jugar y gozaba con las confusiones y desmentidas. Era una de las múltiples caras que el norteamericano utilizaba para estar en las primeras planas de los diarios o en los chistes baratos de sus colegas.    




 Cuando se hablaba de los submarinos alemanes que merodeaban las aguas caribeñas, el viejo barbudo reía y trataba de crear cierto misterio cómplice. ¿Hubo submarinos alemanes en la cayería de Romano a principios de 1942? El novelista, por entonces, había mantenido una serie de reuniones con funcionarios estadounidenses en La Habana y acordado planes y proyectos que finalmente se desestimaron, aunque sí aceptaron los representantes del gobierno que comenzara a prepararse su embarcación para navegar en las costas de Cuba buscando submarinos. ¿Locura, estrategia militar, servicio secreto, placer guerrero? Lo concreto fue que el Pilar entró en los astilleros de Casablanca y se le incorporó dos nuevos motores para agilizar su movimiento, pero no prosperó el deseo de Hemingway de colocarle sobre la cubierta dos ametralladoras calibre cincuenta y mamparas de acero. Con toda la artillería -fusiles antitanques, granadas, armas cortas y largas, planta transmisora- Hemingway y sus muchachos pasearon dos años por la cayería de Romano. 








 Enrique Cirules, un especialista cubano sobre éste y otros temas relacionados con la vida de Hemingway,  revela que:  Tan pronto como se supo que los submarinos alemanes habían hundido a dos mercantes frente a los cantiles de Romano, Hemingway, con su yate, y aquel selecto grupo de amigos, dejó el extremo occidental de Cuba, los accesos al golfo de México, el estrecho de la Florida y la corriente que se desliza frente a las costas de La Habana, para internarse una vez más en aquellos parajes que había explorado desde principios de los años treinta.
  Esta vez, al llegar a la cayería de Romano, conoció en detalle todo lo que había ocurrido: los barcos iban navegando de noche y fueron sorprendidos por los golpes de los torpedos. Los submarinos ya se encontraban allí, en la zona. No se trataba de un rumor, ni de imaginería de los viejos pescadores de la comarca.







   Los tortugueros afirmaban que en ciertas noches los submarinos alemanes se acercaban al cantil, a los sitios donde los pescadores calaban sus redes, sobre todo en la zona de Sabinal, Paredón Grande y cayo Coco.
  Los submarinos también habían sido vistos navegando en la superficie, a la luz del día. Se sabía que sus tripulaciones a veces bajaban a tierra, en busca de agua potable, en las casimbas, y que habían visitado las playas de los alrededores y las cercanías de la Isla de Turiguanó; y que en una mañana luminosa, desembarcaron por los morros de cayo Coco, para internarse por antiguos senderos de corsarios y piratas, y que estuvieron cazando flamencos y venados, y recogiendo plátanos y viandas en los plantíos de un solitario carbonero.
  Existen muchos rumores. Se hablaba de continuos viajes realizados en balsas de goma. De operaciones para recoger bidones de gasolina y comestibles en la costa: y de reuniones con ciertos personajes que se introducían por aquellas intrincadas costaneras en lanchas y goletas, con el fin de establecer conversaciones con los submarinistas alemanes.
   Se comentaba todo eso; pero después de la noche del 12 marzo nadie tuvo dudas de que los submarinos habían comenzado a operar. La noticia se supo de inmediato, cuando todavía los buques se encontraban ardiendo. Se podían observar en la distancia, desde la colina del cementerio de La Gloria City. Desde Port Viaro, Columbia o Piloto City, se notaba con nitidez todo el litoral. Esa enorme espacio luminoso, a causa de los estallidos de los torpedos.
…En los meses en que Ernest Hemingway permaneció en la cayería, se estuvieron realizando también algunas prospecciones petroleras cuyos resultados nunca fueron conocidos. Los pozos eran sencillamente sellados. Años más tarde, algún que otro furtivo cazador, rastreando alguna pieza, afirmaba haberse encontrado, entre la hojarasca, en medio del monte, alguno de aquellos sellos que echaron las compañías petroleras en la zona.
…Entre otras muchas fotos, papeles y cartas, este viejo documento ahora se guarda en los archivos de Finca Vigía. Está fechado el 18 de mayo de 1943, a los pocos días de haber sido hundidos “El Mambi”, el “Nikeline” y el submarino alemán capitaneado por el comandante Dierker.






