Wednesday, August 01, 2018

BILL HILLMANN, EL ESCRITOR QUE SE ENCONTRÓ CON HEMINGWAY




Ex boxeador, escritor y, ante todo, mozo en los sanfermiines. Son algunos de los hitos en la variopinta biografía del norteamericano Bill Hillmann, que pasó de ser un joven al borde del abismo a autor reconocido después de correr en Pamplona.

Hillmann, de 36 años, se crió en uno de los barrios más castigados de Chicago. Tras años de peleas callejeras, drogas y alcohol, el encontronazo con la bravura literaria de Hemingway le sacó del arroyo, literal y literariamente.



El autor abrió los ojos a los sanfermines tras leer Fiesta (The sun also rises, 1926), la mítica primera novela del Nobel, habitual parroquiano de San Fermín durante años. En el libro, Ernest Hemingway describe el ambiente de los sanfermines al detalle y reflexiona con su poderosa prosa sobre la naturaleza del miedo y la valentía.

El joven Hillmann cayó rendido ante este influjo y decidió seguir la estela de su admirado maestro. El ex púgil viajó hasta Navarra para conocer de primera mano ese “mundo de diversión, alegría, danza, música, audacia, bebida, muerte y por supuesto de majestuosos toros”, como describe con entusiasmo.



“Hemingway me influyó profundamente con las palabras más simples. Desde entonces, he intentado conectar con su escritura sin éxito y asumo que lo seguiré intentando hasta que me muera”, reflexiona.
Bill Hilmann acude puntual cada verano a la capital navarra donde corre en los encierros desde hace más de una década. El mozo americano se ha convertido en icono y referencia en el mundo anglosajón.
Una experiencia iniciática que le ha transformado la vida, le ha ayudado a espantar sus demonios y le ha convertido “en mejor persona”.




“Los encierros se han convertido en una forma de poner a prueba mi ambición y de crear arte con mi vida (…) La carrera me ha dado la fuerza para dejar el alcohol, las drogas y superar mi trastorno bipolar. Desde ese día correr en los sanfermines se ha convertido en un poderoso río en mi vida que me ayuda a sobreponerme en los tiempos duros”, señala sobre una onda expansiva que también ha alcanzado su carrera como escritor. The Old Neighborhood (El viejo barrio, 2014), su primera novela basada en sus años turbulentos de Chicago, ha sido acogida con excelentes críticas.

"Quiero contar al mundo la historia de los grandes corredores"

En un discurso cargado de épica, el novelista y mozo insiste en que San Fermín también le ha bendecido con “numerosos amigos y maestros” entre los que cita a populares corredores como Julen Madina o Aitor Aristregui.

“Estos hombres me han hablado de generosidad y de poner tu vida al límite y cuando vives de esa forma se convierte en un foco maravilloso. Mi vocación no era convertirme en un gran mozo sino ser el testigo de los grandes corredores y contar al mundo su historia”, apunta sobre el sentimiento de fraternidad que les une.

Esta pasión por los encierros también la ha plasmado por escrito en dos libros sobre sus peripecias en la fiesta pamplonesa que describe como “locura pacífica”.





El primero, Cómo sobrevivir en el encierro de Pamplona, del que es coautor con John Hemingway, Joe Distler y Alexander Fiske-Harrison, es un manual en el que analiza tramo a tramo el recorrido, y el más reciente, Corriendo con Hemingway (Ediciones Península, 2016), donde relata su descenso a los infiernos en la adolescencia y describe el encierro desde sus entrañas.

En el prólogo, John Hemingway, nieto del narrador americano y amigo personal del escritor de Chicago, escribe: “Hillmann baja con el lector a las calzadas de los adoquines que conforman los 900 metros del encierro de Pamplona. Describe los olores, la adrenalina, y los sonidos que rodean a uno de los acontecimientos más peligrosos que he visto o en los que he participado. También explica con gran acierto por qué él y tantas otras personas sienten tal pasión por este evento que no es deporte ni carrera sino una celebración de la vida”.

