Friday, July 05, 2019

EL LIBRO DE CABO BLANCO


PRESENTACIÓN “EL MUERTITO DE HEMINGWAY”




A José María Gatti lo conozco desde hace casi 8 años.
El 26 de octubre del año 2010, cuando de un modo bastante irresponsable yo trataba de ingresaba al mundo de las letras presentando una antología de cuentos que había titulado Guerra Interna, entre el público había un señor al que yo no conocía.
Y eso realmente era llamativo, ya que siendo yo un muy poco promisorio proyecto de escritor, todos los que estaban allí eran, por lo menos, mis amigos.
Ese señor era José María Gatti.
Nunca supe cómo se había enterado y tampoco se lo pregunté, pero supongo que como en el prólogo de la obra que yo presentaba, Mario Mactas había citado a Hemingway, eso lo habrá atraído.
Obviamente, una vez que nos presentamos apelé a Google y descubrí que era un psicólogo social, periodista e investigador, que trabajaba justamente acá, en la Biblioteca Nacional, y que sabía muchísimo de Hemingway.
Creo que en ese momento nació una muy linda relación de afecto y de respeto, que personalmente me ha enriquecido mucho y que perdura hasta el día de hoy.
En aquella época José María era más bien ensayista y cuentista.
Se había destacado por “Hola Hemingway. Una mirada centenaria”.
Por “Ladrón de desalmados”, que en el año 2004 fue elogiosamente prologado por Vicente Battista y logró varios premios por sus diferentes relatos.
Por “La pipa de Hemingway”, una recopilación del blog que lleva ese mismo nombre y que hasta el día de hoy sigue siendo el lugar en el que uno puede encontrar lo más selecto e interesante de la magia, las obsesiones, los grades éxitos y los brutales fracasos de “Pápa”, como le decían al autor de “El viejo y el mar”.



El Gatti novelista llegaría más tarde.
Y con foco en lo policial, ya que lentamente se fue enamorando del género de la novela negra.
En el año 2012 muy generosamente me dio a leer el borrador de “Víctimas Inocentes”, que salió al año siguiente, y en el año 2015 volvió a pedirme opinión sobre una nueva obra que estaba publicando: “Carne en flor”.
Fuera de las consideraciones particulares de aquellas obras, su lectura me produjo una enorme alegría.
Porque sin duda alguna y sin que lo supiéramos, Gatti era mejor novelista que cuentista o ensayista, lo cual es mucho decir, pero esa virtud había estado latente sin que pudiéramos disfrutarla.
La llegada de Gatti al mundo de la novela y en particular de la novela negra fue una muy buena noticia.
“El muertito de Hemingway”, ahora sí, que es lo que nos convoca, es una obra para jugar en las ligas mayores.
Por una razón bastante simple.
Las grandes novelas, los grandes libros, más allá de cualquier debate académico, son exclusivamente aquellos que le permiten al lector perderse en el mundo imaginario que le propone el autor y ser parte de la historia.
Y eso logra esta obra de Gatti.
No quiero excederme en su descripción porque creo fervientemente que tienen que leerla.




Lo que sí puedo decirles que se trata sencillamente de una gran historia que involucra a la CIA, a la mafia, al clan Kennedy y a Cuba.
Una historia cuya parte más importante transcurre en ese Perú que enamoró a Hemingway.
En la que juega un papel más que relevante la famosa Miss Texas, esa embarcación icónica en la que Gatti creo que se ha tomado unos cuantos mojitos.
Una historia en la que el disparador es el proyecto de la Warner Bros de llevar al cine “El viejo y el mar”, la novela por la que Pápa se llevó el Premio Pullitzer en el año 1953 y el Premio Nobel de Literatura en 1954.
Y en la que por supuesto hay un “muertito” alrededor del cual Gatti construye una historia atrapante.
Como los buenos vinos, se trata de una novela debe encararse a solas, en el lugar apropiado, sin prisa y sabiendo que está uno iniciando un viaje fantástico que sólo los buenos escritores nos pueden regalar.
Dicho esto, hay dos cosas que me parecen relevantes y en las que, aprovechando esta invitación que me han hecho, sí quiero poner algún énfasis.
La primera es el estilo.
José María escribe como los que saben escribir.
Maneja el relato, los cambios de persona, las descripciones, los diálogos, con absoluta solvencia.
No hay en este libro esos baches técnicos que a veces hacen que uno no tenga otra alternativa que prestarle más atención al texto que a la historia.
En “El muertito de Hemingway” la técnica es el medio para que la historia fluya.
No hay nada que juegue en contra.
Y no sobra nada.
No es el clásico novelista latinoamericano que adorna casi hasta el infinito un texto que además nunca baja de las 400 páginas.
Claramente no es ése el estilo de Gatti.
Lo suyo es otra cosa.