Favor de dirigir su respuesta a:
Oficina del Agregado Naval y Aéreo
Embajada Americana
Habana, Cuba
18 de mayo de 1943


A quien pueda interesar:
    Al mismo tiempo que se dedica a la pesca de especies para el Museo de Historia Natural, el señor Ernest Hemingway, en su yate Pilar, realiza ciertos experimentos con aparatos de radio. Este *Agregado Naval se encuentra al corriente de esos experimentos; se hace constar que todo está *arreglado y que estos no son subversivos en ninguna forma.


Hayden E. Boyden
Coronel, U.S Marine Corps
Agregado Naval de los
Estados Unidos
Embajada Americana

*Las palabras Agregado Naval y Arreglado están subrayadas en español en el documento original.

Hemingway en la cayería de Romano - Enrique Cirules - Editorial José Martí/1999.


  Como siempre el Hermingway aventurero estaba donde se producían los hechos y así fue su destino.


Thursday, December 18, 2014

LOS AMORES SIN AMORES



  Las señoras de Hemingway de Naomi Word es un texto que en lo personal no me agrega nada. No digo esto con jactancia, simplemente para los que conocemos la vida de Ernest, ésta es una historia repetida. Claro que para los editores y Jon Day del The Telegraph esta obra es “meticulosa, imaginativa y cargada de emoción”, y remarcan: “Las señoras de Hemingway es más auténtica que la mayoría de las biografías”.
  Como vemos para vender a Hemingway siempre el ingenio está a prueba. Sabemos de los amores volcánicos de Ernest, conocemos su fama de seductor enfermizo, podemos acordar que fue un amante desenfrenado, pero lo difícil de diagnosticar siempre será la vida íntima con sus mujeres más cercanas. Sus relaciones con las mujeres fueron difíciles. A algunas sacó de quicio y otras a él le hicieron exactamente lo mismo. Fue Ernest Hemingway un hombre complicado que esperaba del otro sexo mucho más de lo que recibía, quizá porque mientras deseaba un matrimonio feliz y ordenado, se soñaba envuelto en un harén.
  



  Hemingway, así, fue un amante y esposo de tiempo completo y tuvo, sucesivamente, cuatro esposas. Dividida la obra de Naomi Wood en cuatro partes, que se corresponden con los años de juventud del escritor norteamericano y con su lento declinar hacia una depresión devastadora, en Las señoras Hemingway la autora compone una novela polifónica y de tono coral donde la voz de estas esposas recrean, de manera emotiva y vivaz, escenas de la a veces difícil vida conyugal  que disfrutaron junto al escritor.
   Así era el paraíso según Hemingway, un hombre que no quería renunciar ni a la comodidad del hogar ni a la diversión de una aventura. Por eso se casó cuatro veces y se vio envuelto en varios triángulos amorosos donde la pasión tarde o temprano dejaba paso al dolor. Primero vino la dulce Hadley Richardson (1921-1927), de quien se divorció en el París bohemio de los años veinte. Luego Pauline Pfeiffer (1927-1940), más tarde se abrió paso a la intrépida periodista de guerra Martha Gellhorn (1940-1945) y finalmente Mary Welsh (1940-1961), la reportera que acompañó a Hemingway durante sus últimos años. Trenzando estas cuatro voces tan próximas al gran escritor, Naomi Wood retrata a un hombre que sabía seducir con las palabras pero era reacio a pactar con la realidad de un amor de muchos días.