Pero el autor tampoco obvia el riesgo aparejado a jugarse la vida en la calle Estafeta. Ha sufrido dos cogidas corriendo, una en 2014 con una puntada doble, y la otra, el pasado año cuando los astados de la ganadería Escolar le arrollaron en la Cuesta de Santo Domingo y su imagen herido volvió a dar la vuelta al mundo.

“No me preocupan las cornadas. Ocurre. Es una experiencia importante para un corredor. Te recuerda que eres mortal y trae más poesía al encierro. Soy un mozo y debo correr. No hay elección”, le quita hierro para enumerar las sensaciones que le invaden en la vorágine de la carrera.

“El suelo tiembla bajo mis pies. Tengo un propósito y no tengo miedo. Estoy en paz y en el paraíso. Tengo esos momentos del pasado año en mi mente”. Con estos recuerdos bajo el brazo, Bill Hillmann está cocinando su siguiente libro en el que recogerá su participación en 200 encierros en pueblos de toda España.

A los debutantes, entre los que se encuentran corredores guiris de numerosas nacionalidades, sobre todo norteamericanos, australianos y neozelandeses embrujados por los sanfermines, el escritor les regala una recomendación a medio camino entre la ironía y la sensatez:

“Les diría que no lo hicieran. Es muy peligroso. No merece la pena perder la vida o destrozar tu cuerpo. Si aun así no escuchan este consejo les diré todo lo que ha aprendido en el encierro y haré todo lo posible por protegerlos como uno de los nuestros, un mozo. La primera lección es que si te caes te quedes en el sitio y no te muevas”. 

ANA BELÉN GARCÍA FLORES.





Thursday, June 28, 2018

EL MUERTITO DE HEMINGWAY




Anticipo de la novela que transcurre en Cabo Blanco (Perú), durante la visita de Ernest Hemingway a esa caleta, con motivo de la filmación de El viejo y el mar
Estuvo alojado en el Fishing Club durante 35 días. Espero los comentarios. El libro aparece el próximo año.





Abril de 1956
Cabo Blanco -Talara - Máncora - El Ñuro - Lobitos – San Miguel de Piura.                  

Mary despertó anudada al sillón. No sabía cómo había terminado allí. Recién cuando fijó su mirada en la cama recordó que Ernest, totalmente borracho, la había echado del cuarto. Ya estaba acostumbrada al triste malestar, pero ahora era distinto. Finca Vigía parecía lejana y ese rumor que empezaba a circular la disgustaba. Se recriminó haberle preguntado a Ernest sobre el tema. Sabía que cuando lo acorralaba, la conversación terminaba en gritos y en algún golpe. Pero esta vez la gravedad  del asunto podía acabar con el prestigio de su pareja.
Decidió ducharse y solicitar el desayuno en la habitación.
-    Señora, el horario del desayuno terminó hace 2 horas.
-    ¿Qué hora es?
-    Las 12.30. Si desea podemos prepararle un brunch.
-    No, un jugo de naranja.

Se vistió y solamente pintó sus labios. La campanilla del teléfono la sobresaltó.
-    Diga…
-    Disculpe ¿habla Mary Welsh?
-    Diga…
-    Mi nombre es Carlos Benavídez Ochoa, soy reportero del diario El Comercio y quisiera entrevistarla.
-    No acostumbro a dar reportajes.
-    Lo sé señora, pero se trata  de un tema que ganó el rumor de la calle y sería bueno su opinión.
-    Le reitero, no me presto a notas periodísticas.
  Doy por terminada esta  conversación.

