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Sunday, January 11, 2026

LA MALDICIÓN DE TENER MENTE BRILLANTE


“La felicidad en la gente inteligente es la cosa más rara que conozco”, dijo alguna vez Ernest Hemingway.

Esto es muy claro en el pensamiento de Ernest porque en la ignorancia se vive mejor, reconoció en una entrevista al final de sus días. Su teoría contrastaba con la de Karl Poper: “la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos”.

Mucho tiene que ver esto con el debate filosófico, el sufrimiento emocional y la introspección profunda.

La reflexión no es una observación cínica del autor, sino un problema emocional que atraviesa la vida de Hemingway, dilema que se ve claramente en su novela póstuma “El jardín del Edén”, tristemente desacreditada.

Ernest fue un insatisfecho, una personalidad que decoraba sus vínculos y su deseo de encontrar la felicidad.


Hemingway puso en juego la ignorancia y el conocimiento para no sufrir. La ignorancia era un refugio para la paz que le daba cierta tranquilidad.

Hemingway sabía que el hombre inteligente estaba expuesto a verdades crudas, a situaciones críticas que molestaban y que agotaban. Desde el plano de lo desconocido la ignorancia calmaba los nervios y el alcohol hacía su trabajo. Ser feliz para Ernest era algo inalcanzable porque generaba un esfuerzo y un agotamiento espiritual. Como resultado todo lo llevaba a una frustración  crónica y al camino diario de su tristeza.

El gran dilema de Hemingway fue enfrentarse a la verdad, lo cual era incompatible con la paz mental.

La paz mental del norteamericano fue como un instante frágil. Sus personajes como el mismo, no vivían la serenidad continua. Para Hemingway, la paz no surgía del pensamiento, sino de la acción concreta. Pensar demasiado lo llevaba al vacío y el actuar con destreza lo conducía al orden, algo que detestaba.

En síntesis, la paz mental no era felicidad, no era descanso, no era ausencia de dolor, sino: lucidez, control y dignidad en medio del sufrimiento.

La paz en Hemingway era algo que se defendía, no algo que se poseía.

La ignorancia en Hemingway no era simple falta de conocimiento: era una posición ética, estética y existencial. En su obra, ignorar pudo ser una forma de protección, de sabiduría práctica o de violencia moral. Muchos personajes del autor no querían saber. no porque no podían, sino porque saber implica sufrir.



El código masculino en Ernest exigía: no explicar, no analizar las emociones, no pedir ayuda. Esta forma de ignorancia emocional producía silencio, aislamiento y daño. Hemingway no explica: omite causas, deja traumas fuera de escena, obliga al lector a intuir. La ignorancia en Hemingway es una estrategia de supervivencia, un límite ético, una poética del silencio. No es una ignorancia ingenua, sino una elección trágica.

Saber lo justo para vivir, ignorar lo necesario para resistir.

Hemingway quería salir de su infierno, de su hoguera y no tuvo la valentía de gritar a los vientos su desesperación. Así vivió atormentado, a pesar de su mente brillante.

Thursday, June 19, 2025

EL MIEDO EN HEMINGWAY

 


"El valor no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar a pesar de él".

Esta frase de Ernest fue siempre un desafío en su vida. La verdadera valentía no se trata de la ausencia de miedo, sino la capacidad de avanzar y actuar, incluso cuando el miedo está presente. En el contexto de sus obras, este concepto es central, ya que sus personajes siempre están al límite entre el miedo y la determinación, entre la desesperación y la lucha por mantenerse firmes. En Por quién doblan las campanas, por ejemplo, Robert Jordán, se ve obligado a confrontar su propio miedo y duda mientras cumple su misión. En El viejo y el mar, Santiago representa la valentía silenciosa. A pesar de estar solo y agotado,, sigue adelante, enfrentando su propio miedo.

Hemingway mostró que la valentía no se limita a momentos de acción heroica, sino que se extiende a las decisiones cotidianas que tomamos al enfrentar dificultades y miedos personales. En su vida como en su obra la valentía era un acto continuo de resistencia, de integridad y aceptación de la fragilidad humana.



La fragilidad humana siempre va acompañada por el miedo. El miedo es transitorio e inconsciente, mientras que el temor, requiere de tiempo y llega a ser consciente. El miedo suele ser una emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro o amenaza, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.