    Hace ya unos años se publicó un libro titulado La buena vida según Hemingway, de su buen amigo A. E. Hotchner, que nos acerca a su sentido hedonista de la existencia, y particularmente a su pasión por las mujeres que definitivamente nunca entendió, y que sobre todo le desconcertaron.
    En la obra aparecen una serie de reflexiones en las que intenta demostrar que conoce a las mujeres, pero que en el fondo demuestra su desconocimiento. Como ésta en la que dice que “lo que hace que una mujer sea buena en la cama es lo que la imposibilita para vivir sola; a las fuertes les gusta vivir solas: incluso cuando viven con un hombre están viviendo solas”. O esa otra no menos desconcertante: “Poco sexo es que las tienes olvidadas; demasiado es que estás obsesionado; Jesús, los hombres deberían recibir una lectura actualizada de los ánimos femeninos (…) Pero no intentes encontrar una mujer fácil: te matará de aburrimiento”. Y aún esa tercera no menos sarcástica que sugiere vileza: “Cuando una mujer siente alguna culpa, tiende a liberarse de ella echándotela encima”. Al menos hay un pequeño acto de generosidad en la sentencia que resalta: “La única cosa constructiva que he aprendido sobre las mujeres es que no importa cómo se hayan vuelto al final, debes recordarlas sólo como fueron en su mejor día”.






   Hemingway amaba la estabilidad del matrimonio. Como escritor, se encontró con que sus nervios estaban más tranquilos al saber que había alguien allí para protegerlo del mundo. Pero su escritura se vio impulsado por la emoción, así que él también necesitaba la novedad de otras mujeres. Y él no se sentía en la obligación de conciliar estas contradicciones. En una ocasión le dijo a F. Scott Fitzgerald que su visión del cielo comprendía dos casas hermosas en la ciudad, uno que contiene su esposa e hijos, donde iba a "ser monógamos y amarlos verdaderamente y bien", el otro "donde yo tendría mis nueve hermosas amantes en nueve plantas diferentes".





  Hemingway fue "un hombre de muchas mujeres", cuatro sólo para la estadística. Durante los 40 años transcurridos entre su primera boda y su prematura muerte en 1961 él también acumuló un buen número de amantes, debido a su magnetismo irresistible. En esta obra de ficción, nos encontramos con sus cuatro esposas obedientes, cada uno pensando que iba a durar para siempre...hasta que llegó la siguiente.

 



   Si ustedes no sabe nada acerca de Ernest Hemingway, su vida, obras o desaparición, este es un adecuado libro para iniciarse como hemingwayano. A veces me pareció muy lento  de ritmo y tuve que parar y comenzar de nuevo. Una vez que empecé a verlo más como una historia novelada me convencí que era bueno envolverlo en un toallón y llevarlo a la playa. No tomen esto como una crítica despiadada. Hagan su propia experiencia y después sigamos hablando del siempre seductor Ernest Hemingway.




En el momento de cerrar estas líneas recibo la noticia del desbloqueo a Cuba. Pensé en Hemingway y esa desdichada fuga de la isla. El tiempo ha dejado cicatrices y huellas. La vida es un viaje.









MUY FELIZ AÑO 2015



Thursday, November 13, 2014

LA MÁQUINA DE ESCRIBIR DE ANGELINA JOLIE



 La retribución económica por mi primer trabajo periodístico fue una máquina de escribir Olivetti Letrera 32 de color verdemar. Me había acompañado durante seis meses en el Departamento de Archivos del diario Crónica y cuando mi contratista me dijo: “es tuya”, sentí una enorme emoción. Transcurría la década de los ´70 y no todos teníamos la posibilidad de contar con un instrumento de alta tecnología. Mi padre me había prometido que para “más adelante me iba a comprar una” pero todo quedó en promesas. Todavía, a pesar de los años, recuerdo el sonido del teclado mientras escribía y ese martilleo contra la cinta bicolor roja y negra. Y ni qué hablar del duro mecanismo y del choque frecuente de las paletas metálicas que llevaban la letra disparada hasta el papel. Pero uno cargaba esa maleta de estuche plástico con orgullo acreditando, un superpoder, una diferencia sustancial entre esos periodistas que escribían en anotadores.



 Las cosas cambiaron y ya nadie se acuerda de los artefactos mecánicos portátiles, salvo los nostálgicos que piensan en un pasado romántico. Es el caso de Angelina Jolie quien quería hacerle un regalo de bodas muy especial a Brad Pitt. La actriz sabía que su pareja hacía bastante tiempo estaba en búsqueda de un tesoro: la máquina de escribir de Tennessee Williams. 