Mary sabía que estaba acorralada. Un suspiro de más y todo concluía en tragedia.
El rumor siempre terminaba en certeza, ella lo sabía de sobra. Ahora cada palabra debía ser cuidada y eso la molestaba. Estaba segura que la prensa la seguiría a todos lados, que en calle no podría caminar, que debería esconderse si fuera necesario.
Antes de abandonar el cuarto, armó mentalmente cómo enfrentar a esos insidiosos periodistas que sólo querían confirmar la sospecha. No podía dar marcha atrás y menos escaparse por el sector de servicio. Para su sorpresa, al ingresar al hall nadie la acosó. Caminó segura hacia la salida y al ganar la calle, recién allí, un hombre petiso de traje oscuro  con gorro visera de color azul, la interceptó.
-   
 ¡Señora Well, señora Well!- le gritó.
-    Welsh en tal caso- contestó.
-    Disculpe, ¿Le puedo hacer unas preguntas?
-    De qué se trata.
-    Ernest ya lleva 10 días de pesca en la Miss Texas y según los pescadores hace dos días se produjo un accidente en la embarcación.
-    Hemingway sale muy temprano y prácticamente no nos cruzamos. Llega muy cansado se acuesta y se queda dormido.
-    ¿Usted sabe algo de Efraín Castillo, un niño de 12 años?
-    No.
-    Está desaparecido, los pescadores aseguran que se subió a la Miss Texas durante la noche. Nadie se dio cuenta de su presencia hasta que apareció en la cubierta. Hemingway empezó a los gritos, insultando a toda la tripulación y cuando se dirigía al joven para increparlo, el chico se arrojó al mar. Trataron de rescatarlo pero Ernest dijo:¡Que se joda por idiota!
-    Desconozco lo que me dice, no lo creo.
-    Señora…
-    Terminado el interrogatorio.

Mary apuró el paso y enfrentó a un vendedor sombrillas que parecía un pájaro multicolor. Compró una sobrilla de color naranja y verde y la abrió para protegerse del sol. Caminó hasta el muelle y miró hacia el horizonte.
Eran la 2 de la tarde y una brisa caliente le llenó el rostro.


Saturday, May 26, 2018

TOMANDO UN CAMPARI CON ERNEST





Durante décadas, famosos novelistas y ensayistas han estado disfrutando y escribiendo sobre el  Campari, el Negroni, el Americano y otros cócteles de aperitivo.

Los abrevaderos europeos han estado seduciendo a los escritores durante décadas. Una larga tarde dedicada a escribir (o supuestamente a escribir) en un café de la acera, generalmente acompañada de un aperitivo, tiene cierto atractivo y atractivo.

Ernest Hemingway escribió acerca de su "buen café" y exaltó las virtudes de "un lugar limpio y bien iluminado".




Malcolm Cowley suspiraba por esos días en la terraza del café, "con una buena bebida larga y nada que hacer excepto beberla".

Y a menudo, de la investigación que he hecho para mis libros, esos escritores disfrutaron del amargo aperitivo Campari y, naturalmente, lo incluyeron en sus novelas, memorias y poemas.

El licor fue inventado por Gaspare Campari en la década de 1860 en el Bass Bar de Turín, Italia, donde trabajó como maitre licoriste o maestro barman. Campari es una mezcla secreta de ingredientes naturales, principalmente hierbas, especias, cortezas, frutas y cáscaras de frutas. Su característico matiz carmín originalmente derivado del colorante extraído de la cochinilla, un insecto escarabajo nativo de América Latina.

Una de las primeras referencias literarias que he podido encontrar para Campari está en el trabajo de D.H. Lawrence. Aunque es mejor conocido por su novela clásica (y controvertida) de 1928 Lady Chatterley's Lover, viajó extensamente por Italia, y en 1916 publicó un conjunto de ensayos titulado Twilight in Italy. El último capítulo, "The Return Journey", contiene una suma un tanto melancólica de sus perspectivas sobre Como y la cercana Milán, y tal vez use Campari para expresar su sentimiento agridulce. En cuanto a Como, reconoce que "debe haber sido maravilloso incluso hace cien años". Ahora es cosmopolita ... "y" en todas partes apesta a dinero mecánico-placer ". Milán no era mejor; "Sentado en la Plaza de la Catedral, el sábado por la tarde, bebiendo el amargo Campari y viendo el enjambre de hombres de ciudad italianos beber y hablar animadamente, vi que aquí la vida todavía era vívida, aquí el proceso de desintegración era vigoroso, y se centraba en un multiplicidad de actividades mecánicas que involucran tanto a la mente humana como al cuerpo ".







