Thursday, February 16, 2017

Hemingway y Unamuno

Hemingway, Córdoba y Unamuno

Conocí y hablé con Hemingway dos veces. La primera fue en noviembre de 1956 en Córdoba, concretamente en el bar que regentaba Doña María, justo enfrente de la Mezquita y cuando yo estudiaba 3º de Magisterio en la Escuela Normal. Me había ido aquella mañana, como otras muchas, a pasear y leer al Patio de los Naranjos y estaba en ese momento enfrascado con la novela Fiesta, aunque ya había leído El viejo y el mar. A eso de la una salí por la Puerta del Perdón y al pasar por delante del bar de enfrente vi que entraba, ¡Dios!, el mismísimo Ernest Hemingway y ni corto ni perezoso lo abordé para pedirle que me dedicase su novela. --Bueno, muchacho, espera, primero vamos a saludar a Doña María y a sentarnos-- me dijo cariñoso --¿Sabes tú que Doña María hace los mejores boquerones en vinagre del mundo? Anda, ven, que mientras te firmo vas a probarlos tú también.

Y así sucedió. Porque a Doña María le faltó tiempo para ponerle sobre la mesa varias raciones de sus boquerones en vinagre y una copa de aquel vino, mezcla de Pedro Ximenez y un fino de Montilla, que era la tentación y el mejor anzuelo de la casa. O sea, que gracias al escritor americano descubrí yo la «obra maestra» de Doña María (andando el tiempo llegué a ser amigo de aquella gran mujer y un forofo divulgador de sus boquerones por toda España).







La segunda vez que le vi fue ya en Madrid, en noviembre de 1960. Andaba yo ya tratando de vivir del periodismo, aunque todavía no era periodista (obtendría el titulo 4 años más tarde) cuando un día leí en las páginas de Pueblo que Hemingway estaba en Madrid y se hospedaba en el hotel Palace... Y allí me fui sin pensarlo dos veces. ¡Una entrevista con Hemingway la publicaría cualquier periódico al que la llevase!
Y nada más entrar, en una mesa de la gran Rotonda le vi, estaba solo y con un whisky entre las manos. Me acerqué a él y curiosamente nada mas verme dijo:
--¡Anda, mira quién está aquí! ¿No eres tu aquel joven que comió conmigo boquerones en vinagre en casa de Doña María?
--Pues, sí, Señor Hemingway.
--Déjate de tonterías muchacho, quien haya comido conmigo los boquerones de Doña María ya es amigo mío. Llámame Ernesto a secas.





Y yo le expliqué mi pretensión de hacerle una entrevista, aunque primero fue él quien me interrogó sobre mi vida y mi presencia en Madrid. Sólo entonces, y tras un sorbo de whisky, dijo:
--¿Y qué quieres saber de mí?
--Todo, Don Ernesto, su vida y su obra son apasionantes.
Y aquel hombre fuerte, robusto, más alto que la media de los hombres españoles, aunque ya se le notaba algo cascado (tenía ya 57 años y fama de estar alcoholizado) me abrió su vida y me contó sus múltiples aventuras periodísticas, desde la Primera Guerra Mundial hasta la Segunda, sin olvidar la Guerra Civil de España y su novela ¿Por quién doblan las campanas? En un momento dado le pregunté:
--¿Y para usted, D. Ernesto, cuál es la novela más importante que se ha escrito?
--¡Ah, amigo Julio, eso depende de donde estés! --y al ver la cara de sorpresa que yo ponía se echó a reír--. Sí, hombre, no te alarmes, verás: si estoy en París diría que la Madame Bovary de Flaubert; si estoy en Londres, diría que el Ulises de Joyce; si estoy en Moscú diría que Crimen y castigo de Dostoievski; si estoy en mi país diría que Las uvas de la ira, de Steinbeck... pero como estoy en Madrid te diré que la mejor novela que se ha escrito es El Quijote de Cervantes... Ojo, pero hay algo que no hay en ninguna de esas novelas ni en ninguna otra que yo haya leído
--¿Y eso, don Ernesto, qué es? -- dije yo bastante sorprendido
Entonces aquel «grandullón» se levantó, cogió una carpeta de cuero grande que tenía en otra silla de la mesa, la abrió y de ella extrajo un ejemplar de la Niebla de Unamuno y dijo:
--Ten, muchacho, busca el capítulo XXXI y lee esas páginas... Y entonces sabrás lo que es escribir. ¡Porque yo no he leído en mi vida nada parecido!
Yo tomé el ejemplar que me alargaba y con cierto nerviosismo busqué el capítulo que me indicaba y leí varias páginas con verdadera fruición mientras él encendía un puro y pedía al camarero otro whisky. (Se adjunta el texto íntegro del capítulo XXXI en la web www.diariocordoba.com).
Sin embargo, lo más gracioso de aquella entrevista fue que cuando terminamos y ya me iba a marchar me sorprendió.
--Oiga, Señor Merino, no me voy de España sin comer otra vez los boquerones de Doña María. Pienso ir hasta Córdoba mañana o pasado. No se puede uno ir de España sin visitar la Mezquita ni hartarse de «los boquerones en vinagre» de Doña María. Así que si quieres te vienes conmigo.
Y aunque parezca mentira hasta Córdoba me vine con Hemingway el 10 de noviembre de aquel año de 1960... Sólo para comer los boquerones en vinagre de Doña María. Poco después se suicidó en Idaho (EEUU, 1961) de un tiro en la boca.