Convencida en dar el primer paso, se contactó con Steve Soboroff, dueño de una increíble cantidad de máquinas de escribir, incluyendo las que pertenecieron a  John Lennon, Marilyn Monroe, Joe DiMaggio, Jerry Siegel. La de Tennessee no estaba a la venta pero, en cambio, le ofreció la Ernest Hemingway. Se trataba de la última máquina de escribir que utilizó Ernest Hemingway antes de suicidarse. Jolie le gustó la idea y desembolsó 11.000 dólares de anticipo para quedarse con la reliquia, más cuando se enteró del precio real de la máquina, le temblaron las piernas: 250.000 dólares. Sin pensarlo demasiado la actriz desistió de la operación. 




  Cabe señalar que la esposa de Pitt no pidió el reembolso del dinero, pues ya no quería la máquina de escribir; no obstante, Soboroff le devolvió el monto depositado.
 Jolie, de todos modos, gratificó a su marido con un lujoso reloj de pulsera platino de la marca suiza Patek Philipe, una de las más prestigiosas del mundo, y este pequeño obsequio reemplazó a la monótona tecleadora.




Friday, October 31, 2014

LA NEGRA QUINTA COLUMNA



El término quinta columna, para aquellos que no lo sepan, se refiere al enemigo infiltrado entre la propia población.

La expresión Quinta Columna se le atribuye al general Emilio Mola cuando al referirse en una locución radial de 1936, al avance de las tropas sublevadas - luego llamadas fachas…-, en la guerra civil española hacia Madrid, mencionó que mientras bajo su mando cuatro columnas se dirigían hacia la capital (la que avanzaba desde Toledo, la de la carretera de Extremadura, la de la Sierra y la de Sigüenza), había una quinta, formada por los simpatizantes del bando sublevado que dentro de la capital trabajaban clandestinamente en pro de la victoria franquista. La expresión se usa desde entonces para designar a un conjunto de personas potencialmente desleales a la comunidad en la que viven y susceptibles de colaborar de distintas formas con el enemigo.

Esa idea y expresión pasó seguidamente a todas las guerras posteriores, como en la Segunda Guerra Mundial, y se llamó así a los franceses que, residiendo dentro de Francia, esperaban en 1940 el triunfo de la Alemania nazi. Dicho término se extendió en Holanda y Noruega para los ciudadanos que mostraban más simpatía y lealtad hacia el Tercer Reich, apoyando la invasión de sus países de origen. Del mismo modo, simpatizantes del Eje consideraban a los partisanos que combatían clandestinamente al fascismo en sus propios países como una quinta columna.

Uno de los factores principales por las que se generan estos grupos es la inadaptación. La sociedad occidental es compleja, las interacciones sociales, económicas, emocionales, entre otras, son abiertas y requieren de una cierta habilidad aprendida para poderse manejar con cierta eficacia. No disponemos de criterios rígidos y estrictos, ni apelamos en lo cotidiano a ninguna creencia sagrada para actuar de una u otra forma. Además es una sociedad en un permanente estado de evolución y cambio, no siempre para bien pero es así. La inadaptación lleva al aislamiento y al vínculo con el propio grupo conocido, y justamente porque se carece de los instrumentos adecuados, debido a la inflexibilidad cognitiva y a los contenidos engramados para actuar con resolución, se produce una reacción de odio hacia ese mundo externo. Mundo al que se desea atacar para estructurarlo en función de las propias necesidades.




Otro de los factores vinculados a lo anterior es el pensamiento mágico o el mesianismo, ambos vinculan la realidad terrena, a un objetivo superior, extraterrenal, y eso se convierte en “leitmotiv” permanente. Y por tanto todo vale para que aquello que se lleva inoculado en lo más profundo de la psique, y que no atiende a políticas pedagógicas ni de ingeniería social, se convierta en acción directa.