"Todos tenemos miedo, todos temblamos de miedo ante nuestro destino: matar un león, cambiar de trabajo, cambiar de residencia, cambiar de ciudad, enfrentar una pertinaz enfermedad, enfrentar un problema económico...¿Lo nota?. Todos somos Macomber"

El miedo a la desilusión romántica es un tema que le preocupaba a Ernest. En su obra es un tema recurrente, a menudo entrelazo con la experiencia de la guerra y la pérdida. Sus personajes, especialmente los hombres, muestran una dificultad para establecer relaciones duraderas y satisfactorias con mujeres, a menudo manifestando un profundo desencanto con el amor y el matrimonio. Esta desilusión se refleja en la manera que Hemingway describe las relaciones amorosas, marcadas por la incomunicación, la frialdad y la imposibilidad de conexión profunda.



Tomemos como referencia en la obra de Hemingway, especialmente en Fiesta, donde Ernest captura la desilusión de la Generación Perdida, tras la Primera Guerra Mundial, allí los personajes, a menudo expatriados en Europa, muestras profundo escepticismo y falta de fe en las relaciones formales tradicionales. Las relaciones en las novelas, a menudo se describen como frías, distanciadas y basadas en la incomunicación. Jake  Barnes, en Fiesta, a menudo se muestra incapaz de establecer una conexión emocional profunda con las mujeres, o una incapacidad de consumar sus deseos.



En resumen, el miedo en Hemingway, llega a transformarse en una carga difícil de superar y de hecho se presenta como amor tóxico, locura y finalmente suicidio.

Saturday, May 17, 2025

MARIEL HEMINGWAY Y LOS FANTASMAS


Mariel Hemingway carga una historia familiar que felizmente logró despejar a fuerza de voluntad y enorme sacrificio emocional. "El suicidio puede ser un episodio decidido en 20 minutos de un mal día o algo planeado durante 20 años. La gente necesita hablar de esas cosas para poder salir de sus oscuridades". Así decía la nieta de Hemingway en una conferencia dada en Madrid sobre salud mental en la CIS University. Mariel habló de los siete suicidios que rodean su vida, una infancia marcada por el alcoholismo, el caos familiar, de cómo el Dalai Lama, con sus palabras, cambió su vida para siempre. 

Desde pequeña desarrolló una obsesión por tener control de su vida. Buscó solución entre gurúes, médicos holísticos, yamanes, videntes, hasta encontrar "una revelación fuera de mí" que diera solución a sus problemas. Después de mucho andar, superar la depresión y la terrible "maldición familiar" pudo ver su camino. Nada fue gratuito, su madre  y su ex marido murieron de cáncer. Trataba de escapar a la locura, de estar literalmente en una situación de lucha o huida durante la mayor parte del día. Pensaba en cosas horribles, fantasmas que la seguían y pensamientos negros. 




Una de las cosas que siempre tuvo presente fue la frase de su abuelo: "La mayoría de gente nunca escucha".

Mariel hoy tiene una pareja estupenda de la que está enamorada locamente, ya llevan casi 16 años juntos. Su vida la regula con ejercicios, buen descanso, dinámica de respiración y contacto con la naturaleza.

Atrás dejó los golpes y fracasos. Lee locamente y recorre a diario su huerta. Habla mucho y escucho por demás.

Mariel Hemingway le ganó la batalla al deterioro emocional y cada amanecer medita y agradece vivir rodeada de sus perros. Un ejemplo de como vencer al recuerdo funerario.




Tuesday, April 29, 2025

ADIÓS, HEMINGWAY. LEONARDO PADURA.

 


-Adiós  Jeminwey - gritó y recibió como respuesta la sonrisa del hombre.

Algunos años después cuando descubrió la dolorosa necesidad de escribir y comenzó a escoger sus ídolos literarios, Mario Conde supo que aquella había sido la última navegación de Ernest Hemingway por un pedazo de mar que había armado como pocos lugares en el mundo, y comprendió que el escritor norteamericano no se podía estar despidiendo de él, un minúsculo insecto posado sobre el malecón de Cojímar, sino que ese momento le estaba diciendo adiós a varias de las cosas más importantes de su vida.




... Ocho años fuera de la policía pueden ser muchos años y nunca había imaginado que resultara fácil volver al redil. En los últimos tiempos, mientras dedicaba algunas horas a escribir, o cuando menos trataba de escribir, el resto del día lo empleaba en buscar y comprar libros viejos por toda la ciudad para surtir el quiosco de un vendedor amigo del cual recibía el cincuenta por ciento de las ganancias. Aunque el dinero producido por el negocio siempre era poco, el Conde disfrutaba aquella ocupación de traficante de libros viejos por varias ventajas: desde las historias personales y familiares agazapadas tras la decisión de deshacerse de una biblioteca, quizás formada durante tres o cuatro generaciones, hasta la flexibilidad del tiempo existente entre la compra y la venta, que él podía manejar para leer todo lo interesante que pasaba por sus manos antes de ser llevados al mercado. La falla esencial de la operación comercial, sin embargo, surgía cuando el Conde sufría como si fuera heridas en la piel al encontrar viejos y buenos libros maltratados por desidia y la ignorancia, a veces irrecuperables, o cuando, en lugar de llevar ciertos ejemplares tentadores al puesto de su amigo, decidía retenerlos en su propio librero, como reacción incurable de la terrible enfermedad de la bibliofilia.