Casualmente, fue en Milán donde Ernest Hemingway descubrió Campari, solo dos años después de que Lawrence lanzara Twilight. A la edad de 18 años, Hemingway sirvió en el Cuerpo de Ambulancia de la Cruz Roja Internacional, y fue gravemente herido durante un ataque de mortero austríaco en las líneas italianas cerca de Venecia. Tras evacuar a un hospital en Milán, pasó el verano y el otoño de 1918 recuperándose de 227 metralla y heridas de bala en las piernas. Los amigos le traerían vino y bebidas espirituosas para ayudarlo a lidiar con su dolor (y aburrimiento). Como recordó en su libro de memorias A Moveable Feast, uno de estos amigos era un "viejo con buenas maneras y un gran nombre que vino al hospital en Italia y me trajo una botella de Marsala o Campari y se comportó perfectamente, y luego un día tendría   que decirle a la enfermera que nunca vuelva a dejar que ese hombre entre a la habitación ". Cuando más tarde le contó este cuento a Gertrude Stein, ella respondió bruscamente," esas personas están enfermas y no pueden ayudarse a sí mismas y deben compadecerse ". Hmmm, pero el viejo tenía buen gusto en el alcohol, ¿no?

Campari también se puede encontrar en la novela de Hemingway de 1949 Across the River y Into the Trees. Es la historia de un oficial del ejército que envejece, el coronel Richard Cantwell, y su amante mucho más joven, Renata, teniendo una última aventura en Venecia. Aunque está tomando pastillas para el corazón y no debería estar bebiendo, a su llegada al Gritti Palace Hotel, se alegra por el hecho de que su botones se haya tomado la libertad de comprarle "Camters amargos y una botella de Gordon Gin", y pregunta el Coronel "¿Puedo convertirte en un Campari con ginebra y refrescos?" ¿Cómo podría negarse el buen Coronel? "No lo quería, y sabía que era malo para él". Pero lo tomó con su antigua truculencia de jabalíes, "quizás una referencia astuta al jabalí en la etiqueta de Gordon.

PHILIP GREENE




Saturday, April 28, 2018

EN NUESTRO TIEMPO






Ricardo Piglia tenía 18 años cuando leyó In Ower Time. Estaba en Mar del Plata, se metió en una librería de viejos de la terminal de ómnibus, y en la mesa de saldos lo encontró. Esa misma tarde lo leyó sin descanso y se enamoró.
Ernest Hemingway publicó su obra a los 26 años, venía del periodismo y su estilo lo mostraba en cada línea.
¿Se puede hablar de un “estilo Hemingway”?. La respuesta es un sí rotundo. Más allá de todo lo dicho y buceado sobre su persona, tenemos que admitir que Hemingway, entre otros méritos, tuvo el coraje de plantarse y cambiar una modalidad, una forma cerrada de ser, un lenguaje oculto. Para lograrlo no recurrió al milagro, sino a algo tan simple como el trabajo. En su época, ser periodista era sinónimo de vago. Por diferencia, a un escritor se lo bautizaba de “bohemio”. Sin embargo, paradójicamente para sobrevivir, los “bohemios” se transformaban en “vagos” y los “vagos” en “bohemios”.
Hemingway nunca se alejó del periodismo. Su literatura es un claro ejemplo. Basta con leer La corta y feliz vida de Francis Macomber, El hombre que corrompió a Hadleyburgo o Cincuenta de a mil, para dejar abierta la inquietud y el deseo de meterse co otros relatos.
Esta publicación en castellano de En nuestro tiempo, traducida por Rolando Costa Picazzo, tiene otra protagonista: además de Ricardo Piglia, quien la prologa, se le suma la editora Daniela Portas. Es ella la que “cocina” la edición después que Piglia le confiesa: “El primer libro de Hemingway nunca se publicó en español; si lo publican yo escribo el prólogo.” Este desafío, con un Piglia enfermo, tuvo su coronación y la alegría de de contar hoy en las bateas, la obra temprana de Hemingway.
“Hem”  tenía bien en claro como manejar la situación para dominar el imaginario cultural de los Estados Unidos. Su narrativa, mal que les pese a los academicistas, tuvo la cualidad de satisfacer a un público que en su mayoría era el lector medio y, como ningún otro, logró llevarlos de las narices hasta su mundo, simple y lineal desde la estructura, despojado de artificios, veloz y violento, cercano a lo cinematográfico, profundamente tierno y melancólico, donde siempre está presente su testimonio autobiográfico.
“Papa” Hemingway fue tan hábil que él mismo vapuleó la condición del comunicador. Renegó de su pasado como reportero, pero no era ingenuo, sabía que del oficio había tomado todas las reglas y al igual que un mago sacaba de la chistera los pañuelos de colores.
Volver a leer estos cuentos me llena de placer, uno con la relectura rescata esa felicidad que el tiempo no desmorona. Me siguen emocionando Campamento indio, Gato bajo la lluvia, Río de dos corazones y Fuera de temporada. Todos con esa magia estilística que apuntaló a otros escritores.
Dice Piglia en el final de su prólogo: “Como tantos escritores, yo había buscando liberarme del falso estilo literario que ensombrecía la literatura argentina.  Mi experiencia con este libro me abrió las puertas de la experimentación narrativa. Por eso, celebro esta edición y la pienso como si fuera una deuda saldada.”