El drama que recoge Ernest Hemingway en su obra teatral La Quinta Columna pone bien en claro este camino de deslealtades, Hemingway explica en su prólogo los motivos que impidieron la representación en su oportunidad: “El empresario murió mientras seleccionaba al elenco y su sucesor se vio envuelto en dificultades financieras.” La obra después de muchos vaivenes  se representó en Nueva Cork, en 1940, cuando ya se había terminado la tragedia española. La Quinta Columna, hace alusión a la declaración de los Rebeldes españoles, sobre que ellos: "tenían cuatro columnas que avanzaban sobre Madrid y una Quinta Columna de simpatizantes dentro de la ciudad, para atacar, a sus defensores desde la retaguardia".

No solo fue escrita durante la estancia de Hemingway en el Madrid republicano bombardeado por los fascitas (la verosimilitud de lo narrado se ejemplifica en infinidad de detalles, tanto en las acotaciones como en el discurso dramático) sino que además el autor la sitúa en los lugares donde estaban sucediendo los hechos. Así, pues, la mayor parte de la obra tiene lugar en las habitaciones del Hotel Florida donde el propio Hemingway estuvo alojado.




La obra es la historia del corresponsal Philip Rawlings, quien trabaja como agente secreto para el bando republicano, y una glamourosa escritora llamadas Dorothy Bridges, inspirada por la legendaria periodista Martha Gellhorn con la que Hemingway tuvo un romance en Madrid y más tarde se casó.

Como siempre la forma en que Hemingway perfila los personajes es única, no tanto la intriga generada a raíz de la labor de espionaje para contrarrestar la acción de los quintacolumnistas.

En el papel del protagonista principal, el agente norteamericano Philip, es imposible no reconocer al propio Ernest emborrachándose en el Chicote (otro de los escenarios históricos que aparecen a lo largo de la obra). También su comportamiento ciclotímico, casi bipolar (distante de día y enamoradizo por las noches), es un fiel retrato de la personalidad inestable y destructiva del propio Hemingway, que años más tarde le conduciría a su trágico final.





La obra de Hemingway contribuyó internacionalmente a que se popularizara la expresión quinta columna con el sentido que le había dado el general Mola en 1936.

Se suele citar también como origen de esta expresión un artículo de Karl Marx de 1848 sobre el levantamiento en París en el que describe cómo operan cuatro columnas de sublevados en la parte este de la ciudad y cómo el fracaso del levantamiento fue debido a que en el barrio oeste de la ciudad no tuvo lugar un quinto foco de rebelión. También se suele citar a Leo Trotsky que, durante la guerra civil rusa creo un “quinto ejército”. Pero el verdadero origen de la expresión quinta columna es español.




En medio de esta suerte de recuerdos, malogrados antecedentes y reflexiones, el artista plástico Diego García Conde nos llama a repensar cierta actitud que observa cuando aparece la “quinta columna” personal, acaso inadvertida, encapsulada o maquillada. Qué tanto vivenciamos cuando nos damos cuenta que esa parte oscura está en nosotros y qué hacemos para desprendernos de ella. García Conde nos alerta a través de sus propias palabras: Me convertí en lector de Hemingway después de visitar Finca Vigía, la casa en Cuba donde vivió Ernest. Hasta allí llegué con Javier Chiabrando, hace ya unos años. Me atrapó su vida de aventura, su personalidad, su capacidad creativa y esa forma de moverse que lo caracterizó. Creo que Hermingway es uno de esos personajes que me dejó una marca, un mandato que en algún momento de mi vida iba a aparecer. Y apareció. Una vez desarmé un espejo ovalado y pinté el primer homenaje a Hemingway que colgué en mi taller y que me acompaña durante las largas noches en que me quedo pensando,  pintando, escuchando música o tomando una copita de algo. Dos por tres le hablo cuando todo es silencio. Nos miramos y nos reímos, nos entendemos en esa complicidad un poco demente que tenemos los solitarios.





En mi taller, a la derecha de mi mesa de trabajo, hay una columna que hace tiempo salpiqué con pintura y entusiasmo, de modo tal que las gotas negras formaron dos pequeños ojos. Me quedé sorprendido, lo miré a Ernesto y le dije: “todos tenemos un quinta columna” y nos reímos.
Durante mucho tiempo de la columna sólo se veían los ojos pequeños, traicioneros y cada vez que los miraba volvía a pensar en mí quinta columna. De a poco ese pensamiento fue creciendo hasta reconocer dentro de mí al enemigo, al infiltrado fascista que cuando menos uno lo espera te quiere llevar a justificar horrores, a torcer tus opiniones y convicciones. Cada vez que reconocía su presencia, desarmaba sus estrategias encubiertas, lo miraba y le sonreíamos con un “alguito” de soberbia. 





