Friday, October 26, 2018

LOS CUENTOS GUARDADOS






AP
Nueva York, N. Y.

Dos cuentos de Ernest Hemingway escritos a mediados de la década de los 50 y rara vez vistos serán publicados el próximo año.

El director del patrimonio literario de Hemingway, Michael Katakis, dijo que The Monument e Indian Country and the White Army se incluirán en una reedición especial del clásico del autor For whom the bell tolls (Por quién doblan las campanas). La nueva edición también incluirá el cuento A room on the garden side (Una habitación al lado del jardín), que era poco conocido más allá de la comunidad académica hasta que la revista The Strand lo publicó este año.

For Whom the Bell Tolls: The Hemingway Library Edition saldrá a la venta en el verano de 2019. La célebre novela, ambientada en la Guerra Civil española, resonó hace unos meses. Era una de las favoritas del senador John McCain, quien murió en agosto, y el título de un documental de HBO sobre el republicano de Arizona y veterano de la Guerra de Vietnam.

Katakis, cuyo libro Ernest Hemingway: Artifacts from a Life sale esta semana, ha supervisado numerosos proyectos póstumos. Ha trabajado en coordinación con el hijo del autor, Patrick Hemingway, en reediciones de A moveable feast (París era una fiesta), Green hills of Africa (Las verdes colinas de África) y otros libros, además de la polémica publicación de True at first light, que Ernest Hemingway dejó sin terminar cuando se suicidó en 1961.

“He estado hablando con Patrick mucho tiempo y siempre nos hacemos la misma pregunta: ‘¿Hay alguna razón para que esto se publique?’”, dijo Katakis en una entrevista telefónica, pero declinó explicar por qué decidieron publicar los cuentos de la década de los años 50, parte de la Colección de Ernest Hemingway en la Biblioteca y Museo John F. Kennedy en Boston.



Reflexiones de la época
Hemingway escribió cinco cuentos en 1956 en los que reflexionó sobre su época de corresponsal y participante en la Segunda Guerra Mundial. Le decía a su editor, Charles Scribner Jr., que probablemente debían publicarse después de su muerte porque eran “un poco traumáticos” y lidiaban “con tropas y combates irregulares y con personas que de hecho matan gente”.

Uno de esos trabajos, Black ass at the crossroads, se publicó hace años. Otro cuento, The bubble reputation, de momento seguirá sin publicarse.

Ernest Hemingway: Artifacts from a Life también incluye artículos de la colección de la biblioteca JFK como fotografías, cartas y extensas anotaciones. En un breve prólogo, Patrick Hemingway cita un recuerdo de su infancia que no se menciona en el libro ni en ningún otro lado: una caja de pesca de truchas que el autor usaba en paseos familiares.

“Para mí, esa caja de pesca de truchas acentuaba el elegante rito de mi mamá y mi papá al caminar juntos río abajo a seis metros de cada orilla, lanzando uno hacia el otro su sebo de tres moscas mojadas, dejando flotar sus sedales y enderezándose antes de levantar las cañas y volver a lanzar”, escribió Patrick Hemingway.

Sin embargo, agregó, “hasta el tazón y la campanilla más finos se agrietan”. El matrimonio había acabado para 1940, la caja desapareció unos años después.

Tuesday, September 25, 2018

La pipa de : LA VIDA DE LA "MISS TEXAS"

La pipa de : LA VIDA DE LA "MISS TEXAS": Una mañana del 2013, en la rada del Yacht Club Peruano de La Punta, Callao, la mítica embarcación ‘Miss Texas’ levaba anclas por ...