Julio Merino / para el diario Córdoba de Andalucía / www.diariocordoba.com / Periodista y miembro de la Real Academia de Córdoba.


Tuesday, January 17, 2017

ENRIQUE CIRULES : LA LEYENDA.





Hace 10 años me reunía con Cirules en La Habana. Teníamos una amistad mediática, llena de anécdotas y comentarios acerca de Hemingway. Ambos queríamos conocernos y todo se dio en el marco de las jornadas sobre Papa. Al momento del encuentro llevaba en mis manos el libro Hemingway en la cayería de Romano que había comprado el día anterior. Enrique me preguntó cuánto lo había pagado y le dije 25 dólares. Cirules asombrado me dijo que jamás hubiera esperado que esa obra se vendiera a ese precio. Remató: “25 dólares aquí es el salario de dos meses.”. Claro, para mi bolsillo también era un buen precio pero yo quería tener esa obra de Cirules y mucho no me importó comprarla. Hace un mes se fue a recorrer otros paisajes y como bien expresa la crónica de despedida, “el narrador y ensayista Enrique Cirules falleció este domingo (18 de diciembre), a los 78 años, en la capital cubana. Nacido en Nuevitas, en 1938, Enrique Cirules es considerado, por su reconocida obra, entre los más significativos escritores cubanos contemporáneos.”



“Autor de una amplia bibliografía de ficción, entre sus títulos publicados aparecen los cuadernos de cuentos Los perseguidos y La otra guerra, así como las novelas Conversación con el último norteamericano - Premio 26 de Julio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias-, Bluefields, La saga de La Gloria City, Extraña lluvia en la tormenta y Santa Clara Santa.”
                          
“De enorme trascendencia resultan sus investigaciones sobre la mafia en Cuba, dadas a conocer en los libros testimoniales El imperio de La Habana –Premio Casa de las Américas y Premio de la Crítica Literaria— y La vida secreta de Meyer Lansky en La Habana. La vida y la obra del escritor estadounidense Ernest Hemingway fue, igualmente, tema de sus investigaciones, que aparecieron en sus libros Hemingway en la cayería de Romano y Hemingway, ese desconocido, mención en el Premio Casa de las Américas.”

“Por decisión familiar, el cuerpo de Enrique Cirules será cremado y sus cenizas estarán en la Funeraria de Calzada y K, en El Vedado, este lunes 19 de diciembre, entre las diez de la mañana y las dos de la tarde, para posteriormente ser trasladadas a su provincia natal.”

Cirules me preguntó cómo este escritor del Río de la Plata se había interesado por Hemingway. Le dije que más de una vez yo también me lo había preguntado; pero todo estaba a la vista: Hemingway nos había conquistado.