Así fue durante años hasta que el otro día con ganas de pintar y sin otro soporte a mano, siendo las dos de la madrugada, entendí que lo peor que le puede pasar a la quinta columna es que la hagamos visible, que le pongamos rostro, que la saquemos de la oscuridad para dejarla en evidencia. Manos a la obra y ahí está, descubierta en su trampa, inmóvil y estigmatizada, espero que  por muchos años.
Lic. Diego García Conde
Artista plástico de Mar del Plata miembro de Azabache arte en vivo e intervenciones colectivas.




Suerte de artista el poder volcar en una tela todo su malestar, lo mismo que un escritor, un músico, un coreógrafo, dones que la vida misma regala para hacer de ella una fiesta. Pero queda una enorme mayoría silenciosa o acaso indiferente que no sabe de esa “quinta columna” y la lleva en su mochila o la destroza en voces, palabras, injurias, vituperios o planes siniestros que terminan con la conciencia partida.



Hemingway nos dejó su sello y todavía está lacrado.





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Friday, October 17, 2014

RENÉ VILLARREAL: UN ADIÓS INTERMINABLE


Se agolpan los recuerdos, los ojos se licuan con el peso de las lágrimas, la historia se llena de momentos fugaces, de escenas cotidianas, de instantes que se eternizan. Sólo la muerte deja el vacío, la extraña forma de una silueta cósmica, algo así como el escenario a oscuras y sin actores, sin texto, sin ensayo. La vida se va entre un manto de neblina y un atardecer rojizo desplegado sobre el mar  caribe; allí mismo donde Luis Eduardo Aute lo desvistió a Hemingway en su delirio. Y en La Habana el viento húmedo arrincona a los pescadores, se renueva en el Malecón para seguir hasta  Finca Vigía y proclamar sin ningún preámbulo que René Villarreal se ha escapado, se ha marchado a encontrarse con Papa porque ya le pesaba la distancia y le faltaba el diálogo. René Villarreal  ha muerto y no vale hacerse el distraído. Al menos yo no quiero, no puedo, no debo; porque me enfrento a ese momento, en el parque de Finca Vigía, al lado suyo, charlando y preguntándole lo que tal vez no quiera responderme porque forma parte de su pequeño mundo; y este cronista sigue insistiendo hasta saber que efectivamente Ava Gardner se bañaba desnuda en la piscina y Don Ernesto regresaba hasta la casona conduciendo borracho desde la ciudad. Pero todo queda en secreto, entre un diálogo de amigos, donde los códigos están garantizados. Y entonces se suma Andrés Arenas Gómez quien ya tiene gimnasia y me dice que René ya dijo todo, y lo veo a  Guido Guerrera tratando de lograr un suspiro más, un último comentario para el cierre de página. Esa escena no es de ninguna película, los actores somos todos nosotros que queremos encontrar un texto para las estúpidas historias que contamos por el solo placer de viborear la autoestima. 





Y René Villarreal nos mira con esos ojos cansados de haber visto pasar por el terreno a otros buscavidas, y sin darse respiro recuerda a aquel niño de 10 años que en 1939 hacía los mandados y daba de comer a los gatos en la finca de San Antonio de Paula y que siete años después ya estaba promovido por Hemingway como administrador. Cómo entonces no creer que el propio Fidel Castro tras la muerte del escritor lo designó administrador del Museo Hemingway. "Vino el Comandante porque estaba interesado en la casa para conservarla, y no se quiso sentar allí por respeto", dice el ex mayordomo, mientras señala con su dedo índice la silla preferida del escritor. Y cómo dudar que René Villarreal cuando sale de Cuba en 1972  deje las puertas abiertas de la mansión y se aleje con lo puesto, con su mínimo equipaje. 