LA VIDA DE LA "MISS TEXAS"

Una mañana del 2013, en la rada del Yacht Club Peruano de La Punta, Callao, la mítica embarcación ‘Miss Texas’ levaba anclas por última vez para navegar con rumbo norte hacia la bahía de Cabo Blanco. Volvería así a revivir la época dorada de esas riquísimas aguas saladas de la década de los 50, donde el trofeo a la paciente espera de marineros y aficionados a la pesca de mar adentro era el mítico merlín negro. 
Los protagonistas de esta historia fueron Umberto Ballotta Césaro, el esmerado constructor naval; Hernán Balderrama Jabaloya, el navegante y vendedor de barcos; y José Koechlin Von Stein, el pertinaz visionario de un mundo mejor para todos. 
La ‘Miss Texas’ vino desde Nueva Escocia, en Norteamérica, donde fue construida como lancha de pesca de altura y dotada de todos los implementos y la estructura para enfrentar mar grueso. 
En 1951, este barco singular llega al Fishing Club de Cabo Blanco para disfrute de los aficionados a la pesca de altura y los ejecutivos de la compañía petrolera Standard Oil, subsidiaria de la International Petroleum Company, con sede principal en la ciudad norteña de Talara. 

Ya entonces era grande la fama del mar de Cabo Blanco por los enormes especímenes que allí se pescaban y que atraían a personajes famosos del cine, negocios y acaudalados artistas. La visitaron el torero Luis Miguel Dominguín, Ava Gardner, Mario Moreno ‘Cantinflas’, John Wayne y tantos otros. 
Un día de 1956 bajó del avión en Talara nada menos que el reciente premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway. Venía a filmar en el propio mar de Cabo Blanco la pesca del famoso merlín negro, imágenes que serían utilizadas en la película de la Warner Bros. inspirada en su novela El viejo y el mar. El escritor permaneció más de 30 días en el club de Cabo Blanco y él mismo escogió la ‘Miss Texas’ para hacerse a la mar con el propósito de mirarse cara a cara con un merlín negro que superase el estándar más alto de peso y tamaño.  
A finales de la década de los 50 este barco se había convertido ya en un mito. Desgraciadamente, a partir del año 68 muchas empresas extranjeras se retiraron de nuestro territorio; entre ellas, la compañía de petróleo. La ‘Miss Texas’ fue sacada del mar y pasó a ocupar un depósito en la ciudad de Talara. La leyenda se convirtió en un trasto.
De vuelta a su destino,es aquí donde aparece Umberto Ballotta Césaro, hombre serio y bueno venido de Italia y radicado en la Amazonía. Esmerado constructor de barcos, Ballotta se hace de este casco abandonado y desterrado del mar. Luego de un tiempo largo en los astilleros de Corporación Ballotta, el barco de pesca de altura se fue convirtiendo en un yate de recreo. Don Umberto se inspiró en el catálogo de un barco tipo Trawler que le gustó y que estaba dotado de todo lo necesario para una estancia confortable, ya sea fondeado en bahía o navegando. Al final la ‘Miss Texas’, con una figura y una indumentaria diferente, volvería al mar. Su nuevo destino fue el Yacht Club de Ancón, donde pasó algunos años navegando esporádicamente. En ocasiones salía a pequeños viajes con el ex alcalde Luis Bedoya Reyes y su familia. En otras, el propio Umberto se hacía a la mar con proa a los islotes frente a Ancón.  
En 1998 yo era vendedor de barcos de recreo, siendo representante de compañías de ultramar dedicadas a la misma tarea. Como segundo protagonista de esta historia, formé parte de la Corporación Ballotta con un proyecto de fabricar en el Perú los primeros catamaranes con diseño de Derek Kelsall de Nueva Zelanda. 
Un día, conversando con don Umberto, le pregunté sobre un cuadro con recortes de periódicos, fotos de un merlín y notas antiguas que había en su oficina. 
“Ah, esa es la ‘Miss Texas’, un barco que tiene historia; lo tengo en Ancón”. 
El 3 de setiembre del año 2006 pusimos pie en la raca de popa del ‘Miss Texas’. Por una entrada en el espejo de estribor quedamos en la cubierta posterior. En el salón de fina madera –cedro, caoba, capirona–, amplias ventanas permitían una vista panorámica de 360 grados. Una cocina adornada curiosamente con mayólicas de tono verde le daba al recinto un ambiente por demás acogedor. Luego el puente de gobierno de la nave, la proa especial para mar duro, una muy bella escalera tipo caracol que da acceso a planta baja, camarotes y baños. 
“Se lo compro”, dije. “Bueno, pues”, contestó. Así fue como me convertí en el último propietario del yate ‘Miss Texas’. Con él navegué asiduamente por el mar peruano, junto a mi esposa y nuestro perro Huayki. Pasábamos los fines de semana a bordo y desembarcábamos en la mañana a comprar el periódico.  
Hasta que aparece en escena el tercer jugador de la partida, José Koechlin Von Stein, quien comanda la organización Inkaterra, que vela por las áreas protegidas y la vida natural. 
Tuvimos él y yo un primer encuentro un día sábado en el mar de La Punta, con el yate amarrado a su fondeadero. Grato encuentro al que siguieron charlas posteriores, separadas por intervalos diferentes. El 15 de enero del 2013 Inkaterra compró la leyenda con el único propósito de que dejara de ser un yate como tal y recobrara su estampa original como un barco para pesca de altura. Tomé parte activa y protagónica en la tarea, premunido de fotos y documentos gráficos de la época, hasta que un día la nueva vieja estampa renació. La idea era que retornara tan pronto concluyera su reconstrucción a su lugar primigenio: Cabo Blanco, en Piura. A todos nos confortó saber que retornaba al destino para el que fue creada.
Hernan Balderrama Jabaloya para diario El Comercio.
Esta historia que conocí por boca de Hernán, me sedujo tanto, que decidí escribir una nouvelle titulada EL MUERTITO DE HEMINGWAY, cuya historia transcurre en esos días dominantes en Cabo Blanco. La publicación del libro está prevista para el año próximo y seguramente será presentada en la caleta de Piura. José María Gatti