Sunday, April 22, 2018

UN TAXI PARA DONALD TRUMP

LA HABANA (Sputnik) — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, debería leer al escritor estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961) y así reorientar su política hacia Cuba, dijo a Sputnik un taxista cubano tras escuchar el discurso del mandatario, en el que anunció varias cambios que quizás interrumpan el acercamiento entre ambos países.
"En este momento en que Trump, mandatario inculto, acaba de anunciar desde Miami malas noticias para ambos pueblos, hubiera sido muy bueno que conociera lo que pensaba de Cuba y su Revolución ese Premio Nobel de Literatura para que se nutriera de información", afirmó Felix Arguelles, economista de profesión que trabaja por cuenta propia (privado) como chofer-guía en La Habana.
Más temprano el viernes Trump anunció la cancelación del acuerdo que ambos países habían alcanzado durante la administración de su predecesor, Barack Obama (2009-2017) y que supuso un acercamiento histórico entre Washington y La Habana.
Jubilado tras servir durante su juventud en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y más tarde como profesor universitario de Economía y Ciencias Sociales, Arguelles dijo que el autor de El Viejo y el Mar fue "un puente de amistad" entre ambos pueblos y que Trump debería escuchar a la mayoría de los ciudadanos de los dos países que están a favor de recomponer las relaciones.
"El jefe de la Casa Blanca debe entender que el 65 por ciento del pueblo norteamericano, incluso de Miami, está a favor de una mejora en las relaciones entre ambos países, porque el empeoramiento afecta a Cuba pero también va en contra de los propios Estados Unidos", comentó Arguelles, estudioso del célebre escritor estadounidense, ganador del premio Nóbel en 1954 y quien residió durante muchos años en la isla caribeña.
Como guía, Arguelles se especializa en un periplo al que denomina Hemingway Tour y que incluye el museo que lleva el nombre del autor de París era una Fiesta, ubicado en las afueras de La Habana, el pueblo costero de Cojímar, donde el escritor pescaba, y los restaurantes el Floridita, la Bodeguita del Medio y el Hotel Ambos Mundos, en La Habana Vieja.
"Independientemente de las 11 administraciones que han tratado de derribar a la Revolución cubana por la fuerza o mediante la erosión ideológica, la figura de Hemingway ha quedado enhiesta, incorruptible, incólume en relación con Cuba", aseguró el guía, quien dice hablar nueve idiomas, incluido el esperanto.
"No importa que Trump emplee una política de la zanahoria y el garrote, aquí en Cuba estamos firmes y resistiremos", advirtió convencido este admirador del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, fallecido en noviembre del año pasado.
Castro, sostuvo Arguelles, tiene un lugar en la gran historia de Cuba junto a los grandes próceres del siglo XIX, como Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Antonio Maceo, cuyo legado supo continuar.
"Con esos antecedentes seguimos firmes en la defensa de nuestra soberanía y en el perfeccionamiento de nuestro socialismo, que requiere más prosperidad y sustentabilidad económica", aseguró.
"Para entendernos y mantener relaciones normales algún día, debemos respetarnos mutuamente y Estados Unidos tiene que levantar el bloqueo económico, comercial y financiero, eliminar la base naval de Guantánamo y suspender el financiamiento de la subversión anticubana", añadió el taxista.
Las nuevas políticas anunciadas por Trump confirman la continuidad del bloqueo económico a Cuba y endurecen las restricciones a los negocios con empresas vinculadas con autoridades de La Habana, además de prohibir los viajes particulares a la isla.
Estas medidas representan un revés al histórico proceso de acercamientoentre los dos países iniciado en 2014 por Obama y su par cubano Raúl Castro, que incluyó la reapertura de las respectivas embajadas en Washington y La Habana.
La sede diplomática de EEUU en Cuba, indicó el presidente estadounidense, se mantendrá abierta.
Desde que se inició el proceso de acercamiento, EEUU y Cuba firmaron más de 20 acuerdos sobre temas económicos, migratorios, de seguridad marítima y de protección ambiental.
Registro intelectual Sputnik.