Entonces los recuerdos se agolpan en la mente y una masa de palmeras y flamboyanes se agitan entre libros, trofeos de caza, cuadros, cabezas de ciervos, discos de vinilo y botellas de licor. "Me enseñó a no tener miedo, a no dejarme sorprender, y a tener cerca los rifles de cacería sin usarlos, sólo en caso de vida o muerte", manifestó. "Sus empleados éramos su familia cubana", dice. "Fue un golpe grande, aunque yo esperaba algo porque cuando salió de Cuba en el año 60 sabía que no estaba bien", dijo Villarreal con pesar. "Recibí una carta en que me decía: 'Mi querido hijo cubano, a Papa se le acaba la gasolina, ya no tengo ánimo de escribir ni de leer'. Me di cuenta que se estaba despidiendo", agregó. “Al lado de Papa Hemingway aprendí mucho: a respetar, a querer, a amar. Ambos amábamos todo lo que tuviera vida, porque desde que Papa entró en Finca Vigía, nunca permitió que se cortara más un árbol ni otro tipo de planta; quería que todo creciera libre. Nunca más se mató un pajarito y allí los mangos y otros tipos de frutas eran de los muchachos, y hasta se permitía que las personas de San Francisco entraran a cogerlas, o se ordenaba a los jardineros que las sacaran a la puerta en carretillas para que pudiera servirse todo el que pasaba”.

“Él fue un hombre muy bueno, quería mucho a la gente del pueblo y la gente del pueblo lo quería mucho a él. Fue para mí sobre todo un ejemplo.”
  

“Cuando él llegó cambió el sistema de Finca Vigía, porque el antiguo dueño, la tenía cerrada con candado, no permitía que nadie accediera a ella. Sin embargo, Papa abrió el portón de aquel lugar a todo el que necesitara algo de él o de allí.”

“Claro, había reglas: nadie podía tirar piedras a los árboles ni subirse en ellos. En la finca, en el pequeño terrenito donde él nos vio jugando a los niños de por allí la primera vez que estuvo en aquel lugar, se mandó a construir un campo de béisbol y además mandó a comprar un equipo doble de pelota para nosotros. También podíamos practicar boxeo y tenis dentro de la finca, además de usar la piscina.” 




“Dio instrucciones de que Justo, el mayordomo anterior, podía darnos el equipo de béisbol cada vez que quisiéramos y después, eso sí, teníamos que limpiarlo bien y dárselo a Justo para que lo guardara de nuevo.” 

“Hemingway era muy sencillo. Él hablaba con todos y los trataba con afecto y con paciencia. Pero, como es natural, cuando estaba escribiendo no le gustaba que nadie lo molestara. Muchas personas entraban a la finca -porque las puertas nunca tuvieron llaves-, para hablar con él, para pedirle favores, por alguna necesidad, y no se percataban de que su visita coincidía con la hora de labor de Papa, que era entre las siete de la mañana y las doce y media del día. Entonces ese era el tiempo en que yo más cerca estaba de él, para evitar que lo interrumpieran. A partir de algunas confrontaciones con él, hubo quienes decían que  era muy brusco y grosero.”

"Es que la gente a veces no sabe respetar la privacidad y los horarios de trabajo o descanso. Por eso él se ponía furioso si lo molestaban en los momentos que le eran sagrados. Y hablaba fuerte, entonces la gente lo juzgaba mal.”

“Otra cosa fue que estuvo mucho tiempo en España y allí se le pegaron algunas costumbres, como el decir “malas palabras”. A veces se creía que estaba en la Guerra Civil, decía una “mala palabra” o gritaba, y después se arrepentía.”




“A la finca iban muchos picadores, gente que venía a pedirle favores o dinero, y como él les daba siempre algo, regresaban con otro cuento distinto. Una vez llegó uno con el mismo cuento de la vez anterior y Papa le pagó, por buen actor.”

“Es decir, que si se ponía bravo era por una razón, pero era una persona que tenía buen sentido del humor.”

“Llegué a quererlo como a un padre, lo respetaba, lo admiraba, lo amaba muchísimo. Él también en mí encontró confianza. Ambos teníamos muchos gustos compartidos, sobre todo la afinidad que sentíamos por los gatos y los perros.”