Wednesday, August 29, 2018

EL PRINCIPIO DE LA LEYENDA





El 26 de julio de 1960, apurado por el embajador norteamericano, Ernest Hemigway dejó su residencia de Finca Vigía. "Deben salir  de Cuba de inmediato, no queremos que sea a la fuerza", le dijo el funcionario a Mary Welsh. Ernest no estaba convencido, pero sabía que los agentes de la CIA lo tenían acorralado y, esta vez, la cosa iba en serio.
Hemingway dejó la casa con la idea de volver. De hecho ordenó su escritorio, colocó la máquina de escribir sobre un ejemplar del Who`s Who in América, afiló un par de lápices, preparó hojas de papel carbónico y acomodó la bandeja de bebidas. No pensó en una despedida, saludó a todos con "hasta la vuelta" y marchó hacia España.



Desde ese momento, Hemingway dejaba de ser Hemingway. Mary lo sabía. Aquel viaje sería una maldición y terminaría muy mal, a tal punto que sola viajo a Nueva York para alejarse de un Papa insoportable.
Ernest tenía la ilusión de que el exilio temporario y obligado durara unos meses, pero la realidad no fue así. Su destino en Ketchum  marcaría el desmoronamiento de un hombre que ya no quería ser una carga. Siempre quedará la duda sobre si  en su decisión final, Mary no cometió abandono de persona.




Semanas después de su muerte. la viuda viajó a La Habana para recoger varias de sus pertenencias y firmar el acuerdo de donar la casona al patrimonio cubano.
Desde 1962 Finca Vigía se convirtió en Museo. Papa no pudo regresar. El fin era el principio de la leyenda.





Wednesday, August 01, 2018

BILL HILLMANN, EL ESCRITOR QUE SE ENCONTRÓ CON HEMINGWAY




Ex boxeador, escritor y, ante todo, mozo en los sanfermiines. Son algunos de los hitos en la variopinta biografía del norteamericano Bill Hillmann, que pasó de ser un joven al borde del abismo a autor reconocido después de correr en Pamplona.

Hillmann, de 36 años, se crió en uno de los barrios más castigados de Chicago. Tras años de peleas callejeras, drogas y alcohol, el encontronazo con la bravura literaria de Hemingway le sacó del arroyo, literal y literariamente.



El autor abrió los ojos a los sanfermines tras leer Fiesta (The sun also rises, 1926), la mítica primera novela del Nobel, habitual parroquiano de San Fermín durante años. En el libro, Ernest Hemingway describe el ambiente de los sanfermines al detalle y reflexiona con su poderosa prosa sobre la naturaleza del miedo y la valentía.