* Fragmento del libro Adiós, Hemingway de Leonardo Padura.



Saturday, April 19, 2025

SPENCER TRACY Y ERNEST HEMINGWAY

 


Spencer Tracy era bajo, robusto, de rasgos duros, gesto torpe y poco seductor. Bebedor, fumador empedernido y mujeriego. Cuando Hemingway se enteró de que era el actor elegido para protagonizar El viejo y el mar, preguntó cuantas películas había filmado y con quién. Le dijeron que entre otras había trabajado en Capitanes intrépidos y Con los brazos abiertos y que se había consagrado con Mar de hierba, dirigida en 1947 por Elia Kazan. 




Spencer Tracy supo de la ignorancia cinematográfica de Hemingway y la interpretó como una humorada. Cuando se conocieron durante la filmación, Tracy le dijo: "¿Usted es Hemingway?, no lo hubiera reconocido si no me lo presentaran". Para Hemingway, el protagonista debía ser Errol Flynn, pero el realizador optó por Tracy. Hemingway le respondió: "Tracy, usted está un poco gordo para hacer de pescador, el director lo eligió por su trayectoria, no por su belleza. Además me han dicho que es un cagón y le teme a los tiburones y que les escapa a las mujeres; Tracy, si fuera por mí lo pondría de extra".




Spencer Tracy fue ganador de dos premios Oscar y un Globo de Oro. Apareció en 75 películas. En 1999, el American Film Institute lo clasificó como la novena estrella masculina más importante del cine clásico de Hollywood. A pesar de estar casado con Louise Ten Broeck, el amor de su vida fue Katharine Hepburn. Hacia el final de sus días, Tracy trabajó casi exclusivamente para el director Stanley Kramer. Tracy hizo su última película con Kramer, Adivina quién viene a cenar esta noche (1967), cuyo rodaje finalizó tan solo 17 días antes de su muerte.

Tracy abandonó a su familia en 1933, primero tuvo un romance con Loretta Young, su compañera en Fueron humanos, también con Joan Crawford e Ingrid Bergman.

Hemingway nunca lo reconoció como actor y menos como protagonista de la película, a pesar del éxito que tuvo.


Sunday, April 06, 2025

EL ROPERO DE HEMINGWAY



Ernest, además de inaugurar un estilo único de literatura, también  marcó una moda en la forma de vestir. Regularmente usaba suéteres Aran, chaquetas safari, chalecos de caza, botas altas y camisas de viyela. La característica de los abrigos Aran es que son impermeables y se pueden usar incluso mojados. Son codiciados por su calidad  y estilo. Hemingway los protegía envueltos en papel de seda y solo usaba uno por temporada de frío. 



La chaqueta safari o sahariana, se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando se adoptó como uniforme de verano del ejército británico para climas tropicales. Esta chaqueta hecha de algodón o lino, va ceñida a la cintura y tiene cuatro bolsillos, que suelen ser dos de fuelle y otros dos de parche. Su color original varía del beige al caqui. La chaqueta safari, también  conocida como "shacket" es una prenda diseñada originalmente para ir de safari a la sabana africana. Al combinarla con pantalones o shorts se convierte en un traje safari. De hecho Hemingway aparece en cientos de fotos con esta prenda. 

Las camisas de viyela y leñadoras son un clásico en su vestimenta. Este estilo también se lo llama lumberjack y se puso de moda en todo el mundo. En la actualidad se le incorporó la capucha,  un modo de actualizar la prenda.



Otro aspecto significativo son los mocasines que usaba Ernest al igual que las botas altas. Hemingway tenía un pie enorme y debía hacer su calzado a medida.



Finalmente no se puede dejar de nombrar al sombrero Oysterman tan apreciado por Ernest. Su característica es su visera extralarga que hace que la gorra de béisbol tradicional parezca completamente inadecuada.

En la actualidad muchos fanáticos adoptan este modelo de vestimenta bautizado "estilo Hemingway".