Wednesday, March 28, 2018

RETRATO DE HEMINGWAY



En 1950, la revista  New Yorker, publicó un artículo de Lillian Ross (1918-2017) sobre Ernest Hemingway. La  autora, amiga del escritor y de su esposa Mary, pudo rescatar a un Hemingway íntimo y distinto.

Con motivo del centenario del nacimiento del norteamericano, aquella entrevista que mantuvo en New York con ambos, fue nuevamente publicada.

Lo que sigue es  parte del epílogo de esa nota.



Releyendo las cartas de Hemingway, escritas hace ya cuatro décadas, me sorprende su modernidad. Para mí, su presencia sigue tan viva como su narrativa, y me siento feliz por haber gozado de su confianza y su amistad. Ahora siento, como sentía al poco de conocerlo, que Hemingway representa la esencia misma de lo que consideramos que es un escritor. Y sigo creyendo que quizá sea el novelista más grande de nuestro tiempo.

“Lo único que sé hacer es escribir buenos libros”, me comentó Hemingway una vez, después de leer una reseña despiadada de Al romper el alba en la revista Time. “Puede que sea un impresentable de vida muy poco modélica. Pero soy un escritor aplicado y serio, en eso hay que estar de acuerdo”. 

Una vez, especulando sobre porqué se le había criticado tanto, dijo:
"Me río constantemente de mí mismo, y esto molesta mucho a la mayoría de los críticos, que son muy solemnes con respecto al humor”.





Hemingway supo decir lo que considero es la verdad sobre lo que un gran escritor piensa acerca de su propia obra. “Cuando voy bien, me da igual todo y todos- me escribió- Los que no saben que el trabajo es el amor más fiel y verdadero, lo sienten como una rivalidad y siempre se sienten celosos y buscan pelea. Yo, por mi parte, adoro mi trabajo más de lo que he adorado a ninguna mujer o a ninguna otra cosa”
Lillian Ross/1999.

Tuesday, February 20, 2018

MI PEQUEÑA MARGAUX




Hace pocos días, Margaux Hemingway hubiera cumplido 64 años. La nieta bella de Ernest, acaso dominada por el destino familiar, eligió el mismo camino que su abuelo y quiso el destino que fuera encontrada muerta, un 2 de julio, en un departamento de California.

Lo que sigue es una breve crónica sobre la particular vida de la modelo, publicada por  Kien y Ke, el 16 de febrero, bajo el título Margaux Hemingway no soportó la maldición de su apellido.