El joven Hillmann cayó rendido ante este influjo y decidió seguir la estela de su admirado maestro. El ex púgil viajó hasta Navarra para conocer de primera mano ese “mundo de diversión, alegría, danza, música, audacia, bebida, muerte y por supuesto de majestuosos toros”, como describe con entusiasmo.



“Hemingway me influyó profundamente con las palabras más simples. Desde entonces, he intentado conectar con su escritura sin éxito y asumo que lo seguiré intentando hasta que me muera”, reflexiona.
Bill Hilmann acude puntual cada verano a la capital navarra donde corre en los encierros desde hace más de una década. El mozo americano se ha convertido en icono y referencia en el mundo anglosajón.
Una experiencia iniciática que le ha transformado la vida, le ha ayudado a espantar sus demonios y le ha convertido “en mejor persona”.




“Los encierros se han convertido en una forma de poner a prueba mi ambición y de crear arte con mi vida (…) La carrera me ha dado la fuerza para dejar el alcohol, las drogas y superar mi trastorno bipolar. Desde ese día correr en los sanfermines se ha convertido en un poderoso río en mi vida que me ayuda a sobreponerme en los tiempos duros”, señala sobre una onda expansiva que también ha alcanzado su carrera como escritor. The Old Neighborhood (El viejo barrio, 2014), su primera novela basada en sus años turbulentos de Chicago, ha sido acogida con excelentes críticas.

"Quiero contar al mundo la historia de los grandes corredores"

En un discurso cargado de épica, el novelista y mozo insiste en que San Fermín también le ha bendecido con “numerosos amigos y maestros” entre los que cita a populares corredores como Julen Madina o Aitor Aristregui.

“Estos hombres me han hablado de generosidad y de poner tu vida al límite y cuando vives de esa forma se convierte en un foco maravilloso. Mi vocación no era convertirme en un gran mozo sino ser el testigo de los grandes corredores y contar al mundo su historia”, apunta sobre el sentimiento de fraternidad que les une.

Esta pasión por los encierros también la ha plasmado por escrito en dos libros sobre sus peripecias en la fiesta pamplonesa que describe como “locura pacífica”.





El primero, Cómo sobrevivir en el encierro de Pamplona, del que es coautor con John Hemingway, Joe Distler y Alexander Fiske-Harrison, es un manual en el que analiza tramo a tramo el recorrido, y el más reciente, Corriendo con Hemingway (Ediciones Península, 2016), donde relata su descenso a los infiernos en la adolescencia y describe el encierro desde sus entrañas.

En el prólogo, John Hemingway, nieto del narrador americano y amigo personal del escritor de Chicago, escribe: “Hillmann baja con el lector a las calzadas de los adoquines que conforman los 900 metros del encierro de Pamplona. Describe los olores, la adrenalina, y los sonidos que rodean a uno de los acontecimientos más peligrosos que he visto o en los que he participado. También explica con gran acierto por qué él y tantas otras personas sienten tal pasión por este evento que no es deporte ni carrera sino una celebración de la vida”.

Pero el autor tampoco obvia el riesgo aparejado a jugarse la vida en la calle Estafeta. Ha sufrido dos cogidas corriendo, una en 2014 con una puntada doble, y la otra, el pasado año cuando los astados de la ganadería Escolar le arrollaron en la Cuesta de Santo Domingo y su imagen herido volvió a dar la vuelta al mundo.

“No me preocupan las cornadas. Ocurre. Es una experiencia importante para un corredor. Te recuerda que eres mortal y trae más poesía al encierro. Soy un mozo y debo correr. No hay elección”, le quita hierro para enumerar las sensaciones que le invaden en la vorágine de la carrera.

“El suelo tiembla bajo mis pies. Tengo un propósito y no tengo miedo. Estoy en paz y en el paraíso. Tengo esos momentos del pasado año en mi mente”. Con estos recuerdos bajo el brazo, Bill Hillmann está cocinando su siguiente libro en el que recogerá su participación en 200 encierros en pueblos de toda España.