Marcela Céspedes Gamboa dijo sobre Cirules:
“Conocí a Enrique en Chile en el 2000 en el Congreso Iberoamericano de Escritores organizado por el poeta chileno Andrés Morales. Ya sabía de él por su gran amistad con mi compañero Roberto Díaz Muñoz. Recuerdo el impacto que causó en aquel congreso. Los jóvenes lo perseguían para conocerlo y conversar con él. Desde aquel momento fuimos amigos y más aún cuando en Cuba conocí a su esposa María Sánchez, guerrillera con Almeida y el Ché. Todos le decíamos con cariño María La Chiquita. Vaya todo mi cariño hacia ella y su familia. Hablar con Cirules era toda una experiencia pues dibujaba con la palabra lo que decía tal y como acontece en sus libros. Entre los muchos que lo conocieron en Chile, mi país, su pérdida ha causado un hondo pesar. Pero tuvimos la alegría de conocerlo y sé que fue el mejor amigo de mi marido. Lo recordaré siempre por su gentileza, su caballerosidad y compromiso sin límites con la Revolución Cubana."

Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, expresó en el prólogo de Hemingway, ese desconocido.

“Una profunda historia de amor une a Hemingway a Cuba y Enrique Cirules se consagra con brío a recordar esos lazos inquebrantables. No es por casualidad que la historia de El Viejo y el mar, su obra más famosa que le valdría el Premio Pulitzer en 1953, se desarrolle en la isla del Caribe, donde el escritor estadounidense vivió muchos años entre el Hotel Ambos Mundos y su propiedad Finca Vigía. Una anécdota basta para ilustrar su apego al pueblo cubano. Tras su consagración literaria en 1954, año cuando recibió el Premio Nobel, Hemingway eligió a un periodista cubano para conceder su primera entrevista sobre el tema. Él, americano, declararía con mucho afecto: “Soy el primer cubano que consigue un Premio Nobel”. Hemingway, quien vio con preocupación el auge del fascismo en Cuba con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 y el establecimiento de un Estado mafioso, acogió con entusiasmo el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, con el cual mantendría relaciones cordiales hasta su salida definitiva de Cuba en 1960."

"Enrique Cirules, mediante su biografía apasionada y comprometida, nos recuerda sin duda la cosa más importante a propósito de Ernest Hemingway más allá de su extraordinario talento literario: supo cumplir su primer deber de ciudadano libre siendo un eterno indignado."




Su hijo Manuel Enrique así se refirió:

“Mi padre nunca olvidó a Camagüey, ni  a Nuevitas, donde se formó; con frecuencia visitaba estas ciudades y quiso, aún después de muerto permanecer en las aguas del litoral, para que permaneciera su espíritu en esa zona.

“Fue un hombre de mucha tenacidad, muy perseverante, por eso pudo escribir tanto, sobre todo en el género de testimonio, el que más le gustaba; y ahora sus obras forman parte de la historia, queda para quienes estén interesados en esos estudios relacionados con esos temas, y sirvan como base para nuevas investigaciones”.




Amigo Cirules, el camino de la literatura nos unió y Hemingway fue parte de este destino.

Friday, December 23, 2016

LA NAVIDAD DE ERNEST



Muchas felicidades a todos los hemingwayanos que siguen este espacio. Esta foto representa mi deseo y el de aquellos protagonistas que estuvieron al lado de Papa. 
Gracias por acompañarme. Lo mejor para ustedes y un Feliz 2017.

Monday, November 28, 2016

ENTRE OLVIDOS Y DESMEMORIAS



Mario Vargas Llosa acaba de decir en la Feria Internacional de Guadalajara que él es el último sobreviviente  del “boom” latinoamericano y que le toca “apagar la luz”. En otro momento, cuando no era un señor aburguesado y soñaba con la revolución (¿revolución?), el peruano no hubiera vertido frases hirientes y poco gratas sobre el reciente desaparecido Fidel Castro. Hoy con el diario del lunes en la mano, más de un progresista guardó su pensamiento socialista en el baúl de los recuerdos y se acostumbró al pragmatismo de un cambio de época que parece registrar el borrón y cuenta nueva. La idea de la felicidad, de la vida sin excusas y el reencuentro con el amor, ha puesto a muchos en el desafío de olvidar la coherencia y la dignidad. Vargas Llosa no es el único; “apagar la luz” es una expresión que intenta instalar una mentira. En ese error también se cae cuando se expresa que “con la muerte de Fidel Castro recién termina el siglo XX”. 