Thursday, March 06, 2025

LOST GENERATION




 Paul Benjamin Auster (1947/2024), ante la pregunta de una joven periodista norteamericano sobre qué pensaba de la Generación Perdida, respondió: "La diáspora de escritores que huyó a París sin ninguna razón y con el único objetivo de lograr fama, no nos representa. Si bien con el tiempo cada uno alcanzó su objetivo, no dejaron de ser un grupo de escritores en París. Por entonces, la literatura norteamericana los necesitaba en su tierra; pero los muchachos querían otra cosa. De esa cofradía me quedo con John Steinbeck y Ernest Hemingway".


En  los años fundacionales de la nación norteamericana no había una historia literaria propia realmente importante. Los escritores buscaban sus modelos fundamentalmente en Europa, y sobre todo en Inglaterra, Francia y Alemania. Sin embargo, a partir de la segunda década del siglo XIX, los norteamericanos comenzarían a tener presencia con autores de marcada tendencia cosmopolita y fuerte carácter nacional. Sin dejar de lado a Emerson, Menville y Hawthorme, aquí obligatoriamente debemos mencionar a Walt Whitman y Edgar Allan Poe, que son los que abrieron las ventanas y mostraron el paisaje que repetirían posteriormente Henry James y Mark Twain. De estos cuatro autores Hemingway tomaría referencia, y obviamente es con ellos que Estados Unidos catapultará al mundo el diseño del "prototipo americano"

A Hemingway todo este panorama no le representaba una novedad. El sabía de sobra que su tarea era "cambiar" un estilo sin modificar la idiosincrasia  histórica del norteamericano. Debía para ello recurrir a un lenguaje directo, al impacto y a la atmósfera de un tiempo nuevo. Si Hemingway tiene un mérito, es el de haberse dado cuenta de esa posibilidad antes que ninguno de su generación. Esa fue su estrella, y así construyó una bisagra en las letras norteamericanas. 

                  

Hemingway llegó a París con una mano atrás y otra delante. Tras un noviazgo de pocos meses, menos de un año, Ernest  se casó con Hadley  Richardson, en diciembre 1921, y sin mucho pensarlo llegaron a París y se dirigieron a la Rive Gauche: el Hotel Jacob et DAngleterre. Como la economía no daba para lujos, se instalaron más tarde, en un departamento muy precario en un segundo piso por escalera. En la planta había un aserradero. El polvo de aserrín entraba por la ventana y todo era irrespirable. La Navidad en París fue muy triste para la pareja, solos brindaron y lloraron por estar lejos de la familia. En enero de 1922 viajaron a Suiza y hacen una parada en la fonda de la estación de trenes de Montreux, después se subieron al MOB, tren que une a Montreux con Zweisimmen, para luego llegar al pequeño pueblo de Chamby, donde se hospedaron en la Pensión de la Forët, con vista a los Alpes franceses. La economía la manejaba Hadley.

El París de los años veinte fue para Ernest un lugar decisivo, un lugar hecho para vivir como un artista. Era su sueño, su enfermizo objetivo, donde pudo encontrarse con las escritores que admiraba y que se reunían en la librería Shakespeare y Company. Es allí donde ese grupo fue bautizado por Gertrude Stein como "la generación perdida". Gertrude Stein se estableció en Francia en 1903, era la primera expatriada, ella fue la que aglutinó a estos jóvenes perdidos.

"Todos ustedes son un generación perdida, eso es lo que son. Todos ustedes están fundidos por la guerra y el vicio del alcohol. No representan nada, están quemados", les dijo Gertrude Stein.

La librería Shakespeare y Company, bajo la mirada de la escritora y dueña Sylvia Bleach, funcionó entre 1919 y 1941 con libros exclusivos de autores anglosajones, pero como ya se sabe, ése no fue su final, años después reabrió con otro dueño y se convirtió en un emblema y atracción turística para todos los amantes de la literatura universal. El motivo del cierre fue porque Bleach se negó a venderle a un oficial alemán el único ejemplar que tenía de Finnegans Walke de James Joyce. El castigo terminó con la clausura.

Walt Whitman  había abierto una librería, pasaron los años, hasta que Bleach lo convenciera a ser su socia o que dejara usar su nombre. El espacio físico consistía en tres habitaciones, pero luego compraron el departamento de arriba. En ese departamento falleció Whitman.

A pesar de la crítica, cada uno de los marginados logró abrirse camino. Hemingway fue excepcional. Creó un estilo propio, inconfundible, lacónico, directo, emocional. Un renovador, un genio, un iluminado. El resto hizo lo suyo. 

Paul Auster nunca cambió de idea.