Friday, February 09, 2007

LA SOLEDAD
Empanada Gallega.Amparo lo leyó en mis ojos.Se metió en mi mente.Me hizo volver a esas pascuas en Vigo.A la niñez,cuando mi madrina Amalia nos sentaba a la mesa y ordenaba:¡¡Come crío,que el pescao te haze crezer!!.La preparó con bacalao,pimientos morrones,cebolla rosada,aceite de oliva y bastante pimienta.No pude mentirle.Era la mejor empanada gallega que había probado en años. Se alegró. Amparo es una persona a la que no le gustan los agradecimientos. Sin embargo la noté emocionada. Manolo es la contracara, le encanta ser adulado,festejado,reconocido.Los tres estábamos alegres,la única que desentonaba era Daniela.No participó de la mesa y se marchó sin saludar."Tío,cómo va esta relación",apuró Manolo.Está a punto de cortarse, respondí. "Tira todo a la mierda, desenchufa el refrigerador,cierra las ventanas y vente con nosotros.Ya sabes que hay un cuarto y el escritorio",celebró.Lo voy a pensar,concluí.
Esa noche salí a caminar.No quería estar solo.Busqué refugio en La Rosa Peregrina de Almagro.Cosme,el mozo psicoanalista, limpió con una servilleta la mesa y trajo un vino blanco helado."Lo veo mal don Hemingway.Está para la foto del recuerdo"golpeó el dependiente.Es que Hemingway también se va quedando solo,como Santiago en el mar,con los recuerdos de cuando uno era pobre y feliz.
Volví.Me esperaban despiertos.Había café y anís.Un plato con torrejas y los lentes que durmieron olvidados en la mesa de noche,de aquella habitación de Madrid.

2 comments:

Martín Sáenz said...

UN ENCUENTRO ESPECIAL

Frente a ese intenso dolor solo pude contraer los musculos de mi cara, sujetarme con una mano al borde del vanitorio y apoyar la Prestobarba en la superficie abierta del espejo del botiquín mientras miraba el agua de la canilla correr vertiginosamente.
Hacia una semana, de que habia comprado el espejo del botiquin en un bazaar de articulos de segunda mano, y aunque no soy partidario de esa clase de gastos, este se veia algo tentador, sobre todo por el precio, y la insistencia del hombre que me lo vendió.
Luego de limpiar la hoja de afeitar con el punzante chorro de agua, cerré el paso y levanté la vista para ver que tan profundo era el corte en mi mentón.
Fue en ese momento cuando la realidad parecio ser absorbida por un remolino de colores divergentes y senti una gran picason en mis manos, y pude sentir tambien como mis pies se despegaban del suelo.
Una fuerza sobrenatural me tomo de los hombros y me tiraba hacia arriba en intervalos de variada intensidad. Intenté resistirme con todas mis fuerzas, siempre sujeto al vanitorio con mi mano izquierda; fue imposible. La fuerza era superior a cualquier fuerza sentida alguna vez, me sofocaba, y solo pude sentir el miedo de quien ve pasar su vida por su mente en un instante.
Al mirarme al espejo, casi por ultima vez, vi el rostro de un hombre, de barbas blancas, con una gorra en tonos camufla y un gesto de locura victoriosa y demoniaca. En ese momento, la fuerza cesó.
La incertidumbre, recorrió cada terminal nervioso de mi cuerpo, y solo senti la necesidad de huir y refugiarme en un sitio limpio y bien iluminado. Todo habia terminado, y tal vez hubiera sido solo una mala pasada de mis sentidos.
Despues del suspiro, despues de creer que todo habia terminado, y de limpiar las gotas de sudor de mi frente, volvi a sentir esa fuerza descomunal actuando sobre mis hombros desnudos, solo que esta vez la imagen del espejo fue impactante.
Lo ultimo que alcanze a ver, fue la enorme punta de un anzuelo oxidado atravesando mi mentón, asomando otras puntas entre la herida causada por la hoja de afeitar y mis labios sangrando como cataratas.
Mi cuerpo temblaba como un pez fuera del agua, y al abrir los ojos, y mirar hacia el suelo, vi que estaba sostenido por una superficie de una textura y consistencia parecidas al algodón.
Al mirar hacia mis espaldas, vi al hombre de barbas blancas y gorra camuflada, sonriente, y con un vaso en la mano.
Ante esa imagen irreal, y nunca antes experimentada por mis ojos, no sentí miedo alguno; Si desconcierto. No quedó otra alternativa; quise saber donde me encontraba e intente hablar al hombre que justo se daba vuelta y pude ver su cuello viejo y arrugado, pero viejo sobre todo. Todo en el era viejo.
El hombre iba caminando con un paso muy seguro. Usaba una remera marinera de rayas azules, y pude ver en el interior de su vaso una bebida de un color verde irisdicente.

-Hey!_ le dije, y segui observando a mi alrededor, la envoltura celeste tan real como la de un fresco hiperrealista.
-Hey! Te estoy hablando_ volví a repetir, y el hombre pareció por fin escuchar, ya que se dio media vuelta y, frunciendo su ceño, me dirigio su mirada y contestó:
-Que pasa?
-Que pasa? Eso me gustaria saber, solo se que recien estaba afeitandome en la comodidad de mi...
-Yo solo estoy pescando, y es la primera vez que una de mis presas muestra tanta insolencia-
-Insolencia? Insolencia? Me importa muy poco la insolencia. Como es que apareci aqui? Eso es mas importante para mi que tu estupido ego, viejo salvaje.
-Oh, pequeño parasito, tendria que destrozarte de un pisotón, nisiquiera sabes quien soy ni donde estas parado, y ya te atreves a desenrollar esa maldita lengua viperina, pobre de ti, pobre pobre de ti. Lleva dos años aprender a hablar, y sesenta aprender a callar._ dijo el anciano, de gran porte por cierto, mientras se daba vuelta nuevamente.

-Bueno, tal vez tenga razón en lo que dice.- le dije.
-Sepa disculparme. Puedo saber donde estoy? y quien es Ud señor?
-Estas en una pintura de Tomas Hudson.No.Im-becil. Estas en mi nube, esto es el cielo, y acostumbro venir aqui a pescar. Ahora, deja de estorbarme con tus preguntas, y a ver si por lo menos vas a serme de utilidad aqui.
Lo miré una vez mas, y no tuve mas dudas en mi mente. Luego de reorganizar mi mapa mental, contuve la respiración, y volvi a preguntar...
-Ernesto?
-Quien mas? Vamos, alcanzame esa cocktelera, y deja ya de hablar que vas a ahuyentar mis peces, tengo mucho que hacer, y tal vez puedas acompañarme de ahora en adelante.

Miré una vez mas hacia el suelo. En efecto, era una nube. Ese intenso dolor habia desaparecido. Probablemente estuviera muerto, quien sabe, pero el espectaculo de la luz del sol, atravesando mis pestañas y desfragmentandose en siete colores ante mi retina, mientras veia al viejo caminando de espaldas, con el humo de su pipa escapando prendido de brisas pasajeras, me hizo sentir mas vivo que nunca.

Martin said...

Hola Jose María, tu pagina me cae bastante bien. Si te parece que vale la pena el relato que te mande sobre un encuentro imaginario con hemingway, quiero que lo publiques ya que no tengo blog personal, ni voy a tener.
Te mando un saludo