El 2 de julio de 1961, Ernest Heminway se sentó en su sillón favorito, tenía una escopeta en la mano y solo pensaba producir un sonido que despertara a su esposa, el del disparo. Puso el cañón en su boca y presionó el gatillo. Esos 20 minutos oscuros en los que alguien decide quitarse la vida, según decía Hemingway, también los vivió su nieta Margaux.

Justo 32 años después del suicidio del nobel de literatura. Margaux Hemingway fue encontrada muerta en su apartamento de Santa Mónica, California. Había muerto muchos días antes, tanto que fue necesario hacer un reconocimiento dental porque el día del levantamiento policial, su cuerpo estaba muy descompuesto. De hecho llevaba días siendo buscada por sus amigos quienes ya habían denunciado la desaparición de Margaux.

El resultado de la primera autopsia determinó que había muerto por un ataque de epilepsia, enfermedad de la que sufría desde pequeña. Pero un segundo análisis arrojó que había consumido gran cantidad de tranquilizantes y falleció por sobredosis. Al igual que su abuelo, Margaux Hemingway optó por el fin consiente de la existencia, pero con un método digno del final de los 90.



La maldición Hemingway
Estos no son los únicos casos de suicidio dentro de la familia, otros siete miembros ya habían renunciado a la vida de esa forma. Margaux, su hermana Mariel y Muffiet, habían sido convencidas por sus padres de que su abuelo recibió un disparo accidental, solo para no alarmarlas.

La mentira no era descabellada. Trataba de alejar la maldición de la familia y mantener la salud mental de las niñas. Cuando Mariel se enteró de la muerte de Margaux entró en desesperación, fue la confirmación viva de la saga suicida de la familia.

Pensó que sería la siguiente y su designio estaba marcado por su apellido. Pidió ayuda de psiquiatras, médicos y astrólogos para poder focalizar la tensión. 

Pero la cura llegó después,cuando Barbara Kopple le propuso hacer un documental sobre el tormentoso pasado de su familia. Después de esa grabación y confesar su situación, Mariel logró superar la angustia y continuar con su vida.

En esa película y luego en un blog con su nombre, Mariel recomendó a las personas deprimidas seguir su rutina. Mariel Hemingway se despierta antes del amanecer, prepara un té caliente y se sienta en su jardín a esperar el alba. También, según dice, se toma un momento en la noche para permanecer en silencio.



La vida de Margaux Hemingway

El rostro de la mujer le daría el tremendo éxito que tuvo como modelo, la expresividad de sus ojos, los pómulos suaves y el figura ovalada de su rostro aglomeraban las características del estereotipo de belleza para los años 70.

Había nacido el 16 de febrero de 1954, en el seno de su ya reconocida familia.Con 20 años de vida, Margoux recibió el contrato más costoso otorgado jamás a una modelo, representó el perfume como imagen del perfume Babe, de la marca Febergé por un millón de dólares.

Después de ese contrato, Margaux apareció en portadas de revistas como Vogue, Elle, Cosmopolitan y Harper’s Bazaar. Después Time la denominó una de las nuevas bellezas americanas y a la edad de 21 años, la revista American Vogue la catalogó como la nueva supermodelo. Finalmente apareció en la portada de Playboy en 1990.

Después de eso sus triunfos fueron escasos, apareció en algunas películas como Double Obsession (1992) y Vicious Kiss (1996). Según sus allegados para esas épocas ya afrontaba fuertes cuadros de depresión y había caído en un profundo alcoholismo del que no encontró salida. Se había separado por discusiones con su familia, la supermodelo de los setenta denunciaba haber sido abusada por su padrino y la familia le negaba las acusaciones.

Sin embargo en el documental, su hermana confesó que sospechaba de abusos de su padre contra Muffiet y Margaux Hemingway. Esa separación de los matrimonios arruinados y el rechazo familiar lo demuestran la soledad de un cuerpo que se descompone en su propia casa, sin nadie que toque a su puerta.