Por eso es que logra esto que técnicamente es más bien una “nouvelle”, una novela corta, de 127 páginas.
Se ve en su manera de escribir la esencia del periodista.
Él está sin duda más en la línea de Raymond Chandler o de Ross MacDonald, dos genios de la novela negra, que sabían contar en 120, 150 o 180 páginas, historias de esas que se leen de un tirón.
Incluso en la línea de Hemingway.
¿Por qué no?
Un autor que no andaba con vueltas.
Que era al pan pan y al vino vino.
Quedé muy impresionado cuando miré esta mañana el número de páginas de “El muertito de Hemingway”.
Son 127.
 “El viejo y el mar” tiene 127 páginas…
La segunda cosa en la quiero poner énfasis es en la historia.
Gatti tuvo la osadía de hacer una novela nada menos que sobre Hemingway.
¡Si Hemingway se hubiese enterado, no tengo dudas de que se hubiese reído mucho de semejante audacia y que con su inconfundible vozarrón hubiese dicho “ese tío sí que es muy macho!”
Pero él lo hace porque tiene con Hemingway una cercanía que pocos han logrado tener.
Estamos hablando de una de las personas que más sabe de Hemingway.
Pero no sólo del escritor, sino también y fundamentalmente del ser humano.
De la persona.
De sus desmesuras, como bien dice Mercedes Rosende en el prólogo.
De su tiempo y del contexto.
Lo entiende como nadie.
José María Gatti y Ernest Miller Hemingway son, en cierto modo, compinches que nunca se han cruzado pero que tienen entre sí un lazo que le permite a Gatti escribir una obra como esta.
José María tiene los recursos para escribir sobre Hemingway que posiblemente sólo han tenido en otros tiempos personas tan cercanas a Pápa como Gertrude Stein o Francis Scott Fitzgerald.
Y hay que decirlo, aprovecha muy bien esa cercanía.
Este no es una novela escrita por alguien que investigó sobre el tema y construyó una historia en base a los datos surgidos de la investigación.
Se trata más bien de un protagonista cercano, que nos cuenta, de un modo íntimo, una historia conmovedora, que se siente absolutamente real y de la que uno se hace parte desde la primera página.
Les confieso algo.




¡Cuando empecé el borrador de la novela, me metí en Internet para averiguar sobre Efraín Castillo!
Había un viejo jugador de fútbol colombiano, un periodista y hasta un especialista en logística egresado del MIT.
Pero ningún chico que hubiese sido arrojado de la Miss Texas en Cabo Blanco, ni nada parecido.
Quedé fascinado.
Porque cuando una historia te genera semejante duda y te hace investigar sobre lo que estás leyendo, es que está muy bien hecha.
Pero termino acá.
De nuevo, no dejen de leer el libro
Yo te agradezco enormemente José María por haberme invitado a participar de la presentación de tu libro.
Me hace sentir parte de una gran obra como es esta, a la que le auguro un gran éxito.
Hoy, que es el día en que oficialmente nace “El muertito de Hemingway”, déjame decirte que estoy más orgulloso que nunca de ser tu amigo.
JUAN CARLOS LYNCH






Friday, June 07, 2019

EL MUERTITO DE HEMINGWAY





Del 20 al 23 de junio, se desarrollará el XVII Coloquio Internacional Ernest Hemingway, en La Habana. Mi novela El muertito de Hemingway, recientemente publicada, estará representando a Argentina en ese evento. Los ejemplares disponibles para consulta y venta, llegarán gracias al esfuerzo de María Inés Gavila, Ada Rosa Alfonso y Arturo Sánchez Artchi. Gracias a todos.