El corte de época como si se tratara de una porción de torta de chocolate es sencillamente un manejo comunicacional que arrastra el concepto de “ahora todo es distinto”, “ahora es el tiempo de nosotros”. Mientras me dejo llevar por estas líneas pienso en que Fidel, una vez más, se salió con la suya: se murió antes de ver a Donald Trump sentado en la Casa Blanca. Dijo “esto para mí es demasiado” y cerró la puerta. Como buen rebelde lo sumo a Ernest Hemingway y Bob Dylan. Ernest se cagó en el sistema, se burló de todos y se recluyó en La Habana desafiando a los amantes del Imperio. Lo hicieron regresar, enfermo y arruinado a ese país que lo había señalado como una mierda. Pero el volvía con un Nobel bajo el brazo, un Nobel que no fue a recibir, un Nobel que Vargas Llosa recibió como un rey. Y ahora otro rebelde, otro “mal bicho” como Bob Dylan, repite la acción inmunda de no presentarse en la entrega del galardón.




Es verdad, el cambio de época tiene su efecto. Estados Unidos se prepara para un desafío con un hombre que todavía no dijo nada. Ernest se rasca la cabeza, Fidel se fuma un habano, Bob sopla en el viento y Mario apaga la luz. Pido bandera blanca de tregua. Sólo eso.



Tuesday, October 18, 2016

DANDO VUELTAS POR LA CASA DE PAPA



Desde que comencé a escribir en este espacio, la vieja historia sobre los objetos que guarda Finca-Vigía ha sido motivo de marchas y contramarchas. Más allá de los acuerdos y deseos frustrados, todo está como un día lo dejó Ernest, y el gran mérito de los cubanos ha sido preservar el patrimonio. De tanto en tanto las novedades nos dan una alegría y otras veces caemos en la triste realidad. El país del norte promete, atiende el teléfono, convoca a reuniones, se firman resoluciones, pero los beneficios llegan tarde. De todos modos no hay que perder la esperanza y así  lo decimos al leer este cable que nos pone cerca del camino. Ojalá cuando volvamos a Finca Vigía, un viento de cambio esté soplando.


Si bien las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba están muy lejos de ser normales, esta semana hubo un tímido acercamiento entre las naciones para trabajar en conjunto en la preservación de los objetos en la antigua casa de Ernest Hemingway en la isla.
En una reunión en Boston, representantes de ambos países debatieron sobre el mejor modo de garantizar que el legado del escritor siga vivo en ambos países.
Participaron de la reunión el presentador de televisión Bob Vila, hijo de inmigrantes cubanos que ha estado trabajando para restaurar la casa de Hemingway, el representante Jim McGovern, Ada Rosa Alonso, directora del Museo Hemingway en Cuba, y Susan Wrynn, ex curadora de la Colección Hemingway en la Biblioteca JFK.

En la casa del escritor en Cuba hay todo tipo de objetos, desde libros y cartas hasta cañas de pescar y trofeos. Todo tiene su valor patrimonial.
La casa-museo de Hemingway es la Finca Vigía ubicada en la ciudad de La Habana y es un caserón enorme de estilo colonial con pileta, una torre, una gran biblioteca e incluso un barco con el que el escritor salía a pescar. Para su conservación, la casa, abierta al público, requiere inversiones constantes.

Friday, October 07, 2016

HEMINGWAY Y BORGES: LA PELEA



Una vez más recordar los entredichos entre Hemingway y Borges nos hace pensar en el milagro de lo literario. Cuando todavía las redes sociales no existían y el insulto se transmitía por carta, encontrarse con el duelo epistolar no deja de ser una maravilla para la memoria.
Ambos respondieron a un mundo íntimo muy particular y dejaron su impronta. El amor-odio funcionó de la mejor manera. La angustia existencial del sexo y la muerte tuvo su merecido y todo pasó al mismo momento, sin respiro.
Lo que sigue no es otra cosa que el testimonio de una disputa sin demasiados excesos. Revivirlo es como un deseo de sanación.

La encontraron entre las cartas inéditas de Borges. En una postal de alto contenido alcohólico de Hemingway enviada desde La Habana el 13 de marzo de 1950, podemos leer:

"Dear Jorges, my Cuban friend Lino Calvo gave me The Aleph, here in El Floridita, el Catedral del Daiquiri. Sure, dammed good book. They are saying around you are the best writer in Spanish, but you can kiss my ass and you never hit a ball out of the infield in your life. You took LITERATURE too solemnly. You discovered life late. You come down down here and fight for free with an old character like me, who is fifty years old and weighs 209 and thinks you are a shit, Jorges, and would knock you in your ass. HOW DO YOU LIKE IT NOW, GENTLEMEN? Viva El Torre Blanco. Yours sincerely, Papá".







