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Sunday, April 26, 2026

EL ÚLTIMO ADIÓS

 En 1961, Hemingway


dedicó una copia de ‘El viejo y el mar’ a una enfermera que lo había atendido. Durante más de 60 años, unas hermanas franciscanas guardaron el ejemplar que se exhibe en Suecia.

El hospital donde estuvo Ernest, fue fundado en 1889 por la Madre Alfred Moes, fundadora de los Franciscanos de Rochester. Estaba dirigido por las hermanas franciscanas y su personal estaba compuesto por enfermeras, mientras que los médicos de la familia Mayo —y posteriormente su personal— proporcionaban atención médica. Los franciscanos cedieron la administración del hospital a la Clínica Mayo en 1986, pero siguen participando en la supervisión de Saint Marys a través de dos puestos en el Consejo de Valores de la Clínica Mayo.

“A la Hermana Inmaculada: este libro. Me alegra escribir otro tan bueno para ella cuando mi suerte como escritor vuelva a ser buena. Y así será.” Así dice la dedicatoria.




Los líderes de la orden religiosa dijeron que ya era hora de que un público más amplio pudiera apreciar el libro. “Parecía una pena que estuviera guardado en una bóveda de la casa madre, donde nadie iba a verlo jamás”, dijo la hermana Marisa McDonald, OFM, miembro del consejo de liderazgo de la orden franciscana que tomó la decisión.

Aunque solo ha visto fotografías del libro y su inscripción, Larsson, del museo, afirmó no dudar de la autenticidad de la escritura. La firma y los tics de puntuación coinciden con las cartas que Hemingway escribió en aquella época. Larsson también señala que, dado que el libro es una donación sin dinero de por medio, no parece haber motivo de falsificación.

 Para 1960, la situación del novelista era difícil. Había estado trabajando en sus memorias de París —que se publicarían póstumamente como París era una fiesta—, Hemingway se sentía frustrado por su incapacidad para escribir bien. En noviembre, ingresó en la unidad psiquiátrica del Hospital Saint Marys, afiliado a la Clínica Mayo, y permaneció allí casi hasta finales de enero de 1961. Recibió terapia de electroshock y regresó al centro en abril de 1961 para recibir atención adicional.

Durante años, el libro con la dedicatoria de Hemingway había estado en las estanterías de la biblioteca del Hospital Saint Marys, donde podía consultarlo cualquiera de las aproximadamente 100 hermanas franciscanas que vivían allí.DeBerg dijo que las palabras de la dedicatoria le resultaban inquietantes.

“¿Se estaba engañando a sí mismo, pensando que iba a poder volver a escribir después de todos esos tratamientos de electroshock?”, dijo DeBerg. “¿O pensaba en el fondo de su mente: ‘Nunca volveré a escribir un libro como este’?”.

DeBerg se pregunta si el tono optimista de la nota tenía también por objeto convencer a los médicos de Mayo de que estaba listo para salir. Howard Rome, jefe de psiquiatría de Mayo, dio el alta a Hemingway el 26 de junio de 1961, seis días antes de que Hemingway se suicidara, y concluyó que su paciente “se había recuperado suficientemente de su depresión”.


La Hermana Immaculata, enfermera psiquiátrica de formación, ayudó a fundar la unidad psiquiátrica de la Clínica Mayo y posteriormente se convirtió en capellana. Falleció en 1992.



Las hermanas que la conocieron la describen como amable, cariñosa y compasiva, rasgos que Hemingway sin duda observó en primera persona. «El hecho de que pasara de la enfermería a la capellanía dice mucho de su carácter: su cariño, su ternura y su compasión», dijo la hermana Tierney Trueman, ministra congregacional de las Franciscanas de Rochester.

La hermana Immaculata, cuyo verdadero nombre era Helen Hayes, tenía 37 años cuando conoció al famoso autor. Para entonces, este ya se había ganado la reputación de fanfarrón y matón, pero ella pareció sacar a relucir su lado más amable, al menos en la inscripción.