Friday, April 26, 2019

EL VIAJERO HEMINGWAY


Una ruta turística recreará los viajes de Hemingway por Euskadi
El Gobierno vasco busca aumentar la estancia del visitante con un recorrido de seis etapas que incluye paradas en Bermeo y Bilbao

Recorrer todo Euskadi de una manera tranquila y siguiendo los pasos de Ernest Hemingway. Ese es el gancho de la última propuesta turística que ha lanzado el Gobierno vasco, que pretende aumentar la estancia media del visitante con una ruta que recrea los viajes del escritor y periodista norteamericano por tierras vascas.


El que fuera premio Pulitzer y Nobel de Literatura recorrió en los años veinte del siglo pasado algunos de los parajes más bellos del País Vasco y, como recuerda el departamento de Turismo, «se enamoró de ellos para toda la vida». Ahora, la propuesta 'The Hemingway Basque Route' pretende contagiar esa pasión al visitante con seis etapas de menos de dos horas de duración que recrean sus viajes, paso a paso, con fotografías y sus sensaciones.
La ruta arranca en San Sebastián y 35 kilómetros después hace su primera parada en Txingudi. La segunda etapa, de 76 kilómetros, comienza en la capital guipuzcoana para alcanzar Eibar, desde donde arranca la tercera en dirección a Bermeo. El visitante podrá recorrer después los 59 kilómetros que separan el municipio pesquero de Bilbao.


La quinta etapa conecta dos capitales, la vizcaína y la alavesa. «Un camino de 110 kilómetros que tantas veces recorrió Hemingway y que sigue casi intacto», apuntan desde el Ejecutivo autonómico. La propuesta finaliza con un viaje desde Vitoria hasta San Sebastián por la antigua N-1, la más frecuentada por el escritor, que se rindió a los encantos de la cultura y la gastronomía vascas. «118 kilómetros desde el paraíso del vino hasta el cielo de la sidra».


Monday, April 01, 2019

TODO EN FAMILIA


Las hermanas Hemingway, las icónicas modelos de los 80 y sus vidas atravesadas por la tragedia
Muffet y Margaux padecieron el peso del apellido y terminaron refugiadas en el ostracismo, el suicidio y la espiritualidad.