“Yo no hablaba mucho, no le hacía preguntas, pero él sí me hablaba, él mismo me decía las cosas. Por ejemplo, mientras yo limpiaba una de las cabezas de antílope que están aún en la sala de la finca, él me contaba cómo la obtuvo, lo que para él representaba tenerla consigo o me hablaba de las características de su especie. Un día le pregunté por curiosidad: Papa y a este antílope tan chiquito, ¿por qué lo mataste, por los cuernos? y me dijo, No, porque es una de las mejores carnes y en el safari yo tenía que asegurar que todos nos alimentáramos.”




“Creo que Cuba lo poseyó desde el primer día en que llegó, después de haber salido en barco desde Europa con su segunda esposa. Para él, Cuba era un país bello, él la amaba, podía estar meses fuera, pero venía aquí y su lápiz corría solo.”


“Él era muy disciplinado para escribir. Se levantaba a las seis o un poquito antes, y hacía ejercicios;  yo sentía en el sótano cómo se preparaba para ello, a través del piso que tenía la losa floja por la caída de una ceiba. Cuando yo llegaba ya estaba poniendo su bata en el suelo y me decía: “¿Tú vas a contar o cuento yo?”. Y yo casi siempre contaba en voz alta, uno tras otro hasta llegar a los religiosos 50 abdominales: pies arriba y abajo, con el apoyo de las manos en el librero que está junto a la puerta de la sala. Después iba al cuarto de baño, se pesaba y hacía anotaciones en las paredes relacionadas con su peso.” 


“Decía tal vez con cierto cansancio, que era mucho el peligro que había tenido que atravesar. Sobre lo que más comentó fue de los accidentes de aviación que tuvo en África. Nos dijo que luego del segundo accidente, en el pueblecito al que llegó después del rescate del primero, tantas personas fueron a saludarlo, a felicitarlo y darle la mano, que se la dejaron hinchada y con mucho dolor.”


“Después de la muerte de Papa, Fidel vino a la finca. Ahí fue donde yo lo conocí.  Recuerdo que estaban en la puerta, tratando de entrar. Salí a caminar con los perros y vi a los militares que me hacían señas desde allí. Me acerqué y Fidel me dijo: “¿Dónde puedo ver a René Villarreal?”. Le respondí que era yo, y desde ese momento no paró de hacerme preguntas mientras caminábamos hasta la casa. El primer recorrido por la finca, se lo di yo a Fidel Castro y a los Comandantes que fueron con él. Les hablé de cada uno de los animales que adornaban la casa, de los gustos de Papa, de sus horarios, de cómo trabajaba de pie, descalzo y con el pantalón del pijama.”





“Fidel se fijó hasta en un sacapuntas de mano que está en la biblioteca. Yo le conté que era el que usaba Papa para los lápices con que iba a escribir. “¿Escribía con lápiz?” me preguntó; “Sí —le dije—, él todos los días preparaba cinco o seis lápices para las descripciones, porque para las narraciones usaba la máquina de escribir”.”

“Para todo el mundo la muerte de Papa fue algo grande, igual que para mí, porque ya veníamos sufriendo con su enfermedad. Yo sabía por sus cartas que iba empeorando cada vez más, que algo estaba ocurriendo o iba a ocurrir. Él se comunicaba conmigo por teléfono o por cartas, desde cualquier lugar donde se encontrara, porque si él salía de viaje, la vida de la finca seguía normal; decía que esa era su familia cubana y que nadie podía quedarse sin trabajo. Yo conservo una carta de unos días antes de que él muriera, en la que me dice: “René, mi querido hijo cubano: a Papa se le está acabando la gasolina, ya yo no tengo ánimo para leer, que era lo que más me fascinaba. Los médicos me han puesto una dieta muy rigurosa y he bajado de peso”.  Fue un golpe muy duro, del cual me ha costado trabajo recuperarme.”

“Su presencia va conmigo dondequiera porque el cariño, el amor, van siempre con la persona a cualquier parte del mundo. Yo hablo de Papa y me emociono, porque lo quise de verdad y sé que él me quiso a mí también.”