A los debutantes, entre los que se encuentran corredores guiris de numerosas nacionalidades, sobre todo norteamericanos, australianos y neozelandeses embrujados por los sanfermines, el escritor les regala una recomendación a medio camino entre la ironía y la sensatez:

“Les diría que no lo hicieran. Es muy peligroso. No merece la pena perder la vida o destrozar tu cuerpo. Si aun así no escuchan este consejo les diré todo lo que ha aprendido en el encierro y haré todo lo posible por protegerlos como uno de los nuestros, un mozo. La primera lección es que si te caes te quedes en el sitio y no te muevas”. 

ANA BELÉN GARCÍA FLORES.





Thursday, June 28, 2018

EL MUERTITO DE HEMINGWAY




Anticipo de la novela que transcurre en Cabo Blanco (Perú), durante la visita de Ernest Hemingway a esa caleta, con motivo de la filmación de El viejo y el mar
Estuvo alojado en el Fishing Club durante 35 días. Espero los comentarios. El libro aparece el próximo año.





Abril de 1956
Cabo Blanco -Talara - Máncora - El Ñuro - Lobitos – San Miguel de Piura.                  

Mary despertó anudada al sillón. No sabía cómo había terminado allí. Recién cuando fijó su mirada en la cama recordó que Ernest, totalmente borracho, la había echado del cuarto. Ya estaba acostumbrada al triste malestar, pero ahora era distinto. Finca Vigía parecía lejana y ese rumor que empezaba a circular la disgustaba. Se recriminó haberle preguntado a Ernest sobre el tema. Sabía que cuando lo acorralaba, la conversación terminaba en gritos y en algún golpe. Pero esta vez la gravedad  del asunto podía acabar con el prestigio de su pareja.
Decidió ducharse y solicitar el desayuno en la habitación.
-    Señora, el horario del desayuno terminó hace 2 horas.
-    ¿Qué hora es?
-    Las 12.30. Si desea podemos prepararle un brunch.
-    No, un jugo de naranja.

Se vistió y solamente pintó sus labios. La campanilla del teléfono la sobresaltó.
-    Diga…
-    Disculpe ¿habla Mary Welsh?
-    Diga…
-    Mi nombre es Carlos Benavídez Ochoa, soy reportero del diario El Comercio y quisiera entrevistarla.
-    No acostumbro a dar reportajes.
-    Lo sé señora, pero se trata  de un tema que ganó el rumor de la calle y sería bueno su opinión.
-    Le reitero, no me presto a notas periodísticas.
  Doy por terminada esta  conversación.

Mary sabía que estaba acorralada. Un suspiro de más y todo concluía en tragedia.
El rumor siempre terminaba en certeza, ella lo sabía de sobra. Ahora cada palabra debía ser cuidada y eso la molestaba. Estaba segura que la prensa la seguiría a todos lados, que en calle no podría caminar, que debería esconderse si fuera necesario.
Antes de abandonar el cuarto, armó mentalmente cómo enfrentar a esos insidiosos periodistas que sólo querían confirmar la sospecha. No podía dar marcha atrás y menos escaparse por el sector de servicio. Para su sorpresa, al ingresar al hall nadie la acosó. Caminó segura hacia la salida y al ganar la calle, recién allí, un hombre petiso de traje oscuro  con gorro visera de color azul, la interceptó.
-   
 ¡Señora Well, señora Well!- le gritó.
-    Welsh en tal caso- contestó.
-    Disculpe, ¿Le puedo hacer unas preguntas?
-    De qué se trata.
-    Ernest ya lleva 10 días de pesca en la Miss Texas y según los pescadores hace dos días se produjo un accidente en la embarcación.
-    Hemingway sale muy temprano y prácticamente no nos cruzamos. Llega muy cansado se acuesta y se queda dormido.
-    ¿Usted sabe algo de Efraín Castillo, un niño de 12 años?
-    No.
-    Está desaparecido, los pescadores aseguran que se subió a la Miss Texas durante la noche. Nadie se dio cuenta de su presencia hasta que apareció en la cubierta. Hemingway empezó a los gritos, insultando a toda la tripulación y cuando se dirigía al joven para increparlo, el chico se arrojó al mar. Trataron de rescatarlo pero Ernest dijo:¡Que se joda por idiota!
-    Desconozco lo que me dice, no lo creo.
-    Señora…
-    Terminado el interrogatorio.