Por Susana Ceballos


Rubias de Idaho, bellas y famosas, Muffet, Margaux y Mariel, eran además nietas del genial escritor Ernest Hemingway. Parecía que desde la cuna contaban con todo lo que se precisa para transitar por la vida livianas y exitosas. Tenían belleza, juventud, talento, dinero y un apellido prestigioso, pero también un ámbito familiar tóxico, excesos con drogas, mucho alcohol y fracasos amorosos y laborales. A veces se puede tener todo lo que quieren todos, pero en realidad no se tiene nada.
Las chicas eran hijas de Jack, el hijo mayor del Premio Nobel, y Puck Wittlesey. Se criaron acompañando las aventuras del padre, un ex militar devenido corredor de bolsa y aficionado a la pesca con mosca. Nómades como el abuelo anduvieron por Portland, Cuba y California hasta recalar en Ketchum, en el estado de Idaho. Era un poblado idílico de apenas tres mil habitantes salvo por un pequeño detalle: allí su abuelo había decidido pegarse un tiro con su escopeta favorita y en la sala de su casa. Los misterios que rodearon la muerte del escritor siempre estuvieron claros para todos, menos para las chicas. La versión para ellas fue que el abuelo había muerto por accidente. Además desconocían que el bisabuelo Clarence, y dos de sus hermanos, Ursula y Leicester, también habían decidido quitarse la vida.
Luego del suicidio del abuelo las hermanas continuaron viviendo en un mundo que parecía idílico entre montañas y lagos, en el seno de una familia blanca y protestante. Pero si el afuera era soñado, la intimidad era una pesadilla donde faltaba amor y sobraban el vino y la violencia. "No creo que mi madre haya estado enamorada de mi padre. Ellos peleaban todo el tiempo y nosotras no veíamos la hora de escapar de casa", resumió la menor de las Hemingway en el documental Running from crazy"Creo que mi madre, que estaba enferma, me hacía dormir con ella para protegerme de mi padre", revela en la película. "No fui testigo de nada horrible o espeluznante, pero lo que sí sé es que mi papá bebía, y cuando bebía cambiaba", contó de aquellos viejos malos tiempos. Con el fin de la infancia, los pesares no se acabarían, los monstruos comenzarían a crecer cada día.
A los 14 años, Muffet dio el primer aviso que en lo de los Hemingway la cosa no marchaba bien. Bajo los efectos del LSD, amenazó a su madre con unas tijeras y luego salió corriendo desnuda por las calles. Su consumo de drogas aumentó. Las tomaba para no angustiarse y se angustiaba si no las tomaba. Empezó a frecuentar la escena hippie de Haight-Ashbury en San Francisco. Al tiempo, le diagnosticaron esquizofrenia, fue internada y eligió abrazar una vida por fuera de las luminarias. Poco y nada se supo de ella. En la década del 70 publicó The Picnic Gourmet, una guía de 300 recetas para comer al aire libre. Hoy reside en Idaho y de vez en cuando expone sus dibujos.
Al cumplir los 18, Margaux, la del medio, decidió probar suerte en Nueva York. Se casó con Errol Wetson, dueño de una cadena de hamburgueserías, y se instalaron en un departamento. Su metro ochenta y tres, su melena rubia y ojos claros, acompañado por una sonrisa contagiosa y la clásica belleza americana, pronto llamaron la atención de las grandes marcas de la época. En dos años logró lo que a otras le lleva una década: ser tapa de las principales revistas femeninas. Vogue, Cosmopolitan y Elle se peleaban por tenerla. Su figura era tan impactante que hasta Time la eligió para ilustrar a "Las nuevas bellezas" de 1975Firmó un contrato de un millón de dólares para ser el rostro y la publicidad de un perfume.
No había terminado de apagar las velas de su cumpleaños 21 cuando la convocaron para protagonizar una película. Fue entonces que se le ocurrió que invitar a su hermana menor, podía ser una buena idea. No imaginaba que el cuento cambiaría de protagonista…
Mariel, la menor de la dinastía, no la pasaba bien en la escuela secundaria que lleva el nombre de su abuelo y sufría el bullying de sus compañeros, que la llamaban "perra rica". Tampoco era feliz haciéndose cargo de los desastres que dejaba cada pelea en la casa, ni cuidando a su madre, que empezaba a manifestar síntomas del cáncer. Escapar de la casa a los 15 años no era posible, qué mejor alternativa que debutar en el cine de la mano de su hermana e instalarse en Nueva York. Lo que las hermanas no sabían era que su mundo que latía en permanente combustión, se acercaba peligrosamente a la línea de fuego. Un fuego que obviamente las terminaría quemando.