Querido Jorge:
Mi amigo cubano Lino Calvo me dio El Aleph, aquí en El Floridita, la catedral del daiquiri. Lógicamente, un buen libro. Andan diciendo que eres el mejor escritor en español, puedes besarme el culo, nunca sacaste una pelota del campo de juego. Tomaste la literatura muy solemnemente. Descubriste la vida tarde. Ven hasta aquí y lucha por tu libertad con un personaje como yo, que tiene 50 años, pesa 135 kilos y piensa que eres una mierda. Jorge, te golpearía bien el trasero.¿Qué te parece ahora, caballero?
Sinceramente Papa.


Como es sabido, la antipatía era recíproca, e hizo este ramillete de flores para la tumba del escritor norteamericano: "Hemingway, que era un poco fanfarrón, terminó por suicidarse porque se dio cuenta que no era un gran escritor. Esto, en parte, lo redime".

Tal como gran parte de las citas y los libros que figuran en la obra de Borges, la postal es apócrifa. Un juego que inventó el poeta mexicano José Emilio Pacheco para reírse un poco de Borges y de Hemingway. Pero como toda broma, encierra algo de cierto: Borges no toleraba a Hemingway. Ni sus historias ni al personaje que se inventó. Y José Emilio Pacheco fantaseó la postal para justificarlo.

Hemingway se mató hace 50 años, el 2 de julio de 1961. Veinticinco años después murió Borges, el 14 de junio de 1986. Tan diferentes entre sí, ambos son dos gigantes de la literatura universal, especialmente del relato corto.
Sus cuentos están entre las cumbres del género de cualquier época. Cada uno representa una tradición distinta. Hemingway como una de las cimas del relato realista. Borges, el gran genio del género fantástico.

Sus vidas pueden leerse también como un juego de polos opuestos. “Yo he hecho todo lo posible para que me guste Hemingway, pero he fracasado”, ironizaba Borges. “Hay algo en él que me desagrada; quizá el culto a la violencia, esa brutalidad; es un defecto mío y no de él”. Borges se veía a sí mismo en las antípodas de Hemingway.

El era el hombre ilustrado y pacífico frente al matón que vivía entre corridas de toros y safaris en Africa. Mientras Hemingway iba a la guerra, se emborrachaba en bares ruidosos y coleccionaba escopetas, Borges creaba su mito de lector infinito: su vida transcurría entre libros, bibliotecas, conferencias y el departamento de su madre.

Hemingway cultivó la leyenda del macho, el cazador de leones y mujeres.
Borges, a su vez, vivió con discreción, acaso con timidez y con cierto pánico por el sexo. Políticamente antagónicos, el autor de El viejo y el mar apoyó el bando republicano en la Guerra Civil Española y, como casi todos los escritores de la época, tenía el corazón puesto a la izquierda. El autor de Fervor de Buenos Aires, en cambio, fue un conservador profesional, deportivo, que hizo de las declaraciones políticamente incorrectas un género paralelo a su obra. Ambos, y a su modo, practicaron la ingenuidad política. “Hemingway, cierta vez, disparatadamente, se comparó con Kipling, a quien consideraba su maestro. Fue medio compadre y terminó matándose porque se dio cuenta de que no era un gran escritor. Esto lo salva en parte”, comentó Borges. 








Hemingway era el escritor de la experiencia. Borges, de la imaginación. El primero fue un bestseller, un escritor de fama mundial. El segundo, un narrador de minorías, favorito de críticos y académicos. Hemingway ganó el Nobel. Borges murió sin él. Fiel a su leyenda, Hemingway se mató de un escopetazo. El mundo se estremeció. Borges murió en Suiza, lejos de Buenos Aires. El Mundial de Fútbol de México, que ganaría Argentina, le quitó atención. Fue una muerte austera, silenciosa y, como en sus cuentos, con aire espectral.






Pero aun con todas sus diferencias, algo los unió: la admiración por la valentía. Está en sus libros: la fascinación por el coraje. El valor como categoría moral.
Hemingway es una de las cimas del relato realista.
Borges, un genio del género fantástico.


Fuente : L'Omero della Pampa
Raúl Schenardi y
Andrés Gómez Bravo
La Tercera Chile
9 de julio de 2011