Mary apuró el paso y enfrentó a un vendedor sombrillas que parecía un pájaro multicolor. Compró una sobrilla de color naranja y verde y la abrió para protegerse del sol. Caminó hasta el muelle y miró hacia el horizonte.
Eran la 2 de la tarde y una brisa caliente le llenó el rostro.


Saturday, May 26, 2018

TOMANDO UN CAMPARI CON ERNEST





Durante décadas, famosos novelistas y ensayistas han estado disfrutando y escribiendo sobre el  Campari, el Negroni, el Americano y otros cócteles de aperitivo.

Los abrevaderos europeos han estado seduciendo a los escritores durante décadas. Una larga tarde dedicada a escribir (o supuestamente a escribir) en un café de la acera, generalmente acompañada de un aperitivo, tiene cierto atractivo y atractivo.

Ernest Hemingway escribió acerca de su "buen café" y exaltó las virtudes de "un lugar limpio y bien iluminado".




Malcolm Cowley suspiraba por esos días en la terraza del café, "con una buena bebida larga y nada que hacer excepto beberla".

Y a menudo, de la investigación que he hecho para mis libros, esos escritores disfrutaron del amargo aperitivo Campari y, naturalmente, lo incluyeron en sus novelas, memorias y poemas.

El licor fue inventado por Gaspare Campari en la década de 1860 en el Bass Bar de Turín, Italia, donde trabajó como maitre licoriste o maestro barman. Campari es una mezcla secreta de ingredientes naturales, principalmente hierbas, especias, cortezas, frutas y cáscaras de frutas. Su característico matiz carmín originalmente derivado del colorante extraído de la cochinilla, un insecto escarabajo nativo de América Latina.

Una de las primeras referencias literarias que he podido encontrar para Campari está en el trabajo de D.H. Lawrence. Aunque es mejor conocido por su novela clásica (y controvertida) de 1928 Lady Chatterley's Lover, viajó extensamente por Italia, y en 1916 publicó un conjunto de ensayos titulado Twilight in Italy. El último capítulo, "The Return Journey", contiene una suma un tanto melancólica de sus perspectivas sobre Como y la cercana Milán, y tal vez use Campari para expresar su sentimiento agridulce. En cuanto a Como, reconoce que "debe haber sido maravilloso incluso hace cien años". Ahora es cosmopolita ... "y" en todas partes apesta a dinero mecánico-placer ". Milán no era mejor; "Sentado en la Plaza de la Catedral, el sábado por la tarde, bebiendo el amargo Campari y viendo el enjambre de hombres de ciudad italianos beber y hablar animadamente, vi que aquí la vida todavía era vívida, aquí el proceso de desintegración era vigoroso, y se centraba en un multiplicidad de actividades mecánicas que involucran tanto a la mente humana como al cuerpo ".







Casualmente, fue en Milán donde Ernest Hemingway descubrió Campari, solo dos años después de que Lawrence lanzara Twilight. A la edad de 18 años, Hemingway sirvió en el Cuerpo de Ambulancia de la Cruz Roja Internacional, y fue gravemente herido durante un ataque de mortero austríaco en las líneas italianas cerca de Venecia. Tras evacuar a un hospital en Milán, pasó el verano y el otoño de 1918 recuperándose de 227 metralla y heridas de bala en las piernas. Los amigos le traerían vino y bebidas espirituosas para ayudarlo a lidiar con su dolor (y aburrimiento). Como recordó en su libro de memorias A Moveable Feast, uno de estos amigos era un "viejo con buenas maneras y un gran nombre que vino al hospital en Italia y me trajo una botella de Marsala o Campari y se comportó perfectamente, y luego un día tendría   que decirle a la enfermera que nunca vuelva a dejar que ese hombre entre a la habitación ". Cuando más tarde le contó este cuento a Gertrude Stein, ella respondió bruscamente," esas personas están enfermas y no pueden ayudarse a sí mismas y deben compadecerse ". Hmmm, pero el viejo tenía buen gusto en el alcohol, ¿no?