Nueva York no fue una fiesta
Lipstick –en Sudamérica traducida como "Violación"-, marcó el debut protagónico de Margaux y una participación de la pequeña Mariel. Lipstick se estrenó en 1976, pero las críticas fueron malas y el éxito decidió pasar de largo. Gran fracaso de taquilla y la celebrity Margaux por primera vez fue destrozada por la crítica. Sin embargo, la adolescente Mariel fue nominada al Globo de Oro como Nueva Estrella y su carrera empezó a levantar vuelo.
Fue Tracy en la película Manhattan de Woody Allen por lo que recibió una nominación al Oscar. Solo muchos años después se atrevió a contar los intentos del director por seducirla aunque ella tenía apenas 16 años.
Lejos de los sets y en el Manhattan real, Margaux se adentraba en laberintos de salida dudosa. A falta de un hogar, la discoteca Studio 54 se convirtió en casa y guarida. Andy Warhol y Liza Minelli fueron sus ocasionales compinches, y el alcohol, su principal aliado. "Me sentía intimidada. Eran unas estrellas de verdad y yo era sólo una chica de Idaho". Bebía para soltarse y sin saberlo -o sabiéndolo- cada vez se ataba más de un buen trago.
La maldición del apellido plantó otra semilla. Margaux se divorció y se casó con el cineasta Bernard Foucher, juntos realizaron un documental del abuelo Ernesto. Mientras ella no paraba de coleccionar golpes. Se accidentó practicando esquí y cometió el peor de los pecados para una modelo: engordó 30 kilos, cayó en la bulimia y con la ayuda de fármacos adelgazó para posar desnuda en Playboy. Cada día bebía más y más, intentó parar y reencontrar su ángel perdido. Demasiado tarde, los ángeles están en el cielo y ella vivía en su propio infierno.
El 1 de julio de 1996 Margaux apareció muerta en su casa de Long Island por una sobredosis de tranquilizantes. La maldición Hemingway volvía a ganar la partida…
Luego de la muerte de su hermana, Mariel padeció una larga depresión. Tuvieron que pasar 15 años, amores, desamores, fracasos y miedos, para que la menor de las hermanas lograra hablar para sanar ¿o simplemente negar? "No existe una tragedia familiar, sino una familia maravillosamente bendecida", reflexiona Mariel en su documental, sentada en una mecedora de mimbre en charla con sus hijas.


Hoy Mariel tiene 57 años y encontró un compañero de vida en Bobby Williams, un doble de riesgo. Dree, su hija mayor y heredera de su belleza, modela para Gucci y Valentino; su hija menor, Langley, ilustra para marcas como Louis Voutton. Ambas eligen llamarse Hemingway. Al fin de cuentas si ese apellido es una maldición, las maldiciones están para romperlas. Mariel y sus hijas parecen haberlo logrado.
SE CUMPLE 10 AÑOS DE LA SEGUNDA EDICIÓN DE LA PIPA DE HEMINGWAY EN FORMATO LIBRO. GRACIAS A TODOS LOS SEGUIDORES.


Saturday, March 02, 2019

LA QUERIDA HERMANITA CAROL




Una entrevista con la hermana pequeña de Papa Hemingway

La profesora Gail Sinclair con Carol Hemingway Gardner, 22 de agosto de 2002
Ernest Hemingway calificó a su hermana menor, Carol, con su "regalo especial" porque nació dos días antes de su duodécimo cumpleaños. 
Disfrutaron de una relación relativamente estrecha durante sus años de formación, a pesar de la diferencia de edad y género, y compartieron muchas cualidades, incluida una gran voluntad y un interés por la escritura. 
Hemingway aceptó fácilmente el papel no oficial del protector de Carol y, luego de la muerte de su padre en 1928, se convirtió en su tutor legal. Cuando Carol ingresó a Rollins College en el otoño de 1930, Ernest desarrolló una creciente preocupación al comenzar a ejercer su individualidad en el ambiente académico liberador, muy alejado del provincialismo de Oak Park. 
En 1932-33 se produjo una ruptura entre hermano y hermana sobre John [Jack] Fentress Gardner, el hombre que Carol había elegido para casarse. Según los informes, Ernest negó su permiso, y la pareja se casó sin sus bendiciones, evocando así su ira y rechazo. La unión de los Gardner duró sesenta y cinco años, pero la relación de Carol con Ernest se rompió de forma irrevocable, y el hermano y la hermana continuaron enfrentándose  el resto de la vida de Hemingway.  Carol lamentó su separación permanente, pero no se hizo ilusiones sobre la naturaleza controladora de Ernest y su capacidad para guardar rencor.