“Creo que fue muy amable y considerado de su parte decirle algo positivo a una persona que lo había apreciado”, dijo Sandra Spanier, profesora de inglés en la Universidad Estatal de Pensilvania y editora del Proyecto Cartas de Hemingway. “Obviamente, tenía una conexión personal con ella, la apreciaba y se preocupaba lo suficiente como para escribir algo muy personal. Esto da una idea de la calidez de su carácter, que no siempre es característico de él”.

El amor de Hemingway por las enfermeras parece ser un rasgo notable. No debemos olvidar al gran amor de su vida, aquella enfermera que lo atendió en Italia.





Wednesday, April 22, 2026

VOLVER A EMPEZAR



Perdón por la demora. Estuve trabajando con la corrección de dos libros muy importantes para mí y me olvidé de esta página. Ahora liberado del compromiso les quiero contar que "El muertito de Hemingway" está de fiesta. Es muy probable que el libro sea llevado a la pantalla en forma de serie, gracias a InkaTerra de Perú y FreeFilms de Estados Unidos. Por ahora es un proyecto pero marcha de manera sostenida. La idea son 6 capítulos y podría a darse a conocer en setiembre de 2027. En el mientras tanto, FreeFilms tomó la decisión de publicar el libro en Miami como una forma de lanzamiento previo. Aún no conozco los resultados. Los mantendré informados. Un gran abrazo.




Sunday, January 11, 2026

LA MALDICIÓN DE TENER MENTE BRILLANTE


“La felicidad en la gente inteligente es la cosa más rara que conozco”, dijo alguna vez Ernest Hemingway.

Esto es muy claro en el pensamiento de Ernest porque en la ignorancia se vive mejor, reconoció en una entrevista al final de sus días. Su teoría contrastaba con la de Karl Poper: “la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos”.

Mucho tiene que ver esto con el debate filosófico, el sufrimiento emocional y la introspección profunda.

La reflexión no es una observación cínica del autor, sino un problema emocional que atraviesa la vida de Hemingway, dilema que se ve claramente en su novela póstuma “El jardín del Edén”, tristemente desacreditada.

Ernest fue un insatisfecho, una personalidad que decoraba sus vínculos y su deseo de encontrar la felicidad.


Hemingway puso en juego la ignorancia y el conocimiento para no sufrir. La ignorancia era un refugio para la paz que le daba cierta tranquilidad.

Hemingway sabía que el hombre inteligente estaba expuesto a verdades crudas, a situaciones críticas que molestaban y que agotaban. Desde el plano de lo desconocido la ignorancia calmaba los nervios y el alcohol hacía su trabajo. Ser feliz para Ernest era algo inalcanzable porque generaba un esfuerzo y un agotamiento espiritual. Como resultado todo lo llevaba a una frustración  crónica y al camino diario de su tristeza.

El gran dilema de Hemingway fue enfrentarse a la verdad, lo cual era incompatible con la paz mental.

La paz mental del norteamericano fue como un instante frágil. Sus personajes como el mismo, no vivían la serenidad continua. Para Hemingway, la paz no surgía del pensamiento, sino de la acción concreta. Pensar demasiado lo llevaba al vacío y el actuar con destreza lo conducía al orden, algo que detestaba.

En síntesis, la paz mental no era felicidad, no era descanso, no era ausencia de dolor, sino: lucidez, control y dignidad en medio del sufrimiento.

La paz en Hemingway era algo que se defendía, no algo que se poseía.

La ignorancia en Hemingway no era simple falta de conocimiento: era una posición ética, estética y existencial. En su obra, ignorar pudo ser una forma de protección, de sabiduría práctica o de violencia moral. Muchos personajes del autor no querían saber. no porque no podían, sino porque saber implica sufrir.



El código masculino en Ernest exigía: no explicar, no analizar las emociones, no pedir ayuda. Esta forma de ignorancia emocional producía silencio, aislamiento y daño. Hemingway no explica: omite causas, deja traumas fuera de escena, obliga al lector a intuir. La ignorancia en Hemingway es una estrategia de supervivencia, un límite ético, una poética del silencio. No es una ignorancia ingenua, sino una elección trágica.

Saber lo justo para vivir, ignorar lo necesario para resistir.

Hemingway quería salir de su infierno, de su hoguera y no tuvo la valentía de gritar a los vientos su desesperación. Así vivió atormentado, a pesar de su mente brillante.