Campari también se puede encontrar en la novela de Hemingway de 1949 Across the River y Into the Trees. Es la historia de un oficial del ejército que envejece, el coronel Richard Cantwell, y su amante mucho más joven, Renata, teniendo una última aventura en Venecia. Aunque está tomando pastillas para el corazón y no debería estar bebiendo, a su llegada al Gritti Palace Hotel, se alegra por el hecho de que su botones se haya tomado la libertad de comprarle "Camters amargos y una botella de Gordon Gin", y pregunta el Coronel "¿Puedo convertirte en un Campari con ginebra y refrescos?" ¿Cómo podría negarse el buen Coronel? "No lo quería, y sabía que era malo para él". Pero lo tomó con su antigua truculencia de jabalíes, "quizás una referencia astuta al jabalí en la etiqueta de Gordon.

PHILIP GREENE




Saturday, April 28, 2018

EN NUESTRO TIEMPO






Ricardo Piglia tenía 18 años cuando leyó In Ower Time. Estaba en Mar del Plata, se metió en una librería de viejos de la terminal de ómnibus, y en la mesa de saldos lo encontró. Esa misma tarde lo leyó sin descanso y se enamoró.
Ernest Hemingway publicó su obra a los 26 años, venía del periodismo y su estilo lo mostraba en cada línea.
¿Se puede hablar de un “estilo Hemingway”?. La respuesta es un sí rotundo. Más allá de todo lo dicho y buceado sobre su persona, tenemos que admitir que Hemingway, entre otros méritos, tuvo el coraje de plantarse y cambiar una modalidad, una forma cerrada de ser, un lenguaje oculto. Para lograrlo no recurrió al milagro, sino a algo tan simple como el trabajo. En su época, ser periodista era sinónimo de vago. Por diferencia, a un escritor se lo bautizaba de “bohemio”. Sin embargo, paradójicamente para sobrevivir, los “bohemios” se transformaban en “vagos” y los “vagos” en “bohemios”.
Hemingway nunca se alejó del periodismo. Su literatura es un claro ejemplo. Basta con leer La corta y feliz vida de Francis Macomber, El hombre que corrompió a Hadleyburgo o Cincuenta de a mil, para dejar abierta la inquietud y el deseo de meterse co otros relatos.
Esta publicación en castellano de En nuestro tiempo, traducida por Rolando Costa Picazzo, tiene otra protagonista: además de Ricardo Piglia, quien la prologa, se le suma la editora Daniela Portas. Es ella la que “cocina” la edición después que Piglia le confiesa: “El primer libro de Hemingway nunca se publicó en español; si lo publican yo escribo el prólogo.” Este desafío, con un Piglia enfermo, tuvo su coronación y la alegría de de contar hoy en las bateas, la obra temprana de Hemingway.
“Hem”  tenía bien en claro como manejar la situación para dominar el imaginario cultural de los Estados Unidos. Su narrativa, mal que les pese a los academicistas, tuvo la cualidad de satisfacer a un público que en su mayoría era el lector medio y, como ningún otro, logró llevarlos de las narices hasta su mundo, simple y lineal desde la estructura, despojado de artificios, veloz y violento, cercano a lo cinematográfico, profundamente tierno y melancólico, donde siempre está presente su testimonio autobiográfico.
“Papa” Hemingway fue tan hábil que él mismo vapuleó la condición del comunicador. Renegó de su pasado como reportero, pero no era ingenuo, sabía que del oficio había tomado todas las reglas y al igual que un mago sacaba de la chistera los pañuelos de colores.
Volver a leer estos cuentos me llena de placer, uno con la relectura rescata esa felicidad que el tiempo no desmorona. Me siguen emocionando Campamento indio, Gato bajo la lluvia, Río de dos corazones y Fuera de temporada. Todos con esa magia estilística que apuntaló a otros escritores.
Dice Piglia en el final de su prólogo: “Como tantos escritores, yo había buscando liberarme del falso estilo literario que ensombrecía la literatura argentina.  Mi experiencia con este libro me abrió las puertas de la experimentación narrativa. Por eso, celebro esta edición y la pienso como si fuera una deuda saldada.”