Antes de su muerte el 27 de octubre de 2002, a la edad de noventa y un años, Carol Hemingway Gardner fue la última hermana del famoso autor. 
Su memoria había comenzado a desvanecerse en el momento de nuestra entrevista, y su conocimiento de Ernest se limitaba principalmente a los años anteriores a su separación en 1933, pero con el apoyo de su hija, Elizabeth Gardner Lombardi, Carol proporcionó recuerdos de personas y eventos en una vida íntimamente conectado a uno de los escritores más famosos del siglo XX.

Síntesis de la entrevista
GAIL SINCLAIR [GDS]: Quiero agradecerle a usted y a su hija por tomarse el tiempo para hablar conmigo esta mañana. 
Comencemos con 1929 o 1930 y su decisión de asistir a Rollins College en Florida. ¿Por qué eligió esta institución en particular?
CAROL HEMINGWAY GARDNER [CHG]: Tenía dos razones: quería alejarme de Oak Park, y quería estar lo suficientemente cerca de Ernest para visitarlo en vacaciones. Él vivía en Key West en ese momento, y yo podía visitarlo allí.
GDS: ¿Tienes idea de cuántas veces fuiste a Key West?
CHG: Bueno, generalmente estaba en Rollins cuando lo visité, y tomaría medio día en tren. A veces me mandaba un coche a recogerme. Pasé todas las vacaciones, y una vez que se casó con su esposa católica, Pauline, fui allí y  viví con él al final del año escolar antes de ir a Europa en 1932.
GDS: ¿Cómo te sentiste con su esposa, Pauline?
CHG: Me gustó mucho.
GDS: ¿ Y su primera esposa?
CHG: La madre de Bumby. Me gustaba más de ella, creo, de cualquiera de sus esposas.
GDS:  ¿Puedes hablarme de  tu viaje desde Key West a Arkansas?
CHG: Nunca conduje en ese momento, pero tendría que ir a buscarle comidas cuando conducíamos porque Ernest temía que alguien lo reconociera. Le llevaría las comidas en el coche.
GDS: ¿Fue reconocido a menudo en ese punto?
CHG: No. No pensé que nadie lo reconocería, pero mientras lo creyera, hice lo que quería.
GDS: Él te llamó Beef o Beefy como un apodo. ¿Cómo surgió la idea?
CHG: Era una especie de pez, un pez abeja, y era como me llamaban ...


  • Carol y Ernest Hemingway:Las letras de la pérdida
  • Gail Sinclair
Poco después de la muerte de Carol Hemingway Gardner en el otoño de 2002, su hija Elizabeth Gardner Lombardi comenzó a poner los papeles en orden para cerrar los detalles de una larga vida. El camino de Carol había sido relativamente común en muchos sentidos: casarse con su novia de la universidad, criar a tres hijos, trabajar como maestra de escuela, retirarse a una comunidad rural de Massachusetts y morir en casa con la familia y los amigos a mano. La mayoría de los que la conocían desconocían, o ciertamente no estaban informados por la Sra. Gardner, de su conexión con la fama. Pasó sus últimos setenta años evitando esa notoriedad.Como la hermana más joven y otrora más favorecida de uno de los autores más reconocidos de los Estados Unidos, Carol podría haber captado la atención de los estudiosos y la prensa, pero en lugar de eso optó por el camino opuesto. Su elección fue una vida tranquila y sin pretensiones, vivida muy lejos de la mirada cegadora de la fama de su hermano.



La preferencia de Carol Hemingway no era la de un espíritu tímido o reticente. De hecho, ella había estado en el centro de la controversia en una serie de incidentes a lo largo de sus años de escuela pública y más tarde en la universidad. 1 Hasta ahora, el verdadero impulso para la expulsión de Carol de la vida de su hermano ha sido tratado por los biógrafos de Hemingway solo con detalles incompletos. Pero mientras clasificaba los efectos de su madre, Elizabeth Gardner Lombardi descubrió un importante eslabón perdido que detallaba el argumento de Carol y Ernest y la ruptura irrevocable en el invierno de 1933, quince cartas previamente desconocidas. El hermano y la hermana nunca volvieron a hablarse después de los turbulentos meses registrados en estos documentos recién descubiertos, y aunque la biografía seminal de Carlos Baker es la razón principal, ahora podemos reconstruir una imagen mucho más clara de los acontecimientos que llevan a su vida. - 

Larga separación.
Dos de las quince cartas fueron escritas de Ernest a Carol y no pueden incluirse textualmente debido a restricciones de derechos de autor. Una carta de 1932, enviada por su cuñada Pauline del LT Ranch en Wyoming, hace referencia a los preparativos de Carol para su viaje europeo más tarde ese otoño. Otra es una pieza sin fecha en la papelería del Hotel Brevoort de Nueva York, escrita por la hermana de Pauline, Jinny, probablemente en enero de 1933, justo antes de embarcarse para unirse a Carol en Viena para unas vacaciones de esquí. Seis cartas que datan del 16 de octubre de 1930 al 21 de febrero de 1933 son de Carol a una amiga llamada Edie. Los cuatro restantes son desde 1932 hasta el 23 de febrero de 1933; escrito por Carol a "una loca chica pelirroja llamada Peggy Pratt" que había conocido mientras asistía a Rollins College. La correspondencia de Carol con sus novias es importante ya que transmite una creciente frustración por las objeciones de Ernest a su relación con John (Jack) Gardner, el hombre con el que más tarde se casaría.


La primera de las dos cartas de Hemingway a Carol está fechada simplemente como "sábado", pero casi con seguridad se escribió en la primavera de 1932, mientras que su relación aún permanecía en términos amorosos. Ernest hace referencia a la visita de John ("Dos") y Katy Dos Passos a Key West durante tres días de pesca "en forma de oleaje" en el golfo, e incluye un párrafo en el que se presume sobre el tamaño, el tipo y la cantidad de peces capturados. 3Hemingway también dice que Carol se había sentido "feliz" en su última visita, la Navidad de 1931, y que a él le encantaría que viniera al sur nuevamente durante las vacaciones de primavera. La carta rezuma calidez y preocupación paterna / fraterna junto con una oferta para enviar dinero para las necesidades que Carol pueda necesitar. Ernest firma como "el viejo Stein", el cariñoso hermano de Carol, e indica que encuentra difícil poner la pluma al papel, pero que la vida está en una "campana [sic] époque".
La carta de Pauline, el 8 de septiembre de 1932, también es calurosamente paterna e incluye un cheque, así como consejos sobre dónde y cómo debería comprar Carol en preparación para su aventura europea. Pauline cierra con una invitación para que su cuñada regrese después del año en el extranjero a través de La Habana, donde los Hemingway esperan alquilar un apartamento. Pauline llama a Carol por su apodo de infancia, "Beefie", y se despide con mucho amor. ..

Friday, January 25, 2019

MARY WELSH, EL GOLPE DE SUERTE



Cuando Mary se pone sus gafas de sol Wayfarer, el resplandor de esta bella mujer hace un extraño contraste con aquellas áreas brumosas y duras donde suele lucir Ernest Hemingway. De alguna manera, ella no encaja bien en los trópicos, a Cuba, a África, pero por otro lado, te das cuenta, ella se lleva muy bien.
Mary Welsh es la cuarta esposa de Ernest Hemingway. Uno puede llamarlo un golpe de suerte para el escritor. Aunque algunos, especialmente algunos de los empleados cubanos de Finca Vigía, los describen como fríos, mandones y calculadores. Para muchos miembros del círculo de amigos de Hemingway, ella mantiene una relación bastante distante.
Pero, por otro lado, ¿cómo tratas a un tipo como Hemingway si no estás constantemente en Hab-eight? ¿Realmente tendría sentido tener otro torbellino en el lado del vivaz gutsman Ernest?
En marzo de 1946, Ernest Hemingway se casa con su Mary Welsh en Cuba. Mary se aleja mucho de estar casada con Ernest, no le importa mantenerse al margen. Contra la vasta sombra de este Ernest Hemingway no hay luz, la inteligente Mary lo sabe. Por esto, las reglas y las cambian en casa, ordenadas. Los criados alrededor, manteniendo el orden y la rutina diaria en la casa. Ella actúa como un sargento del general de cuatro estrellas.
Nacida en Minnesota, Mary Welsh es nueve años más joven que Ernest y una mujer de notable paciencia. Mary es una buena oyente e indulgente y tolera los estados de ánimo de Ernest. También mira a regañadientes las aventuras amorosas y alegres del marido, pero con gran paciencia. Le duele lo agresivamente que él posa con otras mujeres.
Él corteja y atrapa a muchas mujeres, y a menudo no es simplemente una cuestión de mutilación. Y Mary sabe que las pocas veces que lo hizo, no es estúpida ni ciega. Luego estuvo a punto de dejarlo, pero en el último momento cambió de opinión.
La propia Mary Welsh trabajó como periodista, primero en el Chicago Daily News y más tarde, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, en el Daily Express de Londres del barón Beaverbrook, y más tarde en la oficina de correspondencia de Londres de Time , Life and Fortune . Mary es alegre y vive en el centro de Londres, entre Regent Street y Hyde Park, en Grosvenor Street 31. Mary Welsh tiene una muy buena reputación en Inglaterra como una reportera honesta y trabajadora, pero a ella tampoco le falta la asertividad.


La mayoría describe a Mary como una dama distinguida y educada que está muy atenta a la etiqueta y el comportamiento. Ernest, por otro lado, no se lo toma tan en serio con el Benimm, solo está fuera y le da a sus caprichos y deseos un pasaje seguro.
¿Cómo se conocieron los novios? En Londres, cuando Ernest y Mary eran corresponsales en la guerra. Es amor a primera vista. Pero, Mary afirma rápidamente, si le preguntas, porque sabe lo que vendrá ahora, me he casado con un hombre que amo, no con un escritor que admiro.
El Premio Nobel? María parece estar un poco abatida con esta palabra clave. Ernest, dice enfáticamente, siempre es tan generoso. Cuando recibió los $ 35,000, le pagó a nuestro chofer y a los otros sirvientes de Finca Vigía el salario de diez meses como propina. Y me dio un cheque por dos mil dólares.
¿Queda algo, el dinero de Noblemen, Señora?, Le pregunta al periodista peruano Manuel Jesús Orbegozo, quizás un poco demasiado. No me queda nada, Mary se ríe burlonamente, solo lo tengo a él. Y el editor Orbegozo no sabe realmente cómo debe entenderse ese humor.


Wolfgang Stock / En Mujeres. / 05/10/14



Monday, December 31, 2018

ADIÓS 2018





 Se acaba el año, un año doloroso para muchos, contradictorio para otros, lleno de sinsabores y contadas alegrías. A escasas horas del final, cualquier balance es impropio. Como decía Borges: "El tiempo es una imagen del pasado". Le agregaría: de la memoria.

  No puedo dejar de pensar que el próximo 1ro. de enero se celebrará el tiempo de la Revolución Cubana. Recuerdo dividido, como expresa un amigo caribeño: "Cuba seguirá como un corcho viejo, flota pero no se hunde". Y también el mismo día Jair Bolsonaro asumirá como presidente del Brasil, un hecho que abrirá enormes expectativas para América Latina.



  Un año más para La pipa que lleva 13 años de vida. Un espacio que nació como hobby y que está reconocido, en muchas universidades, como material de consulta.

 Gracias a esta bitácora nacieron proyectos, viajes, conferencias, charlas y el contagio por la lectura de la literatura hemingwayana.

 Un año más con amigos, académicos, profesores, intelectuales y acompañantes en la aventura de las letras.

   En pocas horas se abrirá la puerta de un nuevo período y nos encontrará listos para seguir andando.




  Los espero. Les agradezco. Les deseo felicidad. No me dejen sin compañía.

                                                       José María Gatti